Miguel Fernández, un amante de la cultura
Quedaron libros sin escribir, preguntas sin hacer, libros sin leer, canciones sin escuchar, pero el recuerdo quedará por siempre en la cultura chaqueña
Amante del buen chamamé, del cine, los libros y la música regional, Miguel Angel Fernández fue un gran luchador de la cultura chaqueña. Nunca mezquinó el espacio a una nota cultural, ni le bajó el dedo a un artista. Siempre dispuesto a conocer más y así seguir conociendo los talentos que da nuestro suelo.

Sí, Miguel tenía 77 años cuando falleció -me sigue costando escribir esa palabra e incluso escribir en pasado- pero su espíritu curioso nunca dejó de aprender ni de darle la posibilidad a la nueva generación de un espacio en las páginas del diario. Tanto es así que entre sus discos más escuchados estaban Viento Norte, Seba Ibarra, leyó a Mariano Quirós, Juan Solá y le quedo pendiente el libro editado por Marco Fernández Leyes. No sé si entra en la categoría de escritor pero los de Capitanich siempre estaban en su mesa de luz, junto con los del Papa Francisco.
MAF tenía un amor especial por aquellos hacedores culturales que nunca dejaron morir la historia del Chaco, que reflejaban en sus letras como era la provincia, que dejaron tallado una parte de la ciudad en una escultura. Destaca a quienes hacían de la cultura una manera de expresión, que contaban al Chaco profundo.
Hombre que luchó porque las esculturas fueran puestas en la ciudad, que bregó porque la Bienal nunca pierda su esencia, que reconocía una pintura de algún artista local y además sabía la historia y el currículum de quien estaba detrás del pincel; supo reconocer el talento en los actores y directores de teatro de cada generación. Fue un poco crítico de arte, de cine, el que quería modificar las canciones pero que al final siempre las terminaba tarareando.

Amigo de poetas, de cuentistas, valoraba un buen contador de chiste, quien hacia del humor un estilo de vida. Conocedor de grandes artistas, historiador de alma. Apasionado por cada expresión, un hombre que fue un poco el periodista cultural que todos alguna vez queremos ser. Siempre quiso ser de los que tenían amigos de bares, de esas juntadas que se volvían culturales, pero supo degustar unas ricas empanadas en la Vaca Atada, escuchar buen folclore en la Peña Martín Fierro, deleitarse con conciertos y shows en los diferentes espacios y presentar cientos de libro.
UNA DEUDA PENDIENTE, ESCRIBIR UN NUEVO LIBRO
Obtuvo numerosas distinciones, entre las que se destaca la otorgada por la Sociedad Interamericana de Prensa en la ciudad estadounidense de Los Ángeles. En el 2001 presentó la primera edición de su libro “Gallardo de canillita a gobernador”. En mayo del 2017 saca una segunda edición del libro, que fue presentado en diferentes puntos de la provincia, editado por Contexto. De ese último libro, dijo muchas veces que iba a escribir pero siempre le faltaba una información o en realidad siempre le sobraban excusas.
MAF se fue sin escribir la historia del periodismo en el Chaco, sin contar detalles de las ligas agrarias, de poner detalles del algodón en unas líneas. Quién sabe cuantos textos mas le falto por escribir, aunque a él le hubiera gustado escribir sobre los secretos de los gobiernos, esos jugosos que se los termino llevando con él.
FABRICIANO SUPO ESCULPIR SU PASIÓN
En el 2018, cuando MAF cumplía 75 años, quise homenajearlo y con el primero que hablo es con, el entonces concejal, Juan Manuel Chapo para ver si podía poner una placa con el nombre de su hijo fallecido y la respuesta fue: “No, vamos a poner el nombre de Miguel porque los homenajes hay que hacerlos en vida” y es así que empezaron las llamadas con Fabriciano por si quería hacerlo algo; no dudo dos minutos que me dijo “voy hacer una escultura como se merece Miguel”. Es así como el 14 de octubre se descubrió aquella obra, tallada por el propio Fabriciano, y la placa -que cabe destacar que fue robada - donde se le impuso el nombre a la plazoleta, frente a su casa, Miguel Angel Fernández.
Pasión, esta realizada en mármol travertino, y es la escultura número 639 de la ciudad .
La pieza, de tres metros de altura realizada en mármol fue donada por la Fundación Urunday a la Familia Fernández por su aporte desinteresado y pleno a las acciones que realiza a la institución. “Él siempre creyó en el proyecto de seguir plantando esculturas en la ciudad. Este es un justo homenaje de todos los que estamos alrededor de los concursos de esculturas.
Es una semillita más y éste es el camino recorrido”, había manifestado Fabriciano en aquel pequeño acto.

“NO SE AMA LO QUE NO SE CONOCE”
Era una de las frases mas usadas por MAF para sus periodistas antes de entregar los recortes que a él le parecía que podía aportar a alguna nota. Se fue un hombre que conocía de cultura, de religión, de historia, de algodón. Que acompañó los procesos de crecimiento de esta provincia, que vio hacerse grande a los que tenían futuro, que apostó por cada nuevo talento.
Se fue el amigo de sus enemigos, el que generaba amores y odio, el que cantaba fuerte, el que defendió la canción de Negro Cristaldo, el que sabia de chamame, el que valoraba la cultura como pocos.
Quedaran canciones sin conocer, artistas sin escuchar, placas que poner, homenajes por hacer para un chaqueño que amó su tierra y la defendió como pocos.
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