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Los primeros recuerdos me llegaron con Aledo Luis Meloni. El 1 de octubre de 1963, el inolvidable poeta y Miguel Angel Fernández ingresaron juntos a El Territorio. El diario iba a sacar una edición vespertina, ensayo que duró solo un mes. Sin embargo, los dos permanecieron en el matutino: Aledo, como corrector y Fernández, como redactor. A partir de ese momento, la labor periodística de Miguel Angel Fernández se consolidó y no se detuvo.

Nos conocimos cuando llegó a NORTE como director en 1978 (su segundo paso por este cotidiano surgido en 1968) mientras que yo me había incorporado a la redacción el año anterior, recién egresada de la Facultad de Humanidades.

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En estas casi seis décadas de periodismo, Miguel Fernández fue una figura a quien el Chaco reconoció en numerosas ocasiones por su pública labor. Menciono, por caso, el homenaje brindado por la Cámara de Diputados del Chaco en 2013, el Premio Santa Clara de Asís de la Liga de Madres de Familia, en 2014 y la declaración de Notable del Chaco, por la empresa Unitán, en el marco del Festival del Taninero, en 2015. Más recientemente, la plazoleta frente a su domicilio particular en Villa Don Enrique, recibió su nombre.

El trabajo lo definió: Fernández fue el periodista que todos identificaron al frente de la dirección de NORTE, el de su columna de opinión semanal, el de la conducción del programa Razachaco por Radio Universidad, por su libro Gallardo, el canillita gobernador, entre tantas participaciones en conferencias, foros y presentaciones.

Fue, además, el curioso indagador de la etapa territorial del Chaco y de su proceso de provincialización, concretado en 1951. De manera especial, su quehacer estuvo compenetrado y comprometido con el sector de la producción chaqueña, sobre todo el algodón, cultivo por el que no dejó de bregar para que recupere su protagonismo, ocupado en otros tiempos con toda su potencialidad.

En suma, Fernández se erigió en testigo calificado en sus 57 años de periodismo, del devenir provincial. De ahí, el haber sido un ferviente regionalista y un convencido de la integración. De las políticas mancomunadas con los estados provinciales vecinos para avanzar y crecer. Entre ellas, la promoción para el segundo puente interprovincial, las rutas, la hidrovía, la creación del Foro de Gobernadores del Nea.

Para quienes trabajamos muy cerca de él durante largos años, fue el profesional de enorme autoexigencia y, luego, de una gran exigencia para con su equipo. Lo desvelaba el mejor de los resultados de esas páginas que debían aparecer cada mañana.

Podía haber miradas y enfoques que diferían con los suyos, pero no se le podrá negar esa vocación que llevó adelante en horas sin pausas.

Entre las facetas no tan conocidas públicamente, aparece Miguel Fernández como melómano, dueño de una tan poblada como importante discoteca y un gran escucha. Amaba toda buena música y se inclinaba por la del Litoral así como por el tango. Estuvo atento a los artistas que emergían, al mismo tiempo que profesó admiración por los íconos del cancionero argentino. Por eso, la difusión de la música a través de la radio y el apoyo a los cantautores regionales, desde el diario.

Falta decir que resulta inimaginable a Miguel Angel Fernández fuera del Chaco y sin el Chaco. Partió joven de su General San Martín natal, aunque nunca se fue del todo y sus regresos fueron permanentes. Tal vez, su acendrado chaqueñismo (al que le doy valor de un sentimiento) viene de esas raíces que nunca dejaron la tierra de El Zapallar.

Algo más. Siempre digo que el mundo se divide en dos: los que asumen la vida con pasión y los que la ven pasar. Miguel Fernández fue a su modo, a su tiempo, a su tarea, un apasionado.

A él le caben las palabras de Tomás Eloy Martínez, un periodista que admiró: “El compromiso con la palabra es a tiempo completo, a vida completa. El periodismo no es una camisa que uno se pone encima a la hora de ir al trabajo”. Su familia puede dar fe de esto.

Por esa persistencia en el seguir hasta el final y por su hacer que fue plantando mojones, Miguel será recordado como referencia indubitable en la historia de esta provincia. Con los muchos recuerdos de casi 38 años de vida y profesión compartidos, aquí va mi apretado abrazo y el acompañamiento a los suyos.

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