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Los ideales de Mayo en tiempos de pandemia

Este nuevo aniversario del primer gobierno patrio encuentra a la Argentina en medio de una prolongada cuarentena que modificó hábitos en todos los rincones de la extensa geografía nacional.

Por las restricciones impuestas para evitar la propagación del coronavirus este año no habrá actos escolares ni desfiles tradicionales. Es la primera vez en la historia que eso sucede.

Se trata, entonces, de una jornada sin precedentes que deber servir para reflexionar sobre el sinuoso camino recorrido desde 1810 hasta el presente y la importancia de la solidaridad, la cooperación y el esfuerzo compartido en el nuevo reto que enfrenta la Argentina del siglo XXI: lograr un gran acuerdo para lograr un crecimiento económico con inclusión social.

Por lo vertiginoso de la vida cotidiana y porque hay una sobreabundancia de información irrelevante, es probable que muchas veces no se alcance a ver con nitidez aquellas señales en la historia reciente del país que, de alguna manera, permiten ser optimistas respecto al futuro y la posibilidad de lograr ese gran acuerdo.

Por ejemplo, desde el regreso de la democracia en 1983 y hasta estos días se logró celebrar elecciones periódicas para elegir libremente a los representantes, lo que significa que todos los sectores de la sociedad, sin distinciones, están de acuerdo en aceptar el valor de la legitimidad democrática.

Quiere decir también que más allá de las tensiones propias de los conflictos de intereses, una abrumadora mayoría de la sociedad argentina no pone en duda la importancia del respeto de las reglas de sucesión pacífica del poder y de garantizar que todos los presidentes elegidos por la voluntad popular completen su mandato.

Se podrá decir, con razón, que no son condiciones suficientes para erradicar el hambre y la pobreza que castigan a millones de argentinos. Es cierto. Pero debe reconocerse que sin un clima político que garantice la estabilidad y la convivencia armónica entre los representantes de las distintas fuerzas, será mucho más difícil avanzar hacia esos objetivos comunes.

Al fin y al cabo, si se observa con detenimiento la distribución socio política del mundo actual se puede comprobar que las sociedades que han logrado conciliar desarrollo con progreso de sus ciudadanos tienen en común la estabilidad democrática y, además, lo que algunos politólogos denominan “un conjunto de condiciones favorables” para la acción de gobierno.

La crisis de intensidad creciente que ya venía experimentando el mundo, en gran medida por el rol central que se asignó a los fondos especulativos y financieros en detrimento del capital y las inversiones productivas, se agravó con la irrupción de una pandemia global que atacó por igual a las naciones desarrolladas, como a los países emergentes y a los más vulnerables.

El planeta entero se paralizó y ahora se abren las puertas a una nueva etapa que se presenta también como una nueva oportunidad. El territorio argentino es el octavo más grande del mundo y cuenta con suficientes recursos naturales, dos factores que son claves a la hora de pensar estrategias para desplegar el potencial del país.

Lo que falta es lograr nuevos consensos básicos que allanen el camino hacia una integración inteligente a las nuevas reglas de juego que, seguramente, surgirán en el orden mundial. Aunque este 25 de Mayo no tenga actos en las escuelas ni tradicionales desfiles, se debe mantener viva la llama del debate de los grandes temas nacionales, en todos los hogares, en todos los rincones del país.

Esta jornada, que por sus particulares características obliga a la ciudadanía a permanecer en sus hogares, debe servir para reflexionar sobre el difícil pasado compartido, sobre la vigencia de los valores y principios de la solidaridad y la libertad, dos requisitos que serán indispensables en esta nueva etapa en el cuidado de esta casa común que es la Argentina.

Ojalá que la pandemia sirva como bisagra de la historia, que marque un nuevo comienzo que afiance la democratización de todas las relaciones sociales, que ayude a comprender la importancia del respeto por los otros, por la diversidad cultural. Parafraseando al recordado economista Aldo Ferrer, Argentina todavía es un país en construcción, que todavía no ha desplegado plenamente su potencial.

Depende de nosotros mismos que los ideales de Mayo estén presentes en esta jornada, en la que se impone la necesidad de pensar lo que falta para consolidar las bases de un país más democrático, inclusivo y con oportunidades para todos.

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