¿Qué país queremos?
En forma gradual y sistemática se suman voces que rompen el silencio y cuestionan el accionar del gobierno de Javier Milei. Por citar un ejemplo se puede citar al reconocido director, guionista y productor de cine y hombre de la cultura Adrián Caetano quien tuvo durísimos conceptos contra la figura del presidente de los argentinos.
Con indignación, angustia y desazón, el nombrado se solidarizó con los millones de argentinos que padecen las consecuencias de accionar de quien se dice libertario. Tuvo una amplia difusión mediática que el cineasta calificó el accionar gubernamental nacional como una verdadera locura y aseguró que el pueblo argentino no se merece esto.
No faltan importantes espacios políticos que entienden que para recuperar competitividad y credibilidad deben alejarse de la Libertad Avanza; otros públicamente manifiestan su arrepentimiento por haber confiado en Milei.
Hoy, en una Argentina donde la democracia muestra signos de debilidad y donde muchos acrecientan rasgos de autoritarismo encubierto para apañar y proteger a delincuentes —como Adorni, por ejemplo—es un deber ciudadano preguntarnos qué país queremos.
¿Un país agroindustrial, con valor agregado, capaz de exportar producción, energía, minería, ciencia y tecnología?
¿O un país atrapado en la especulación, en la bicicleta financiera que enriquece a unos pocos mientras empobrece a las mayorías, atentando y hostigando a la industria nacional, a las universidades, castigando a los jubilados y haciendo pasar necesidades de miles de familias argentinas?

Está claro que la cuestión no es totalmente económica, es por sobre todo profundamente política y social. También debemos decidir si queremos una convivencia basada en el odio, en la descalificación permanente para quienes piensan diferente o anhelamos en lo más profundo un país donde se pueda vivir en paz, con unidad en la diversidad, donde el trabajo, la producción y los salarios justos sean los ejes de una vida digna.
¿Queremos una Argentina subordinada a intereses externos o una Nación integrada a Latinoamérica, con una mirada soberana y multilateral?
¿Queremos un país donde el gobierno respete la libertad de prensa o donde se censure, se fustigue y se persiga a quienes con su pregón están al lado de la gente? Es algo imputable al gobierno nacional y provincial del Chaco. Viene al caso poner en escena que fui tratado de payaso y cuestionado por algunos en la Cámara de Diputados de la Nación porque llevé una careta. Lo hice por entender que alguien tenía que mostrarle al país el teatro en el que quieren convertir nuestra democracia quienes defienden a Manual Adorni.
Si de responder al interrogante de qué país queremos me inserto entre los que desean y anhelan una Argentina donde los argentinos sean objeto de dignidad y humanidad. Si denunciar que miles de trabajadores ya no pueden mantener sus hogares es ser payaso, lo soy.
Soy uno de los que no quieren una Argentina donde desde las más altas esferas se construyen relatos mientras hay madres salteando comidas para alimentar a sus hijos.
Es necesaria y urgente otra Nación; no un país como el actual donde si vive rodeado de máscaras. Máscaras de quienes prometieron defender al pueblo y después lo abandonaron. Máscaras de quienes hablan de libertad mientras condenan a millones a elegir entre comer o pagar la electricidad y el agua. Máscaras de quienes se ríen en televisión mientras un jubilado llora frente a una farmacia. Máscaras de quienes gobiernan desde las redes sociales, pero jamás caminaron un barrio donde el hambre duele de verdad.
Anhelo en lo más ferviente y con la mayor vehemencia un país donde no existan despidos laborales, ni ajustes, ni desesperanzas y mucho menos un país donde niños y ancianos pasen hambre.
Razonablemente la ¿qué país queremos?, nos remonta a mayo de 1810, donde hombres como Cornelio Saavedra y Mariano Moreno tenían profundas diferencias pero junto al pueblo las mismas ansias de libertad. Es el país que la mayoría de los argentinos nos merecemos.
(El autor es diputado nacional)
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