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River hundió a Maradona

Con un Scocco genial -gol y asistencia-, el equipo alternativo de Gallardo le ganó 2-0 al Lobo de Diego, que suma tres derrotas en fila. Ahora se viene la semi con Boca.

No hace falta meterse en la cabeza de Maradona para adivinar lo que pensará él durante los partidos de este no menos voluntarioso que limitado Gimnasia.

Hace pocos días, en una entrevista en Radio Mitre, le preguntaron a Riquelme si dirigiría algún día. Román dijo que no lo ve muy posible, y que le costaría exigirles a los jugadores con su cabeza. Lo ejemplificó de forma brillante: “Cada tanto voy a España y hablo con Zidane. Le pregunté eso, cómo puede ser director técnico, si no se bajonea porque sus jugadores no hacen lo que hacía él en una cancha. Me contestó: ‘No es fácil. Pero dirijo al Real Madrid’. Me cagó”.

Maradona dirige a Gimnasia. A jugadores que hacen lo que pueden. Y no pueden tanto. Caniggia está en la cancha pero Claudio Paul es Spinelli. Las caras de Diego se ven a la distancia: hace décadas habrá entendido que no habrá ninguno como él en una cancha, pero también debe ser bravo dirigir a este equipo, pensar al fútbol tan fácil como naturalmente hacia DAM en la grama y ver que sus jugadores resuelven tan difícil, tan enredados, tan incómodos. Tan mal.

La llegada de Maradona a Gimnasia podía ser de movida una inyección anímica para el plantel, que se trasladara todo lo que genera él en todo el mundo a 20 y pico de tipos que son los que deciden en el campo.

Y hoy pareciera que la situación del equipo, la curva descendente abismal que arrancó A.M. (antes de Maradona) se pronuncia. Que tener al 10 en el banco y sus implicancias, que todo el mundo vea los partidos del Lobo, que casi todos quieran que gane, es una presión extra: se les notó contra un River alternativo. Muy apurados, imprecisos, nerviosos. Tampoco liga mucho, claro: enfrente hubo un inmenso Bologna que según los plateístas del Bosque sacó todo lo que no había sacado jugando para GELP.

En ese contexto, el River que presentó Gallardo en La Plata no pasó demasiados sobresaltos, definió el partido a su propio ritmo, con un Scocco brillante como bandera (¿es una locura pensarlo como titular el martes?), con Julián Álvarez que es guapo, es cosa seria y sabe todo para la corta edad que tiene. Con un Carrascal que, aún con intermitencias, juega para divertirse. Y con una defensa que lideró un Pinola que volvió a ser Pinola y debe jugar contra Boca. Con un montón de jugadores que para Maradona serían poco menos que oro puro si los tuviera al menos un ratito. Lo arrancó a ganar de entrada con esa genialidad acaso maradoniana de Scocco para habilitar a Carrascal y después lo liquidó cuando quiso con Nacho, que quebró la racha de sequía de los delanteros: esperó sentado a un equipo que a medida que pasaron los minutos era cada vez más un manojo de nervios y cuando se decidió, lo definió. Y ahora deberá pensar únicamente en lo que más le importa: en la serie que no es revancha pero que sí representa muchísimo para todos. Un par de partidos hermosos para jugar. Todo lo contrario a lo que le sucede al Lobo: la agonía se mide de a 90 minutos y el símbolo de Maradona, del más grande de todos los tiempos, es eso. Un símbolo y no un mago.

Fuente: Olé.