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Charla con Claudia Masin

“Tengo la esperanza de que la poesía sea luz”

La chaqueña Claudia Masín asegura que los temas vienen a ella y que también sale a cazar historias. Ahora se está volcando más a la experiencia amorosa y otros temas, como el lazo entre el amor y la política. “Hay conexión entre esas dos cuestiones”, dice. Además adelanta que en julio habrá festival de poesía en Resistencia.

Claudia Masin

Ella está en Buenos Aires, tras algunos mensajes nos ponemos de acuerdo y hacemos la entrevista por teléfono. Aquí en el Chaco es siesta y hace calor, allá es distinto. Charlamos sobre eso y un tema transversal en su obra, la niñez. Entonces comenzamos hablando de su infancia en Resistencia. “La mayoría de los recuerdos que tengo están relacionados con la lectura. Leía muchísimo. Mis primeros recuerdo tienen que ver con estar leyendo a la siesta, algo totalmente loco e irracional”, piensa ahora desde la distancia Claudia Masin. Vivía en Resistencia y el jardín de su casa, con 50 grados, a la siesta era su horario favorito para la lectura. “Todos dormían y para mí era un espacio único de silencio y libertad. Por alguna razón me gustaba leer al aire libre y al sol, ése es un recuerdo y lo primero que viene a mí de cuando era chica. Estaba con un libro en la mano antes que jugar a otras cosas. Sentía que el juego más apasionante era leer”, reflexiona y hace un silencio evocando justamente esa imagen suya que vuelve a su mente.

Comenzó siendo lectora y la escritura de la poesía asomó en la adolescencia. “Las primeras cosas que escribí eran prosa, muy esforzadas, bien intencionadas pero malísimas. En realidad empecé a escribir poesía a partir de unos libros de narrativa. Leía mucha narrativa porque eso había en la biblioteca de mi casa. Había pocos libros de poesía y los que había no me llamaban la atención. Recuerdo las rimas de Bécquer, esas cosas no me atraían.

¿Te acordás de un libro que haya sido el disparador de la escritura? 

-Tengo presente que a los 16 años encontré un libro de Marguerite Duras, La vida tranquila. Era una novela pero tenía un lenguaje muy poético, había en el texto un trabajo diferente a lo que yo había leído hasta ese momento. Marcó un antes y un después. A partir de ese libro sentí que me interesaba contar una historia poniendo énfasis en el lenguaje.

Siempre en mi poesía de alguna manera u otra manera hay historias, hay anécdotas, relatos, pero me gustan el trabajo del lenguaje. Trabajo en cada palabra. Entonces me concentro en el modo de decir las cosas. Paradójicamente mi encuentro con la palabra bella, con la poesía, fue a través de la narrativa.

En la poesía nada puede quedar librado al azar. Fuiste crítica con los poemas de la década del noventa, ¿por qué? 

-En los 90 la poesía que se escribía, no todo, más bien la que se difundía era una poesía muy ligada a la época. Para mi gusto la poesía más hegemónica y que más circulaba era un tanto pobre en el sentido de que estaba centrada en la anécdota, no iba más allá de sí misma. Una poesía que se centraba en contar pequeñas historias y no enlaza esas historias con un marco más grande es una poesía pobre. Eso tiene que ver con lo que fue esa década de mucho individualismo, liberalismo. Algo parecido a lo que estamos viviendo por estos días. De hecho creo que el lenguaje se empobreció muchísimo en estos últimos años y ahí la poesía tiene algo para hacer y para aportar.

Desde ese lugar, ¿cómo haces para aportar algo diferente en este contexto?, ¿cómo es tu proceso creativo? 

-Para mí la poesía tiene que hablar y tener empatía. En relación a los otros y en relación al sufrimiento de los otros. A las historias de quienes por ahí no tienen la posibilidad de contar sus historias. Juan Gelman, por ejemplo, puso palabras a las historias de tantos y tantos que no pudieron contar su historia porque la dictadura cortó y silencio sus vidas.

Creo profundamente en tener algo para decir, no todo el mundo tiene esta mirada dentro la literatura. A la hora de escribir no siempre está claro lo que buscamos decir, si la necesidad y la urgencia de decir algo. Eso después hay que pulir, trabajar, buscar las palabras.

Las historias y anécdotas de tu poesía, ¿vienen a vos o salís a cazar? 

-Me pasan dos cosas. Hay hechos y situaciones de la realidad que me asaltan e impactan de una manera que no los puedo eludir. Viene a mí ahora un poema del 2013 que se llama Semilla y tiene que ver con el linchamiento de David Moreira en Rosario. Después de esa situación donde muchas personas de un barrio terminan golpeando y matando a un chico de 18 años, porque supuestamente había robado una cartera, algo que no pudo probarse, me produjo un gran dolor. Después de esa historia hemos tenido y escuchado cientos, pero me impactó particularmente. Fue anoticiarme de que algo muy tremendo estaba pasando, ahí había algo del huevo de la serpiente. De algo que probablemente iba a crecer y siguió creciendo en la sociedad.

Muchas veces los temas o las historias de los poemas surgen así, llegan a partir de hechos, de situaciones. Sin embargo también voy a buscar historia, tengo una serie muy larga de poemas sobre cine, películas, sobre una de las películas que escribí es justamente el huevo de la serpiente. En esa serie cada una de esas películas escogidas fue una punta para abordar otras cuestiones.

Deseo que la poesía despierte e ilumine a otros. Tengo la esperanza de que la poesía sea luz.

A la hora de leer, ¿también buscas empatía? 

-Como lectora busco aquellos textos que me generen una reacción como de identificación, me interesan los autores y autoras que te producen ese efecto de universalidad. Me interesan las poéticas intensas, ésa sería la palabra: intensas. Son las que tiene una relación fuerte con aquello de lo que hablan. Una relación jugada, comprometida, a fondo. Busco también textos que me conmueven.

Hace unos años presentaste La Desobediencia, ¿qué encontramos ahí de tu primer libro que está agotado y no se consigue? 

-Están mis libros completos, el único que está parcialmente es el primero, Bizarría, (Nusud, Buenos Aires, 1997). Hice un selección porque es el único del que me siento un poco lejos. Necesité acotarlo. Muchas veces el primero es una especie de reafirmación, sirve más a autores y autoras que a lectores. Hay excepciones, hay quienes han hecho hermosos primeros libros. En lo particular el primero envejece mucho más rápido que otros. Hay una escritura que está probándose, una voz que está en ciernes y todavía le falta rodaje, recorrido. Creo que por eso la siento lejana.

También hay temas transversales como la niñez y el cine. El año pasado hubo otro de poesía, ¿qué temas vas incorporando? 

-En mis libros más recientes la infancia dejó de ser un eje como tema transversal. Ahora quizás aparecen más la experiencia amorosa, hay otros temas que van surgiendo como por ejemplo cómo se liga el amor y la política, que conexión hay entre esas dos cuestiones.