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Las familias que lo perdieron todo dos veces en tres meses

Dos familias que viven junto a la laguna de Villa Los Lirios narran cómo padecen el avance del agua en días de lluvias récord. Su situación desnuda problemas estructurales.

La primaria 577 de Villa Los Lirios es una de las tres escuelas que desde el temporal del viernes funcionan como albergue para evacuados. Como en la noche del 8 de enero casi las mismas personas acudieron huyendo de una inundación fuera de serie.

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A la escuela 577 acudieron casi las mismas personas afectadas por el temporal del 8 de enero. La diferencia es que ahora a la inundación se suma el deterioro económico.

NORTE dialogó con integrantes de dos grupos familiares que vivieron idénticas y traumáticas experiencias. Hablan de los mismos males de otros tiempos, de problemas estructurales y de cómo rearmarse para seguir en pie. 

“Perdí todo. La heladera, el freezer, lavarropa, cama, colchón; la ropa es lo de menos”, describe Santa Leonidas Oviedo. Con un metro de agua en el interior de su vivienda a escasos 20 metros de la laguna cuenta que todo ocurrió de golpe. Primero escuchó tres explosiones que cree dejaron fuera de funcionamiento las bombas y “ahí se nos vino el agua”, dice.

En comparación con enero, cuando permaneció dos noches con agua hasta la pelvis, esta vez hubo tiempo para levantar varias cosas. Hace tres meses solo salía para visitar a sus familiares en el albergue un rato y volvía a la vivienda para evitar que les robaran lo que les quedaba. Su casa es vecina de la de sus dos hijas, ya adultas, y la prioridad es cuidar a una de ellas que está en tratamiento por cáncer de mama.

A la pregunta sobre cómo reponerse ante tantas preocupaciones la respuesta reúne varias emociones: “Hace 53 años que vivo acá. Pasé varias inundaciones y tengo que mantener la calma, ¿qué otra cosa voy a hacer? Tuve dos o tres días en los que me encerré a llorar, pero contra la naturaleza no se puede”.

En dos etapas

Al deterioro de la situación económica general se agrega la convivencia con problemas de salud, como la fragilidad de una niña en tratamiento por el agrandamiento del bazo.

En dos grupos familiares hay ocho niños pequeños, la mayor tiene diez años y la menor, dos. Sandra Giménez es la abuela de todos y como sus dos hijos vive junto a la laguna hace tiempo. Analía Silva (su hija) describe que como tantas otras familias en esa escuela es la segunda vez que el agua los golpea en tres meses.

A diferencia del temporal del 8 de enero, que fue de noche y abrupto, esta vez la inundación se produjo en dos momentos. “El agua bajó y después de golpe subió. Había corrido bastante hasta que el piso quedó seco; estábamos juntando las cosas y cuando nos dimos cuenta el agua estaba otra vez adentro. Muy rápido pasó todo”, cuentan.

En la casa de al lado Sandra n narra que estaba alzando a una de sus nietas, cuando al darse vuelta y ver que el agua ya había pasado la altura de la mesa. Señala con la mano una altura intermedia y la final, de aproximadamente un metro. Como en enero también perdió los objetos de más valor: “Es feo perder todo; ahora pude guardar un poco de ropa pero el agua alcanzó a lo demás”, lamenta.

Las historias representan a una parte de las 312 familias albergadas en tres escuelas de Resistencia (las otras dos son la 274 y 942). Hasta ayer las autoridades señalaban que se garantizaba la asistencia sanitaria, alimentaria, y la provisión de colchones y frazadas.

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