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La dignidad humana, por encima de todo

Casi al mismo que tiempo que se difundieron los datos del Indec que confirman que la pobreza alcanza a casi 12 millones de argentinos, es decir a más de la cuarta parte de la población del país, se conoció el mensaje que el Papa Francisco envió a los participantes del foro religioso Forum Interreligioso G20 que se realizó esta semana en Buenos Aires, exhortándolos al diálogo para encontrar soluciones que tengan en cuenta la dignidad del ser humano.

En su misiva, el Papa observa a que “cualquier intento de buscar un auténtico desarrollo económico, social o tecnológico ha de tener en cuenta la dignidad del ser humano, la importancia de mirar a cada persona a los ojos y no como un número más de una fría estadística”.

Si bien el mensaje del jefe de la Iglesia Católica no alude en forma directa a la preocupante situación que se vive en la Argentina como consecuencia de la fuerte devaluación que hizo perder poder adquisitivo a los sectores más vulnerables de la población que destinan la mayor parte de sus magros ingresos a la compra de alimentos básicos, se debe tener en cuenta que desde que inició su pontificado, Francisco ha expresado en forma reiterada su enorme preocupación por los más pobres, pero fundamentalmente por la indiferencia que existe en sectores de la sociedad frente al sufrimiento de los sectores más vulnerables de la población.

Cualquier intento de buscar un auténtico desarrollo económico, social o tecnológico ha de tener en cuenta la dignidad del ser humano

Vale recordar, además, que también reclamó en varias ocasiones normas y reglas para evitar conductas inmorales en la actividad financiera que puedan desencadenar nuevas crisis económicas en el mundo.

No debe sorprender, entonces, que el Sumo Pontífice haya invitado a representantes de las diversas religiones que participaron del Foro que concluyó esta semana a desarrollar un diálogo constructivo para, como señaló el propio Papa, “encontrar, entre todos, las mejores soluciones a los problemas que nos afectan a todos”.

El mensaje papal está en sintonía con lo que los organizadores propusieron abordar en el Foro Interreligioso, que no casualmente se llevó a cabo bajo el lema “Construyendo consenso para un desarrollo equitativo y sostenible: la contribución de las religiones para un futuro digno”.

A la luz de esa consigna se comprende entonces lo que quiso decir el Papa cuando advirtió que el mundo enfrenta actualmente situaciones difíciles “que no solo afectan a tantos hermanos nuestros desamparados y olvidados, sino que amenazan el futuro de la humanidad entera”.

Es por eso que remarcó, una vez más, la importancia que tiene el diálogo y que, siguiendo sus palabras, ese diálogo debe significar “estar dispuestos a salir al encuentro del otro, a comprender sus razones, a ser capaces de tejer relaciones humanas respetuosas, con el convencimiento claro y firme de que escuchar al que piensa de modo diferente es ante todo una ocasión de enriquecimiento mutuo y de crecimiento en la fraternidad”.

En el mismo mensaje Francisco advierte que “no es posible construir una casa común dejando de lado a las personas que piensan distinto”. Aquí cabe rescatar el concepto de “casa común”, que fuera utilizado por el Papa en su encíclica Laudato Sí, que se dio a conocer al mundo en 2015, y que contiene un llamado a los líderes mundiales, a los estados nacionales y a los pueblos para que se tome conciencia del peligro en que se encuentra la humanidad, y para que se adopten soluciones concretas y consensuadas para eliminar el peligro del cambio climático, tema que fue abordado específicamente en uno de los paneles del Foro interreligioso G20, que contó con la presencia del secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, rabino Sergio Bergman, quien observó que cuando se daña el ambiente lo primero que se degrada es lo humano. “Principalmente lo sufren los que menos tienen”, advirtió Bergman.

Vale recordar las palabras que pronunció Francisco en su última visita a Colombia y que tienen hoy plena vigencia en estos tiempos en los que vuelve a ser necesario colocar la dignidad humana por encima de todas las cosas.

En esa oportunidad, dijo: “la casa común de todos los hombres debe continuar levantándose sobre una recta comprensión de la fraternidad universal y sobre el respeto de la sacralidad de cada vida humana, de cada hombre y cada mujer; de los pobres, de los ancianos, de los niños, de los enfermos, de los no nacidos, de los desocupados, de los abandonados y de los que se juzgan descartables porque no se los considera más que números de una u otra estadística”.

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