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El respeto de la dignidad humana

Tradiciones sagradas que explican el origen de la vida y dan sentido a la existencia humana forman parte de los cimientos que comparten las grandes religiones.

Todas consideran que la dignidad de las personas es una cualidad intrínseca de los seres humanos y, por lo tanto, sus derechos deben ser respetados en cualquier circunstancia. Hoy, al cumplirse un nuevo aniversario del golpe de Estado de 1976 que inició unos de los períodos más oscuros y trágicos de la historia reciente, se impone la necesidad de sumar esfuerzos para garantizar que no se repitan aquellas atrocidades.

En 2016, al cumplirse cuarenta años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, en un documento de la Conferencia Episcopal Argentina los obispos católicos compartieron reflexiones en una carta abierta titulada "Una fecha para no olvidar". En ese texto se advertía que aquella ruptura del orden constitucional e interrupción del Estado de derecho fue un capítulo "que nunca más se debe repetir, ni podemos olvidar". En 1985, aquí en el Chaco, la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados presentaba su informe final señalando que "era preciso no sólo dar una respuesta a las miles de personas afectadas por tanta muerte, tortura física y psicológica y degradación humana hasta límites inconmensurables, sino que era menester que nuestra sociedad se adentrara en los umbrales del dolor y de la infamia para que la indiferencia y el silencio se transformen en una actitud cívica comprometida con los auténticos valores de nuestro ser nacional…".

Volviendo al documento de la Conferencia Episcopal, allí se planteaba también que la sociedad argentina no puede "dejar de preguntarse cómo se pudo llegar al período más oscuro de su historia, sus consecuencias de enfrentamientos, dolor y muerte que aún permanecen y se presentan como un pasado que hay que afrontar y sanar". Pasaron ocho años desde que se hizo público ese mensaje de los obispos donde reflexionan sobre la necesidad de seguir transitando el camino de "verdad, justicia y de encuentro entre todos" y a pesar del tiempo transcurrido hoy sigue siendo necesario defender valores como la vida y la dignidad de las personas que nunca más, bajo ninguna circunstancia, deben ser violentados. El terrorismo de Estado, hay que recordar, acentuó la violencia y cometió crímenes como la tortura, los tratos crueles y degradantes, el asesinato, la desaparición forzada de personas y la apropiación de niños. Fue un período que dejó dolorosas enseñanzas, entre ellas, el verdadero valor que tiene que la ciudadanía disponga de instrumentos que permitan vivir bajo el imperio de la ley y que ayuden a construir una comunidad respetuosa del Estado de derecho. Aquellos oscuros años de la dictadura enseñaron también que hay que evitar la violencia política y, por sobre todas las cosas, que se debe respetar la vida y la dignidad de todas las personas. Es probable que las nuevas generaciones, que no vivieron aquellos años trágicos, no comprendan cabalmente lo que significó la disolución del Parlamento nacional y de las legislaturas provinciales, la destitución de gobernadores elegidos democráticamente, la remoción de miembros de la Corte Suprema de Justicia y la prohibición de las actividades de gremios y partidos políticos.

Tras el regreso de la democracia en 1983 y después de casi dos décadas, en el año 2002 el Congreso Nacional sancionó la ley que estableció el 24 de marzo como Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia para recordar a las víctimas de la última dictadura militar. Es de esperar que, en esta fecha, la ciudadanía haga un nuevo ejercicio de memoria y renueve su compromiso con la defensa de la democracia, la vigencia de la Constitución y, por sobre todas las cosas, con el respeto irrestricto a la dignidad de todas las personas. El largo camino recorrido por la sociedad argentina desde el fin de la última dictadura hasta este difícil presente permitió que nuestro país sea reconocido por la comunidad internacional por sus políticas públicas en materia de memoria histórica, destacando su compromiso con la verdad, la justicia y la defensa de los derechos humanos como pilares para construir una sociedad democrática y respetuosa de los derechos fundamentales.

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