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Escuela Mariano Ferreyra: cuando importan los chicos

Cuesta comerse el verso de que “lo importante son los chicos” cuando viene de la boca de los mandamases. Sin embargo en la Escuela Mariano Ferreyra esta sentencia es ley en la relación con sus estudiantes. Y si no que te lo cuente Charlie Gómez, un estudiante de 24 años que llegó a las puertas del colegio un día caluroso de febrero con una libreta de 5º grado de primaria sin saber leer ni escribir, pero pronto cumplirá su sueño de ingresar en el nivel secundario para entregar el título de bachiller a su madre.

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La Mariano Ferreyra está llena de Charlies, provenientes de diversos puntos de la ciudad, todos distintos en edad e historia de vida, pero atravesados por una constante: la sensación de estar siempre fuera. A estos Charlies la vida les dio duro: contextos complejos; con violencia; sin la contención necesaria; con abandono y hasta a veces sin familia. Sin embargo, no se dieron por vencidos.

El primer desafío que asumió la Escuela Mariano Ferreyra fue cubrir una necesidad básica: la comida. Desde que se comenzó a dar clases, Daniel García, su director, y el equipo docente hicieron malabares para sostener el comedor escolar, que para muchos fue la única comida del día. El año pasado se presentó una prueba más: en dos meses, dos estudiantes se suicidaron y otro apareció muerto en una cuneta, con un tiro en la nuca. El equipo docente entendió que debía buscar ayuda, abrirse a esa contención que el sistema le había quitado a estos chicos. Así dieron con las Asesorías del Programa Provincial de Salud Integral en la Adolescencia, dependiente de la Subsecretaría de Promoción de la Salud, y también nacieron las tutorías pedagógicas, que hoy abrazan al menos a dos docenas de alumnos y que funcionan en contraturno y en paralelo con el dictado de las asignaturas.

 Eso de importar

El sentido de “importar” se traduce en números: cinco docentes son los que se capacitaron para acompañar a los estudiantes en las asesorías, pero todo el plantel de la Mariano Ferreyra está abocado a identificar lo que le pasa a los chicos, dentro y fuera del aula. De sus 700 alumnos, desde julio del año pasado, 200 jóvenes pasaron por las asesorías: el 50% recurrió a controles ginecológicos; 45 chicas se pusieron el implante dérmico en una escuela donde el embarazo no deseado es el destino infalible; un 20% es asistido psicológica y psiquiátricamente y un 30% consultó por asesoramiento legal o atención médica general. Y por lo menos dos docenas de estudiantes asisten a las tutorías.

 El espacio de asesorías funciona dentro de la escuela los miércoles de 18 a 20, donde un especialista de salud se acerca a escuchar a los jóvenes y de allí se dan los turnos. También hay demanda espontánea y la escuela articula la atención con el Servicio de Adolescencia del Hospital Perrando o los centros de salud.

Nuestra provincia, junto a otras cuatro, fue elegida para aplicar este proyecto piloto desde 2014 y hoy ya se ejecuta en 16. En el Chaco funcionan 20 asesorías en las escuelas, más concentrados en el área metropolitana, tres en Sáenz Peña, una en Castelli y una en La Leonesa. Esta interfaz con las escuelas funciona de forma más efectiva porque implica cercanía con los jóvenes, escucha activa y confidencialidad, “que es algo que los chicos valoran, además de la corresponsabilidad con el docente, que es a quien el adolescente identifica como alguien de confianza”, destacó Ensisa.

La doctora es clara: “El sostenimiento de este espacio tiene que ver con el compromiso y la constancia de la escuela” y en la Mariano Ferreyra eso es lo que sobra. Todas las semanas un equipo de cuatro profesores acompaña a los estudiantes a sus consultas, a contraturno de su cursada; devolviéndole esa contención que la realidad le arrebató. Las adicciones son otra de las características de los estudiantes de este colegio y se trabaja en la asistencia con el Dispositivo Integral de Abordaje Territorial de Sedronar; además de participar en talleres y charlas sobre enfermedades de transmisión sexual.

El sentido de “importar” se traduce en logros: por su trabajo con las Asesorías en las Escuelas, la Escuela Mariano Ferreyra fue reconocida por Unicef y tiene aprobado un proyecto de ambientación y adecuación de espacios para que prospere la atención integral a los estudiantes. El único obstáculo que tienen es que el presupuesto aún no está aprobado.

La mejor recompensa a la labor de “importar” es que Charlie pueda leer y escribir y haya vuelto a la escuela, venciendo los determinismos de su historia de vida.

El peso de lo que significa “importarle a alguien” está en las decenas de chicos que asisten de día, tarde y noche al espacio de Tutorías Pedagógicas que tiene en paralelo la escuela, donde además de ayudarlos a estudiar y pasar alguna materia, reciben atención y un oído para plantear sus dudas, alegrías y tristezas; y se trabajan valores como el compromiso y la responsabilidad.

La Escuela Mariano Ferreyra no se cansa de sumar desafíos: este año tiene a siete pibes de 14 años que van a las tutorías porque los echaron de todas las escuelas por “problemáticos y terremotos” y todavía no están en edad de entrar al bachillerato para adultos. En este lugar reciben la atención para llegar en las mejores condiciones, académicas y personales, al primer nivel del BLA.

“Es verdad que nos estamos haciendo cargo de una franja etaria para la que no estábamos preparados; eso nos provocó el desafío de formalizar para el año que viene un proyecto de jornada completa bilingüe con atención integral para los hermanos más chicos de nuestros alumnos, que como ellos también presentan consumo problemático y que no encuentran lugar en otros establecimientos”, comenta el director García.

Texto: Mónica Kreibohm

Fotos: Gentileza Escuela Mariano Ferreyra

 

El edificio propio

La Escuela Mariano Ferreyra es el nombre con que todos conocen al Proyecto Especial Bachillerato Libre para Adultos, al que concurren cerca de 700 personas en las tres modalidades: BLA de lunes a viernes a partir de los 16 años; Terminalidad Educativa de cursada intensiva los sábados, mayoritariamente para adultos, y los dos años del Profesorado de Auxiliar Docente, anexo del Instituto Rodolfo Walsh.

A siete años de su nacimiento le puso el pecho a todos los desafíos que presentó su población: primero el hambre; ahora la contención y la inserción social, gracias al empeño de fierro de su equipo de docentes, preceptores y porteros. Todavía no cuenta con edificio propio porque funciona en la Escuela de Educación Secundaria Nº 60 General Ángel V. Peñaloza, pero el director Daniel García comentó que gracias a gestiones con el Ministerio de Educación, y el interés particular del ministro Daniel Farías, este sueño no estaría lejos de cumplirse.

La fiesta del Día del Niño

El proyecto de atención sociocomunitaria que lleva adelante la Escuela Mariano Ferreyra también tiene su costado festivo con el Día del Niño, una fiesta que se hace a pulmón por segundo año consecutivo.

Esta edición superó todas las expectativas: 700 chicos se fueron con un regalo y una bolsa de golosinas; pero más de 1000 personas estuvieron esa tarde en la escuela.

Amigos, familiares, vecinos e hijos de los estudiantes disfrutaron con personajes de animación en vivo como Minnie, Hulk, el Sapo Pepe, Maléfica y las emociones de la película Intensamente; gracias a que los docentes y alumnos se disfrazaron. Hubo juegos, castillos inflables, espacios de lectura y pintura artística, se sortearon cinco bicicletas y disfrutaron de gaseosas, jugos, tortas, facturas, pastafrola y pizzas. Todo fue organizado por el equipo de gestión, profesores, porteros, estudiantes del secundario y terciario; exalumnos y amigos de la Mariano Ferreyra. La comida y la diversión provinieron del aporte de todos estos actores que estuvieron en la organización.

 

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