La razón no es contra la fe
No existe fe duradera sin una estructura conceptual que la sostenga, ni doctrina viva que no sea impulsada por el motor de la confianza espiritual.
Los desafíos morales, las divisiones internas y las dudas doctrinales del cristianismo de la comunidad de Corinto llevaron al apóstol Pablo a escribirles dos renombradas epístolas. Era una ciudad metrópoli próspera, cosmopolita y de gran importancia estratégica, situada en el istmo —franja estrecha de tierra que conecta dos áreas mayores— en este caso, el norte de Grecia con el Peloponeso. Controlaba dos puertos. Uno con salida a Italia (Roma) y otro con salida a Siria y Asia Menor.

Desafiar los métodos de medir humanos
Pablo, una de las mentes más brillantes de la antigüedad, les explicó cómo opera el conocimiento espiritual frente a la sabiduría estrictamente humana. Les advirtió que el mensaje de la cruz parece una locura para quienes confían únicamente en la lógica intelectual. Su conclusión era clara: el entendimiento profundo de lo divino no se alcanza mediante silogismos científicos, sino a través de una apertura que desafía la pura métrica humana.
Este dilema sigue vigente. Hace un tiempo, el periodista británico John Carlin publicó una columna en el diario Clarín manifestando su escepticismo en plena Pascua. Confesaba no comprender el significado de la redención ni de la resurrección, argumentando que la historia de los últimos dos milenios parecía contradecir tales milagros.
Su postura, alineada con el pensamiento del filósofo Bertrand Russell, cuestionaba el acto de creer en cosas sin un sustento empírico. Carlin aclaraba que su intención no era atacar la religión, sino señalar la falta de razones detrás de la fe. Sin embargo, al intentar diseccionar ambas, omitió que no existe fe duradera sin una estructura conceptual que la sostenga, ni doctrina viva que no sea impulsada por el motor de la confianza espiritual.
Existe un prejuicio generalizado
Existe el prejuicio generalizado de que la fe y la razón son enemigas naturales. Es un enfoque incompleto. La fe funciona como una ventana que amplía nuestra percepción hacia realidades que escapan a los sentidos biológicos y a los instrumentos de medición.
Por eso mismo, una razón verdaderamente libre y rigurosa no puede clausurar de antemano la posibilidad de un Ser Superior. Quien lo hace de forma absoluta corre el riesgo de abandonar la sana racionalidad para abrazar el racionalismo: la tendencia a considerar la mente humana como el juez infalible y definitivo de todo lo existente.
No es la inteligencia la que bloquea el acceso a lo trascendente, sino una postura intelectual rígida que confunde el límite de sus propios conocimientos con el límite de la realidad misma.
A menudo se argumenta que, si Dios fuera real, el mal no tendría cabida en el mundo. Es un planteamiento milenario, pero parte de una premisa horizontal. Las verdades de carácter espiritual requieren facultades de percepción distintas a las que usamos para resolver un problema matemático. Pretender evaluar lo infinito con herramientas exclusivamente finitas suele conducir a equívocos conceptuales, donde la erudición humana termina perdiendo de vista el misterio de la existencia.
El rol de los medios
En esta dinámica, los medios de comunicación desempeñan un papel crucial. Con frecuencia se prioriza el escepticismo metodológico por encima de la sensibilidad espiritual. Sería sumamente enriquecedor que los profesionales de la comunicación se aproximaran a las corrientes teológicas y espirituales con la misma rigurosidad analítica y el respeto intelectual con el que abordan la ciencia o la economía, buscando asesoramiento idóneo antes de emitir juicios categóricos.
Vivir con fe no implica en absoluto apagar el intelecto, sino expandir las fronteras de la consciencia. Quien se anime a explorar esta perspectiva descubrirá que la razón y la fe lejos de excluirse, se coordinan. La primera nos permite caminar con paso firme y crítico sobre la tierra; la segunda nos ofrece las alas para contemplar el infinito. Mientras la ciencia y la lógica se encargan de descifrar minuciosamente el cómo del universo, solo la fe es capaz de devolverle al ser humano la respuesta profunda al porqué de su propia vida.
No deberíamos permitirnos evaluar lo eterno con herramientas exclusivamente terrenales porque inexorablemente nos conducirá a equívocos conceptuales, donde la erudición humana termina perdiendo de vista el misterio de la existencia.
Temas en esta nota

Invitan a una proyección gratuita de un capítulo anticipado de la nueva temporada de The Chosen

El gobernador Insfrán se reunió con pastores evangelistas

Más del 95% de los argentinos realizó al menos una práctica religiosa durante el año

El riesgo nulo de recuperar la esperanza
Volver a empezar

Destino: estación Esperanza
Una mirada cruda sobre la adicción al juego

El verdadero cimiento de la fe

El Dios de lo imposible y la soberbia humana
La sencillez de la fe











