Cuáles son los riesgos de no tratar la pubertad precoz
Se trata de una etapa en la que se combinan crecimiento y desarrollo. En este proceso influyen factores genéticos, ambientales, alimentarios, sociales y psicológicos.
La pubertad precoz central (PPC) es la aparición de caracteres sexuales secundarios (como el botón mamario, el aumento del volumen testicular, la aparición de vello púbico, la sudoración olorosa o incluso la menstruación) antes de la edad normal, que en nuestro país se considera luego de los 8 años para las nenas y luego de los 9 para los nenes. Esto ocurre porque, generalmente por factores desconocidos, la glándula hipófisis estimula a los ovarios o a los testículos a fabricar hormonas sexuales.
Si bien no es un trastorno nuevo, los especialistas de la Sociedad Argentina de Ginecología Infanto Juvenil (SAGIJ) advierten sobre las consecuencias físicas y emocionales de no detectar a tiempo esta condición, a la vez que reclaman cobertura para el tratamiento.
La pubertad es un proceso complejo de crecimiento (aumento del tamaño del cuerpo) y desarrollo (adquisición de las funciones) que se da en todos los seres humanos, ambos mecanismos se dan juntos, si bien son independientes entre sí. El cuerpo crece, aumenta de tamaño, y adquiere la función que en este caso sería la capacidad reproductiva.
El proceso es influenciado por factores genéticos, ambientales, alimentarios, sociales, y psicológicos, pero sigue un patrón familiar, según explican en el equipo médico de la Comisión Directiva y la Comisión Científica de la Sociedad Argentina de Ginecología Infanto Juvenil.

El inicio de los cambios
Lo habitual es que comience a partir de los 8 años, cuando se activa antes, se habla de pubertad precoz. La Argentina define este cuadro como el inicio de los cambios puberales antes de los 8 años en las niñas y antes de los 9 en los varones. La variante más frecuente es la pubertad precoz central (PPC), unas diez veces más común en niñas.
En ellas se manifiesta con el desarrollo mamario antes de los 8 años -con aumento de la velocidad de crecimiento y avance en la maduración esquelética- y culmina en la menarca, la primera menstruación, que marca el comienzo de la capacidad reproductiva. Esta entidad debe conocerse para poder ser identificada y tratada correctamente, de lo contrario, pueden aparecer consecuencias en la salud física y psíquica de cada paciente.
El impacto emocional es uno de los puntos que más preocupan. El adelantamiento de un proceso natural que hubiera ocurrido más tarde coloca a la niña en una situación incómoda. Con frecuencia, no es aceptada por sus pares y, lo que es peor, tampoco por sí misma. Ese rechazo puede derivar en un daño psicológico y dejarla en una posición más vulnerable frente a posibles situaciones abusivas.
La pubertad precoz no se reduce solo a lo físico, también implica cambios emocionales y psicológicos.
Detección y diagnóstico
Detectar los signos a tiempo resulta clave, para lo cual se recomienda realizar los controles pediátricos semestrales. El sitio oficial menciona el desarrollo mamario o la aparición de vello pubiano o axilar en niñas menores de 8 años, y el diagnóstico se apoya en el examen físico, la edad ósea y estudios de laboratorio.
Frente al cuadro, la medicación frena la activación del eje y pospone la pubertad hasta el momento adecuado, "sin producir daños y con alta efectividad", subrayan desde la Sagij, y que debe ser manejada por un especialista. Morín, por su parte, aseguró que "el tratamiento es seguro" y que "no altera la fertilidad en el futuro".

Soja, pollo, plásticos y maquillaje
La pediatra endocrinóloga infantil del Hospital Británico, Kelly Maury Fuentes, indica que la pubertad precoz en la gran mayoría de las niñas es idiopática, es decir, no tiene una causa determinada, aunque hay determinados factores que inciden, y pueden ser genéticos, técnicos, nutricionales, o ambientales.
"Existen disruptores endócrinos, no son hormonas, pero son parecidos, que están en el ambiente y pueden ayudar a que esto se desencadene. De todos estos factores el único que está descripto bibliográficamente es la soja, que es muy parecido al estrógeno", explica la pediatra, y desaconseja enfáticamente el consumo en niñas tanto de milanesas, como de jugos y leches que la contengan.
Respecto del pollo, reconoce que si se consume sin hormonas no habría ningún problema, pero que, si se trata de un pollo contaminado, podría funcionar como un disruptor endócrino. "Supuestamente en la Argentina no pueden inyectar pollos con estrógenos, pero sí ha ocurrido en otros lugares, donde se consumió pollo contaminado, que hubo desarrollo de botones mamarios".
Otra de las cuestiones ambientales para estar atentos son los plásticos, ya que pueden liberar BPA, un compuesto químico llamado bisfenil A, que puede afectar la salud. "Cuando se calienta la comida debe ser en un recipiente de vidrio, nunca en uno de plástico", agrega la médica. Y apunta que, según las recomendaciones de la Sociedad de Endocrinología Americana, incluso los juguetes y todos los plásticos del ambiente deberían ser libres de BPA.
Por último, la profesional recomienda evitar el uso de maquillaje en nenas menores de 8 años, ya que incluso los infantiles pueden contener componentes parecidos a los estrógenos, y también parabenos. En caso de utilizar un esmalte, aconseja comprar los que sean 9 free, esto quiere decir que está libre de 9 componentes que es mejor evitar.
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