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La política en la era de la insatisfacción

De acuerdo a las estadísticas oficiales de su país, Lula da Silva logró en sus tres gestiones que unos 30 millones de brasileños dejen de estar bajo la línea de pobreza. Está en el epílogo de su mandato actual, que también muestra datos "macro" positivos. Logró una baja de la inflación, que cerraría 2026 por debajo del 4% anual; una disminución del desempleo a mínimos históricos (poco más del 5%); una evolución sostenida del PBI (crecimiento anual promedio del 2,9%); y la consolidación de la nación como un imán de inversiones extranjeras (en 2025 fue la tercera economía global más atractiva). Pero perdió la primera vuelta electoral con Flavio Bolsonaro, un contrincante que desde la derecha plantea una propuesta emparentada con la motosierra fiscal de Javier Milei. Las encuestas hablan de un 50% de posibilidades de que Lula pierda hoy el balotaje y deba retirarse del poder.

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En Francia las imágenes que nos llegan de las protestas que ocupan las noticias hacen pensar que corresponden a un país gobernado por una dictadura que llevó a la población a condiciones extremas de miseria y ausencia de libertad de expresión. Sin embargo, es la nación europea que más sostiene la idea del "estado de bienestar", con un 57% de su Producto Bruto Interno destinado a gasto público y beneficios laborales que incluyen la semana laboral legal de 35 horas semanales, una de las menos exigentes del mundo desarrollado. Los empleados en relación de dependencia tienen aseguradas vacaciones anuales mínimas de cinco semanas, el seguro de desempleo vigente mantiene entre el 60 y el 70% del salario de actividad por períodos prolongados, los servicios sanitarios públicos y la seguridad social en general ofrecen coberturas prácticamente integrales y gratuitas, y en su momento hubo una feroz resistencia a mover la edad jubilatoria de los 62 a los 64 años en una nación cuya expectativa de vida promedio es de 83,5 años. No obstante, las calles arden.

Punto crítico

Es la era de la insatisfacción, que impera en las sociedades en las que la realidad golpea de la peor manera pero también en aquellas que cualquiera de nosotros consideraría envidiables. Parte, quizás, de un punto de la historia humana particularmente crítico, porque en algunos territorios falta hasta lo indispensable para vivir dignamente y en todos -o casi todos- lo que está ausente es un sentido de transcendencia que ayude a contrarrestar la idea de que somos lo que tenemos. Es una batalla que están perdiendo los estadistas, las religiones, los maestros, las familias. Vamos detrás de una zanahoria nueva cada día, y si la alcanzamos aparecen dos más. Luego, cuatro.

Es un barniz tan ligado a una instancia de la Humanidad que no suele aparecer en los análisis de nadie, aunque subyace a buena parte de todo lo que viene sucediendo en el mundo. Los grandes sueños de la Modernidad ya no están. La ciencia finalmente no fue el camino por el cual llegamos a la paz y el entendimiento globales, sino la vía por la que una y otra vez perfeccionamos los mecanismos de autodestrucción.

En la espléndida versión cinematográfica de La Odisea, dirigida por Christopher Nolan, tras una cruda descripción de su periplo de dos décadas y de sus resultados, Penélope busca tranquilizar a su amado: "La civilización se levantará de nuevo", le dice. "Y el amanecer romperá sobre el mundo oscurecido, y nuestros errores serán, una vez más, olvidados", contesta Odiseo.

La política

¿Cómo se hace política en un mundo como éste? La respuesta que encontraron partidos y líderes es que el camino es adaptarse a los nuevos parámetros. Porque las campañas, los discursos, los mensajes en cadena, van indefectiblemente a un universo de desencantados y descreídos. En el ejercicio de la democracia nos hemos acostumbrado más a votar a quién queremos rechazar que a quién queremos promover.

Se habla en estos años de una oleada de triunfos de la derecha en el continente, más algunos ejemplos europeos de crecimiento de las propuestas más afines a ese credo, pero lo que algunos analistas marcan es que, en realidad, lo que estamos presenciando es un ciclo en el que los oficialismos tienden a caer. Y eso, en una región que vivió una etapa de administraciones de etiquetas socialistas, implica la retirada del "progresismo", arrastrado por los movimientos presentes del péndulo. Pero también marca la vulnerabilidad de las gestiones en desarrollo que están en las antípodas. Algo así como que, hoy por hoy, lo único peor que ser oposición es ser gobierno.

Al fin de cuentas, conducir una gestión es resolver problemas, brindar respuestas, atender demandas. Satisfacer. El verbo inabordable, el barril sin fondo.

Si sucede así en uno de los países desarrollados más emblemáticos, si las llamas se vuelven un espectáculo cotidiano en París, ¿qué queda para las tierras de la decepción permanente?

Por estos lados

En el caso de la Argentina, Javier Milei parece listo para que el clima de época y su propia incapacidad para interpretar lo que pasa fuera de los espacios del poder se lo lleven puesto en 2027. Le quedan dos cartas en la mesa. Una es la posibilidad de que su pragmatismo vuelva a doblarle su propio brazo y lo anime a un cambio en el rumbo económico, dirigiéndolo a una reactivación del consumo y una recuperación del empleo y los salarios. La otra es que el peronismo siga haciéndole el favor de no mostrar nada nuevo. Pero hasta esta última circunstancia puede ser insuficiente. Si la mayoría dio un salto al vacío al elegirlo presidente en 2023, solo por huir del kirchnerismo, ahora podría darse exactamente el mismo fenómeno pero con sentido de circulación inverso.

En su cerrazón mental, el presidente podría arrastrar, en caso de una debacle electoral, a sus aliados y favorecedores. Uno de ellos es Leandro Zdero. El gran desafío del gobernador el año que viene será mantenerse como socio político de Milei sin que eso se note tanto. Ya está claro que mientras que el peronismo buscará nacionalizar la decisión del Chaco (y de hecho a eso iba su intento fallido de unificar las fechas de las elecciones provinciales y nacionales), el radicalismo apuntará a todo lo contrario: que la campaña se centre en los asuntos de aquí, insistiendo en exponer el lado más oscuro de los mandatos del PJ, principalmente la corrupción y los vínculos con el gerenciamiento piquetero de lujo. El justicialismo, a su vez, hará todo lo posible por mantener en la misma foto a Milei y al gobernador, repasando los datos que retratan el impacto del ajuste en la provincia, con especial dedicación a todo lo relacionado con los salarios del inmenso sector público.

En este punto de la previa de 2027, dos datos sobresalen. En el caso del peronismo, su indefinición sobre el candidato que presentará para tratar de recuperar la gobernación. Se mantiene el interrogante que se pone por delante de los demás: ¿será Capitanich o alguna figura nueva? Por el lado de la UCR, la alianza con La Libertad Avanza achica los márgenes para un eventual "operativo despegue" de la figura de Milei. ¿Cómo hacer campaña con los libertarios y a la vez conseguir que el debate excluya la escena nacional?

Una de las pruebas de Odiseo fue navegar junto al territorio de las sirenas sin dejarse llevar por su canto, sinónimo de muerte. Se hizo amarrar al mástil de la embarcación, y casi enloquece. Sus compañeros se habían tapado los oídos para no caer en la tentación de lanzarse hacia esas mujeres. Cuando le preguntaron qué había sentido al escucharlas, dijo: "Es todo lo que quieres que sea. Luego, todo lo que desearías no haber deseado. Era esa deliciosa comezón a la que vas para rascarte, pero descubres que está debajo de la piel, que no puedes alcanzarla. Así que esa deliciosa comezón se vuelve insoportable. Lo que más quieres es justo lo que no puedes tener. Y lo que más no puedes tener es lo que ya tuviste, y perdiste. Era la canción de todas las promesas que no cumplí".

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