Cuando despierte
Autor: Gustavo Otero Editorial: Moglia ediciones Género: Novela Corrientes, Argentina, 2026
Compartimos el lanzamiento de una nueva novela de la Colección Ojo Lector que dirige Viviana Rosenzwit para Moglia ediciones de Corrientes Capital: Cuando despierte de Gustavo Otero.

¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar por las personas que amás? En su primera novela, Gustavo Otero nos sumerge en una emotiva historia, tan humana como desgarradora, centrada en el conflicto de su protagonista, obligado a decidir entre la vida o la muerte.
Manuel tiene treinta años, una familia que ama y toda una vida por delante. Hasta que una enfermedad terminal lo obliga a tomar una fuerte decisión: congelarse para sobrevivir… y despertar en un futuro donde exista una cura.
Para él, solo será un instante. Para su esposa y su hijo, una eternidad. Décadas después, Manuel abre los ojos en un mundo completamente distinto. La tecnología cambió. Las personas cambiaron. Y Bautista, aquel nene al que dejó antes de empezar la escuela primaria, ahora es un hombre que aprendió a vivir sin él… que casi no lo conoce.
Pero, ¿cómo se recupera el tiempo perdido? ¿Cómo se vuelve a ser padre cuando ya se llegó demasiado tarde?
Emotiva, profunda y conmovedora, Cuando despierte es una historia sobre el amor, la ausencia y la desesperada necesidad de aferrarnos a quienes más amamos antes de que sea tarde.
Gustavo Otero nació en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Desde niño sintió una profunda curiosidad por la literatura, aunque se mantuvo lejos del mundo editorial. Se recibió de Licenciado en Comercialización en la UADE. Ya de adulto, cuando el trabajo se lo permitía, escribía poesías y asistía a distintos talleres literarios. Empresario, amante de su familia y obsesivo de los pequeños gestos cotidianos, encontró en la literatura una manera de nombrar aquello que muchas veces no puede decirse con palabras. Cuando despierte es su primera novela publicada, con la que debuta en el mundo literario, fruto de la apuesta al deseo por escribir.

Compartimos con nuestros lectores el comienzo de esta entrañable historia
CAPÍTULO 1
EL DIAGNÓSTICO
Esa tarde parecía una más entre tantas. Al menos para mí.
Los días no eran muy diferentes entre sí: me despertaba, jugaba con mi hijo, a veces lo llevaba al jardín — otras veces lo hacía su madre— y me iba directo al trabajo. Mientras viajaba en el subte, solía mirar las fotos del fin de semana. Flor y Bauti eran lo más importante de mi vida. Vernos felices era suficiente para llegar al trabajo con una sonrisa.
Buenos Aires es una ciudad hermosa, pero tiene un ritmo implacable: si no lo seguís, te pasa por arriba. La foto del último cumpleaños de Bauti, apoyada en mi escritorio, me daba el aire suficiente para seguir.
Al volver a casa del trabajo, agotado y desgastado, su carita lo cambiaba todo. Cada vez que llegaba, Bautista exclamaba: «¡Llegó papá!», y me pedía que jugáramos — a la lucha, las cosquillas, cantar y bailar—. Entonces dejaba todo y me convertía, por un ratito, en el niño que fui, o en el que me hubiera gustado ser. Por un instante, el tiempo parecía detenerse, lo suficiente para entender que todo el esfuerzo del día había valido la pena.
La risa de Flor, desde la cocina, mientras jugábamos a las cosquillas, se mezclaba con la nuestra como una música que parecía envolver toda la casa.
Esa tarde llevaba unos análisis al médico que me atendió prácticamente desde que nací, un médico de familia, de esos que ya casi no existen. El último análisis de sangre no había salido del todo bien, así que me pidió algunos estudios más específicos. Según él, era solo por precaución… aunque en su voz había algo que no me había terminado de tranquilizar.
Miró los resultados con un gesto de gravedad que nunca le había visto. Se acomodó en la silla y volvió a revisar los estudios, de atrás para adelante y de adelante para atrás, como si mover los papeles pudiera cambiar el resultado. Levantó levemente la vista para mirarme di recto a los ojos.
—Manuel —comenzó el doctor, aclarando la garganta—. Los estudios no son buenos.
Golpeteó sus dedos nerviosos en el escritorio. Yo me quedé en silencio. No por respeto: por pánico.
—En realidad, nada buenos. Tenés una enfermedad rara, en un estado avanzado. No tiene cura.
Lo miré casi suplicando.
—Marcos… no puede ser. Me siento bien. Con lo adelantado que está todo, seguro hay algún tratamiento posible.
Sus ojos estaban un poco lagrimosos.
—No, Manuel. En este caso no.
CAPÍTULO 2
EL BANCO DE LA PLAZA
Al salir del consultorio, miré por primera vez al cielo en todo el día. Estaba azul, despejado, con un sol de septiembre que acariciaba la piel. Pensé en lo increíble que es no mirarlo más seguido.
Me senté en un banco de la plaza. A unos metros, los nenes jugaban y sonreían con esa alegría simple y genuina de la infancia; un poco más atrás, los padres miraban el celular, en otro mundo. Ese momento dura tan poco: es un instante fugaz antes de que dejen de sonreír así. Ellos todavía no sabían que la vida, un día cualquiera, puede cambiar para siempre.
Pensé en Bauti y sentí esa alegría inmensa que siempre me provocaba, pero ahora venía mezclada con una tristeza que antes no estaba. También pensé en Flor; después de tanta vida y proyectos juntos, no podía concebir que el destino escribiera el final de nuestra historia de una forma tan cruel y repentina.
Retumbaban en mi cabeza las palabras de Marcos: "Con suerte, podés vivir uno o dos años más". Justo ahora, cuando mi vida empezaba a acomodarse, cuando por fin me sentía feliz. Siempre viví apurado, y ahora daría cualquier cosa por volver el tiempo atrás y vivirlo más despacio.
Me levanté del banco y empecé a caminar sin rumbo.










