El Niño se fortalece y enciende las alarmas
Con anomalías oceánicas que superan los 2,1 °C en el Pacífico ecuatorial y picos de 3,9 °C frente a las costas de Ecuador, Perú y Chile, el fenómeno climático actual podría convertirse en el más intenso desde 1950.

El actual fenómeno de El Niño atraviesa un periodo de calentamiento sostenido y fortalecimiento continuo. Las anomalías de temperatura en el Pacífico ecuatorial han superado los 2,1 °C, situando oficialmente al evento en la categoría de "fuerte a muy fuerte", mientras que las regiones costeras adyacentes a Ecuador, Perú y el norte de Chile experimentan anomalías extremas que alcanzan los 3,9 °C. Según los registros sistemáticos que comenzaron en 1950, este evento tiene el potencial de convertirse en el fenómeno de El Niño más intenso jamás registrado.
Estas condiciones oceanográficas están alterando activamente los patrones de circulación atmosférica, provocando tormentas severas y precipitaciones de intensidad excepcional. Ya son visibles impactos inmediatos en importantes cuencas hidrográficas. El caso más dramático es el del río Iguazú, cuyo nivel ha aumentado de 18 a casi 26 metros.
Este lunes, el acceso al Parque Nacional Iguazú, en Misiones, quedó suspendido temporalmente por la crecida del río, cuyo caudal se triplicó en menos de 48 horas. En las Cataratas se registraron más de 12.000 metros cúbicos de agua por segundo, casi nueve veces el promedio habitual. La Intendencia del parque y la concesionaria Iguazú Argentina activaron un protocolo preventivo para proteger a visitantes y trabajadores, y ya se había desmontado la pasarela que conduce a la Garganta del Diablo para evitar daños ante posibles crecidas extraordinarias.
El aumento del caudal está asociado a las intensas lluvias en la región de la Triple Frontera y la cuenca alta del Iguazú, vinculadas con El Niño. Se prevé que el alcance geográfico del evento —que actualmente afecta al sur de Brasil, Paraguay y Misiones— se extienda hacia el Noroeste, los Bajos Submeridionales, el norte de Santa Fe, Corrientes y Entre Ríos. El fenómeno se intensificará hasta finales de año, persistirá durante el primer trimestre del año siguiente y llegará finalmente al norte de la Patagonia.
El fantasma de la inundación de 1982-1983
Para los habitantes de nuestra ciudad, estas noticias resuenan con una carga histórica particular. La ciudad fue escenario de una de las catástrofes hídricas más graves de la historia argentina, y los paralelismos con el evento actual son inquietantes.
El desastre se desencadenó el 28 de julio de 1982, poco después de las 15. El dique regulador del río Negro en su desembocadura en el río Paraná colapsó, cediendo varias de sus compuertas ante la presión de una creciente histórica. El río Paraná alcanzó un registro histórico de 8,6 metros en el Puerto de Barranqueras, y el pico máximo de la inundación llegó a los 50,7 metros M.O.P., mientras que el área urbana del Gran Resistencia se asienta naturalmente entre las cotas de 47 y 51 metros.
Las consecuencias fueron devastadoras. Se contabilizaron aproximadamente 40.000 personas evacuadas durante el período crítico. Miles fueron alojadas en escuelas, galpones urbanos y albergues durante meses, viviendo en condiciones críticas de hacinamiento. Se organizó un éxodo transitorio de más de 4.000 niños hacia otras provincias para aliviar la saturación de los albergues locales.
Las aguas cubrieron aproximadamente el 70% del Gran Resistencia y la inundación se prolongó durante 13 meses, hasta mediados de 1983. El sistema educativo colapsó temporalmente: se cerraron 225 escuelas, dejando a unos 23.000 alumnos sin clases. Los barrios más afectados incluyeron Mujeres Argentinas, Villa Río Negro, Las Malvinas, San Cayetano Prolongación y Provincias Unidas, entre otros de la zona ribereña y baja. Se produjeron tomas de viviendas de complejos habitacionales oficiales aún no habitados, y surgieron nuevos asentamientos precarios.
Se iniciaron investigaciones y procesos judiciales contra las empresas responsables del diseño y ejecución del dique —inaugurado apenas cuatro años antes, en 1978—, pero no se logró probar la negligencia de manera concluyente. Las pérdidas económicas fueron evaluadas en cifras muy elevadas para la época, afectando no solo la infraestructura urbana, sino también el comercio, la renta del suelo y la dinámica social de la región.
Lecciones para el presente
La historia de 1982-1983 marcó un antes y un después en la planificación urbana, la gestión de riesgos y la memoria colectiva de los chaqueños. Sin embargo, el actual evento de El Niño plantea desafíos que exceden las fronteras provinciales y requieren una coordinación regional sin precedentes.
Los umbrales de clasificación son claros: una anomalía superior a 0,5 °C en el Pacífico ecuatorial confirma la presencia del fenómeno; por encima de 2,0 °C indica un evento fuerte a muy fuerte. Las lecturas actuales —más de 2,1 °C sostenidos en el Pacífico ecuatorial y 3,9 °C en aguas costeras— sitúan firmemente al evento en curso en la categoría superior.
Las graves anomalías térmicas están provocando cambios inmediatos en la circulación atmosférica y en la hidrología local, con impactos ya observados en las cabeceras de las cuencas del Paraná y del Río de la Plata. La trayectoria de expansión geográfica sigue una secuencia de varias etapas, desde las zonas de impacto inicial hasta territorios regionales más amplios.
Mientras el río Iguazú desborda y las autoridades monitorean las cuencas, la sombra de 1982 se cierne sobre la región. La diferencia, quizás, esté en la preparación: los protocolos preventivos, las inspecciones de infraestructura y la conciencia pública sobre los riesgos de El Niño podrían marcar la diferencia entre una crecida controlada y una catástrofe repetida. La memoria de Resistencia, sumergida durante 13 meses, es un recordatorio de que la naturaleza no olvida, y que la planificación urbana y la gestión de riesgos son herramientas indispensables para enfrentar lo que se avecina.
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