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Negocio, votos y “seguridad jurídica”

Brasil prohíbe las apuestas online en el tramo final de la campaña

Ya entró en vigencia, agregando tensión a una elección que sigue abierta entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro.

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   La medida alcanza a las plataformas digitales y a su publicidad, pero también a los acuerdos comerciales con clubes de fútbol, medios e influencers, y abre una discusión sobre los contratos firmados antes de que la norma entrara en vigor.

   Desafiado por una diferencia estrecha con su rival, Lula anunció medidas de impacto social y financiero en la semana final de los comicios. La interdicción de las apuestas online es una de ellas. Se trata de un negocio extraordinario, responsable de un importante endeudamiento de una parte de la población carente de recursos. De acuerdo con una mayoría de encuestas y con el cálculo del propio gobierno, su impacto electoral sería favorable para el oficialismo; aunque el Financial Times opinó lo contrario.

   Según el analista político Eduardo Sincovsky, la decisión le permite al oficialismo recuperar iniciativa en un asunto que reúne respaldo social debido al daño que ha causado entre familias y jóvenes, aunque su impacto electoral dependerá de la reacción de los votantes todavía indecisos. "El 75% de los brasileños apoyan que hay que hacer algo con las apuestas", afirmó. Para el analista, ese consenso explica que el Gobierno intente presentar la medida como una respuesta a una preocupación extendida, pero advirtió que su puesta en práctica plantea interrogantes. "El tema es cómo se hace esto y qué implicaciones legales podría tener", señaló.

   El especialista vinculó el crecimiento de las apuestas online con el endeudamiento de los usuarios, aunque diferenció ambos fenómenos. "Apuestas es el síntoma, pero no es solo por apuestas", expresó, y mencionó la necesidad de abordar también la educación financiera. Citó estimaciones sobre el dinero que pierden los usuarios brasileños: "Los brasileños pierden aproximadamente u$s 60 mil  millones en apuestas". Esa cifra alimenta el debate sobre el destino de esos recursos y sobre la capacidad de la prohibición para resolver el problema de fondo.

   El impacto económico se hace visible sobre todo en el fútbol. Sincovsky estimó que las plataformas aportan cerca de u$s 1.000 millones al fútbol de Brasil, una suma equivalente a alrededor del 8% de los ingresos del sector. El analista relativizó que esos acuerdos definan el rendimiento de los equipos.  "Brasil salió cinco veces campeón del mundo sin apuestas", sostuvo.

   Los clubes encabezan la presión contra la medida, junto con los influencers, que perderían una fuente de ingresos relevante por la prohibición de publicitar esas plataformas. "Tenés todos los influenciadores digitales que se les corta una fuente de ingresos muy grande", indicó. El debate por la seguridad jurídica atraviesa a ambos sectores. "Cuánto esto rompe contratos que estaban en vigor y qué pasa con eso", planteó.

   La retirada de las casas de apuestas como patrocinadoras de clubes se hace cada vez más visible. El Coritiba fue abandonado por las casas de apuestas, y otros clubes grandes y medianos también. En la Serie B, apenas quedó algo. El patrocinio, que parecía como salvación, se convirtió en desierto. Mientras tanto, el mercado de las apuestas facturó 60 mil millones de reales y emplea apenas 5 mil personas.

   Es una máquina de succionar ingresos que no devuelve casi nada en empleos, no mueve el comercio de las ciudades, no construye nada. El dinero que podría circular en la panadería, en el bar, en la tienda del barrio se va por el desagüe digital y desaparece en el extranjero. A esto se suman las vidas perdidas o destruidas por la adicción: familias endeudadas, jóvenes que apostaron su salario, gente que lo perdió todo intentando recuperar lo que nunca volverá. Y están los influencers con millones de seguidores, que en las apuestas encontraron el plato lleno para hacerse millonarios.

   La autorregulación no llegó. Al contrario: cada día más exposición, más propaganda, más normalización. Los jóvenes ven en las apuestas una forma de hacerse ricos, cuando es exactamente lo contrario: es el camino más rápido hacia la pobreza. Con las apuestas, la sociedad perdió dinero, perdió salud mental, perdió dignidad. Cuanto antes ponerle fin a este mercado, mejor, sostienen quienes advierten sobre su impacto social y económico.

  Pero hay otra mirada que no puede ignorarse. Brasil llevó años debatiendo cómo regular las apuestas deportivas. El Congreso aprobó, el gobierno reguló, las empresas pagaron para operar legalmente en el país, hicieron inversiones y comenzaron a cumplir reglas de fiscalización, tributación y protección al consumidor. No se puede crear una regla, llevar a empresas e instituciones a asumir compromisos basados en ella y, de la noche a la mañana, cambiar todo el marco regulatorio.

   Ninguna regulación es intocable. Si hay problemas, las reglas necesitan ser perfeccionadas. Si deben ser más estrictas, que lo sean. Quien incumpla la ley debe ser castigado. Pero hay una diferencia fundamental entre perfeccionar una regulación y simplemente desmantelarla. Esto es una cuestión de seguridad jurídica. Y la seguridad jurídica no solo interesa a las empresas de apuestas. Interesa a cualquier persona, empresa o institución que invierta, contrate y haga planes a largo plazo en Brasil confiando en las reglas establecidas por el propio Estado.

   El cambio golpea de lleno al deporte brasileño. Una decisión de esa magnitud afecta al fútbol profesional, las categorías de base, el fútbol femenino, los deportes olímpicos y los campeonatos. No se afectan solo los clubes: es una cadena que recibe un impacto inmediato, con empleos directos e indirectos, empresas de comunicación, marketing y tecnología, proveedores, arenas, prestadores de servicios y toda una cadena económica.

   También perjudica la recaudación pública. El mercado regulado genera recursos mediante impuestos y las destinaciones previstas en la ley, que llegan a los cofres públicos y se destinan a áreas de interés para la sociedad. Enflaquecer el mercado legal puede producir una combinación especialmente mala: menos recursos para el deporte y menos recaudación para el país.

   ¿Y el brasileño quedará ahora más protegido? Esa tal vez sea una de las preguntas centrales. Prohibir a las empresas que operan legalmente no significa acabar con las apuestas, ni acabar con la urgencia económica de los usuarios. El juego no desaparece y el mercado clandestino, que representa una porción significativa de la actividad, crecerá y ocupará ese espacio.

   Una investigación del Instituto Locomotiva, realizada en mayo de 2026 en todo el país con 2.291 apostadores, señala la presencia relevante de prácticas asociadas al mercado ilegal. Un estudio de LCA Consultores, basado en esa investigación, estima que entre el 38% y el 44% del valor apostado en línea en Brasil ocurre actualmente en plataformas clandestinas. La participación estimada del mercado ilegal cayó después de la regulación, pasando del 41%-51% en 2025 al 38%-44% en el primer semestre de 2026. El juego no va a terminar con un plumazo. Lo que termina es la parte que Brasil logra regular, fiscalizar, tributar y responsabilizar.

   En el plano electoral, la prohibición irrumpió mientras las encuestas mostraban una diferencia acotada en la primera vuelta y paridad ante una eventual segunda. Sincovsky afirmó que el promedio de los sondeos ubica a Lula cuatro puntos por delante de Bolsonaro, con 40% frente a 36%. Entre el 20% y el 25% de los votantes permanece indeciso. Los candidatos de derecha ajenos a Bolsonaro reúnen entre 12% y 14% de intención de voto, y parte de ese electorado podría concentrarse en el postulante de la derecha en los últimos días.

   El debate televisivo aparece como uno de los eventos capaces de modificar la campaña. Bolsonaro confirmó su participación, mientras que Lula todavía no había resuelto si asistirá. El candidato de derecha busca ampliar su respaldo entre las mujeres con mensajes centrados en su vida familiar. Los evangélicos tienden a respaldar en mayor medida a Bolsonaro, mientras que los católicos se inclinan más por Lula. El cansancio por la polarización también puede elevar la abstención. "La polarización cansó, pero no se resolvió", afirmó Sincovsky. El comportamiento de los indecisos y la respuesta social a la prohibición de las apuestas online serán dos de los factores que marcarán el cierre de una elección todavía sin un resultado definido.

   Brasil necesita combatir el juego ilegal. Necesita proteger a su población. Pero también necesita preservar la seguridad jurídica, la capacidad de inversión y la sostenibilidad de sus instituciones deportivas. El deporte brasileño no puede ser debilitado por una decisión que no elimina el juego, no elimina el mercado ilegal y aún pone en riesgo las inversiones, los empleos y los compromisos construidos dentro de las reglas que el propio país estableció.

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