Apuestas online, amenazas y una infancia atravesada por el juego ilegal
Lucio tenía apenas 12 años cuando recibió una propuesta por Instagram: convertirse en "cajero" de un casino online.

A cambio de vender fichas virtuales, se quedaría con una comisión. Nadie le pidió documentos. Cinco días después, en lugar de venderlas, las jugó. Cuando no pudo pagar la deuda, comenzaron las amenazas: primero a él, luego a sus tías y a sus padres.
"Recibimos mensajes intimidantes que advertían que Lucio debía plata y había estafado a alguien. Nos decían: ‘No saben con quién se metió’", cuenta Mariano, su padre. Así comenzó una pesadilla para esta familia de zona norte, que siempre fomentó el deporte y los hábitos saludables.
Lucio ya estaba en terapia, pero el segundo episodio, cuatro meses después, los alertó aún más. Había empezado a apostar otra vez, esta vez desde una billetera virtual que usaba para pagar el almuerzo escolar. Un compañero del colegio le compartió un link, y la presión grupal hizo el resto. Con un vuelto, compró fichas, ganó 300 mil pesos y se obsesionó con gastar esa plata jugando.
La situación llegó a tal punto que, en una cena familiar, seguía haciendo apuestas desde su celular. "Nos dimos cuenta de que ya no era solo un juego, sino una compulsión", cuenta Pilar, su madre.

Los padres buscaron más ayuda profesional. Sumaron a una psiquiatra y reforzaron los controles en el hogar. Instalaron la app *Family Link* para gestionar los dispositivos, restringieron redes sociales y limitaron el uso de billeteras virtuales. "Lucio a veces se enoja, dice que es el único chico al que los padres le revisan el celular. Pero entendimos que darles acceso a la tecnología también es una responsabilidad nuestra", reflexiona Pilar.
El caso de Lucio no es aislado. Desde la pandemia, aumentaron los chicos que acceden a apuestas online. Aunque solo está permitida a mayores de 18 años, muchos menores ingresan fácilmente a través de casinos ilegales. Se los capta por redes sociales como Instagram y TikTok, con promesas de dinero fácil o invitaciones a participar de supuestos "emprendimientos".
Una encuesta de Opina Argentina realizada en 2024 reveló que el 16% de los jóvenes entre 16 y 29 años apuesta online con regularidad. Pero en los consultorios, los casos empiezan a aparecer desde los 12 años. "Hay chicos que piden ayuda. Una vez, uno me dijo: ‘No quiero ser adicto’", cuenta Silvia Ongini, psiquiatra infantojuvenil del Hospital de Clínicas. Para ella, hablar de "ludopatía" en estas edades es riesgoso. Prefiere el término "conductas de riesgo", más abordables y menos estigmatizantes.
Lucrecia Morgan, psicóloga especializada en adolescentes, compara este fenómeno con el grooming: "Captan a los chicos, los presionan, los amenazan y muchos sienten que no pueden contarle a nadie. El nivel de manipulación emocional es muy alto".
Eso fue lo que vivió Lucio cuando, tras perder dinero del casino, lo amenazaron con crear un perfil falso en redes sociales. Llegaron a hacerlo, publicando mentiras sobre él. En paralelo, intentaban dar con su familia contactando a personas con su mismo apellido. Así fue como llegaron a Mariano, quien terminó hablando por teléfono con los responsables.
"Me dijeron que eran cajeros también, que tenían jefes. Lejos de sonar como mafiosos, parecían convencidos de tener un negocio legal. Me hablaron de una deuda de 5000 dólares. Cuando les dije que Lucio tenía 12 años, respondieron: ‘Pensamos que era un poco más grande’", recuerda.
Tras una pausa en la comunicación, los extorsionadores dejaron de reclamar. Mariano y Pilar evaluaron hacer una denuncia, pero un abogado les advirtió que podría ser una experiencia muy violenta para Lucio, que tendría que declarar. No lo hicieron, pero la sensación de impunidad persiste.
El abogado Víctor Portillo, experto en cibercrimen, sostiene que denunciar sigue siendo importante: "Aunque los menores sean inimputables, la Justicia puede ir contra las redes de adultos que los captan como cajeros. La denuncia puede hacerse en fiscalías, juzgados o comisarías, pero los chicos serán citados a declarar".
El fenómeno avanza en silencio en escuelas, casas, viajes y reuniones. Muchos padres, como los del curso de Lucio, lo saben pero prefieren no hablar del tema. "Cuando se comparte información en el grupo de WhatsApp, todos dicen ‘qué barbaridad’, pero nadie se hace cargo", lamenta Pilar.
Hoy, Lucio sigue en tratamiento y su familia intenta reconstruir la confianza. "Aprendimos que la clave es el diálogo. Hay que hablar con los chicos, mostrarles los riesgos, consultar a profesionales y no mirar para otro lado", aconseja Mariano. "Si sabés que un chico apuesta, hablá con sus padres. No me perdonaría enterarme después de que terminó mal y no hice nada".
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