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Caerse no es normal

Caídas en adultos mayores: por qué ocurren y cómo anticiparlas con pruebas simples

Muchas personas desarrollan el llamado "síndrome poscaída", caracterizado por el temor de volver a caer.

Una de cada tres personas mayores de 70 años sufre al menos una caída al año, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). El dato no es menor: las caídas son la segunda causa de muerte por lesiones no intencionales en el mundo y provocan cerca de 684.000 muertes anuales, además de millones de lesiones que requieren atención médica.

Más allá de las cifras globales, los especialistas insisten en un punto clave: envejecer no implica necesariamente caerse. El osteópata y licenciado en kinesiología, Eladio Vecchi (MN 9151), afirma que "caerse no es normal; es frecuente, pero no inevitable".

La prevención sirve para no vivir con miedo y conservar la autonomía el mayor tiempo posible.

Un problema de salud pública

Más de uno de cada cuatro adultos mayores de 65 años se cae cada año, y una sola caída duplica las probabilidades de sufrir otra. Además, las caídas son la causa más frecuente de traumatismo de cráneo y están detrás de gran parte de las fracturas de cadera en este grupo etario.

Sus consecuencias no se limitan a lo físico. Después de un episodio, muchas personas desarrollan el llamado "síndrome poscaída", caracterizado por el temor a volver a caer. Ese miedo suele derivar en una reducción de las actividades cotidianas, menor movilidad, mayor dependencia y, en algunos casos, ansiedad o depresión.

caidas vejez

Causas más frecuentes

El riesgo de caer casi nunca depende de un solo factor sino de la combinación de varios. Entre los más habituales se encuentran:

  • Pérdida de fuerza y masa muscular, sobre todo en las piernas.
  • Problemas de equilibrio o del sistema vestibular.
  • Alteraciones visuales.
  • Menor sensibilidad y peor percepción de la posición del cuerpo.
  • Reflejos más lentos.
  • Consumo de medicamentos que generan mareos o inestabilidad.
  • Riesgos del entorno, como alfombras sueltas, mala iluminación o pisos irregulares.

La OMS coincide en que la inactividad física, la pérdida de equilibrio, ciertos fármacos, la visión disminuida y los ambientes inseguros son los principales factores que elevan el riesgo en la vejez.

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La evidencia demuestra que el ejercicio reduce el riesgo de caídas (foto: Adobe Stock).

Estrategias básicas

Una revisión sistemática publicada este año concluyó que las estrategias de prevención son más efectivas cuando combinan distintos componentes: evaluación del riesgo, ejercicio y modificaciones del entorno. Los programas que trabajan marcha, equilibrio, fuerza y resistencia mostraron los mejores resultados. A partir de esa evidencia, los especialistas recomiendan cinco líneas de acción:

  1. Trabajar fuerza y equilibrio, con ejercicios funcionales, de marcha y fortalecimiento.
  2. Revisar los riesgos del hogar, retirando obstáculos y mejorando la iluminación.
  3. Revisar la medicación junto a un profesional de salud, ya que algunos fármacos afectan el equilibrio.
  4. Cuidar la salud visual y de los pies, incluyendo el uso de calzado adecuado.
  5. Realizar una evaluación individual del riesgo, especialmente si la persona ya sufrió una caída o tiene dificultades para caminar.

Medidas concretas para el hogar

Entre los cambios más recomendados para reducir el riesgo en el día a día figuran: retirar alfombras y cables que puedan generar tropiezos, mejorar la iluminación en pasillos y el camino al baño, colocar barras de apoyo en la ducha y junto con el inodoro, evitar pantuflas inestables y consultar a un profesional ante mareos, debilidad o una caída reciente.

"Lo ideal es enemigo de lo bueno. No hace falta hacerlo perfecto. Pero sí empezar", plantea Vecchi. La recomendación aplica tanto para quienes ya atravesaron una caída como para quienes empiezan a notar que les cuesta levantarse o que caminan con más inseguridad.

La prevención, coinciden los especialistas, no se trata de vivir con miedo sino de sostener la autonomía el mayor tiempo posible. En ese sentido, una silla, un reloj y 15 segundos pueden aportar información valiosa sobre el estado físico de una persona mayor.

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Las caídas no son inevitables: muchas pueden prevenirse con medidas simples (foto: Adobe Stock).

El test de 15 segundos que puede anticipar una caída

Entre las herramientas más utilizadas para evaluar el riesgo aparece el Chair Stand Test, o prueba de sentarse y pararse de la silla. Su ejecución es simple:

  1. Sentarse en una silla con la espalda apoyada.
  2. Levantarse y volver a sentarse cinco veces seguidas, sin usar los brazos.
  3. Hacerlo lo más rápido posible, cronometrando el tiempo total.

Para interpretar el resultado debe evaluarse que, si se tarda más de 15 segundos en completarlo, o no se puede completar, puede ser una señal de alerta. Distintos estudios respaldan esta lectura: una investigación encontró que un desempeño superior a los 15 segundos se asocia con mayor riesgo de caídas repetidas, mientras que otro trabajo señala que ya desde los 12 segundos conviene profundizar la evaluación.

"No es solo un test de fuerza. Es un indicador de independencia futura", resume el especialista consultado. El tiempo que demora una persona en levantarse y sentarse varias veces da pistas sobre la reserva física disponible para responder ante un tropiezo o una exigencia cotidiana, como subir escaleras.

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(Fuente: argentina.gob.ar / medicinaysaludpublica.com)

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