La deuda ya no es solo una cifra: enferma y mata
La deuda de los hogares argentinos dejó de ser una cuestión exclusivamente financiera para convertirse en una emergencia sanitaria.

Este año, más de 20,6 millones de personas figuran en los registros del sistema de deuda, de las cuales alrededor de 5,9 millones están en mora. Lo más grave es que la cifra de deudores considerados irrecuperables, aquellos con más de un año de atraso, casi se duplicó y ya alcanza a entre 3,5 y 3,8 millones de personas. Detrás de esos números hay cuerpos que se enferman, mentes que se quiebran y familias que se endeudan para sobrevivir.

El fenómeno tiene un rostro joven y digital. Las billeteras virtuales pasaron de tener una morosidad del 7,3 por ciento en noviembre de 2024 al 29,6 por ciento en mayo de 2026. Entre los menores de 34 años, el 72,6 por ciento de los deudores concentra sus deudas en esas aplicaciones. En el segmento de 15 a 29 años, la morosidad irrecuperable creció un 87 por ciento interanual. Muchas de esas deudas son por montos pequeños: casi el 40 por ciento debe menos de un salario mínimo y un 17 por ciento debe menos de 100.000 pesos. Es decir, sumas que deberían ser manejables están desencadenando impagos sistémicos y un acoso financiero permanente.

Ese acoso es el motor del daño sanitario. Llamadas diarias, contacto con familiares, vecinos o compañeros de trabajo, amenazas y presión constante activan un estrés crónico que libera cortisol y catecolaminas. El organismo entra en una estado de alerta permanente que agrava enfermedades preexistentes y provoca otras nuevas. El corazón sufre hipertensión, arritmias, angina e incluso el llamado síndrome del corazón roto. El sistema endocrino se descompensa, la diabetes se dispara y la tiroides se altera. El aparato digestivo responde con gastritis, úlceras y colon irritable. Las defensas bajan, el asma se agrava y la salud mental se deteriora con ansiedad, depresión, insomnio e ideación suicida. Varias de estas condiciones pueden llevar a la muerte.
La crisis también presiona sobre el sistema de salud. Más de 742.000 argentinos perdieron su obra social o medicina prepaga en los últimos dos años y debieron recurrir a hospitales públicos ya sobrecargados. Las internaciones por salud mental aumentaron un 42 por ciento entre 2023 y 2026, y las consultas ambulatorias crecieron un 23 por ciento en el último año. Al mismo tiempo, el costo de las consultas y los medicamentos empuja a abandonar tratamientos. El 24,1 por ciento de las personas postergó consultas médicas por falta de fondos, el 18,1 por ciento dejó de comprar medicamentos necesarios y el 30,2 por ciento tuvo que endeudarse para pagar atención médica. La deuda enferma y la enfermedad endeuda: un círculo vicioso.

El vínculo entre insolvencia y suicidio ya no admite discusión. Desde 2017, los suicidios en la Argentina aumentaron un 57,6 por ciento y en 2025 alcanzaron los 5.209 casos. Solo en ese año el incremento fue del 22,6 por ciento, el mayor registrado. La tasa actual es de 11,8 muertes por cada 100.000 habitantes, por encima del promedio mundial de la Organización Mundial de la Salud, que es de 9,1. El suicidio es hoy la principal causa de muerte violenta del país y la primera causa de muerte entre personas de 15 a 34 años. Mientras tanto, las denuncias por prácticas abusivas y acoso de agencias de cobranza se triplicaron. La evidencia internacional refuerza el diagnóstico: en Suecia, quienes tienen deudas impagas registradas presentan un riesgo de suicidio 2,5 veces mayor; en el Ejército de Estados Unidos, las deudas y las gestiones de cobranza fueron la segunda causa de suicidio entre reservistas; en el Reino Unido, el 49 por ciento de las personas con retrasos múltiples tuvo pensamientos suicidas.
La ley argentina prohíbe el acoso y exige orden judicial para embargar, pero esas protecciones son sistemáticamente ignoradas. Mientras la ejecución presupuestaria del Programa Nacional de Salud Mental fue de apenas el 31,2 por ciento en 2025, su nivel más bajo desde 2017, millones de personas siguen pagando sus deudas con la salud y, en los casos más extremos, con la vida. Abordar el sobreendeudamiento como una simple cifra económica es ignorar una realidad clínica documentada. La deuda, cuando es inmanejable y va acompañada de hostigamiento, ya no se paga con dinero: se paga con el cuerpo y con la muerte.
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