Una familia atravesada por el terrorismo de Estado
Secuestros, desapariciones, asesinatos y la apropiación de un niño atravesaron a distintas generaciones de una familia cuya tragedia se convirtió también en un símbolo de la lucha del "Nunca Más".
La historia de la familia Molfino constituye uno de los capítulos más dolorosos del terrorismo de Estado en la Argentina. Radicados en Resistencia y comprometidos con la militancia política y social, varios de sus integrantes fueron perseguidos durante la última dictadura cívico-militar instaurada el 24 de marzo de 1976. Secuestros, desapariciones, asesinatos y la apropiación de un niño atravesaron a distintas generaciones de una familia cuya tragedia se convirtió también en un símbolo de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia.

Una familia comprometida
Aunque Marcela Esther Molfino nació en Buenos Aires en 1952, desde muy pequeña se vino a vivir junto a su familia a Resistencia. Estudió en el Colegio Nuestra Señora de Itatí y creció en un hogar donde la militancia peronista y el compromiso con la realidad social formaban parte de la vida cotidiana. Su compañero de vida, Guillermo Amarilla, chaqueño y reconocido dirigente de la Juventud Peronista, compartía ese mismo compromiso político. Ambos se conocieron en la militancia, se casaron en 1973 y tuvieron tres hijos durante su exilio en Francia.
El terrorismo de Estado golpea a los Molfino
En mayo de 1979 regresaron al país, y el 17 de octubre Guillermo fue secuestrado en Ramos Mejía y, ese mismo día, Marcela fue capturada en su vivienda de San Antonio de Padua mientras se encontraba junto a sus tres hijos pequeños. Embarazada de apenas un mes, fue trasladada a centros clandestinos de detención, donde permaneció cautiva. Los niños fueron entregados días después a su abuela paterna en Resistencia.
Las investigaciones judiciales y los testimonios de sobrevivientes permitieron reconstruir que la pareja habría permanecido detenida primero en la ESMA y luego en Campo de Mayo. Allí, en junio de 1980, Marcela dio a luz a un varón, quien fue separado de su madre y apropiado ilegalmente. Tanto ella como Guillermo continúan desaparecidos.
La persecución contra los Molfino no terminó allí. Noemí Esther Gianetti de Molfino, madre de Marcela e integrante de Madres de Plaza de Mayo, emprendió una intensa búsqueda de sus hijos y nietos. En junio de 1980 fue secuestrada en Lima, Perú, durante un operativo del Plan Cóndor. Un mes después apareció asesinada en Madrid por integrantes del Batallón de Inteligencia 601 de Argentina, con la complicidad y el encubrimiento de las autoridades españolas, brasileñas, bolivianas y peruanas, con conocimiento de los Estados Unidos.
La identidad recuperada
Durante casi tres décadas, el cuarto hijo de Marcela y Guillermo desconoció su verdadera identidad. Recién en 2009, gracias al testimonio de una sobreviviente de Campo de Mayo que reveló el nacimiento de un bebé en cautiverio, la investigación dio un giro decisivo. La incorporación de nuevas muestras genéticas permitió confirmar que aquel joven era hijo de la pareja desaparecida.

El reencuentro con sus tres hermanos y el resto de su familia se convirtió en uno de los casos emblemáticos de restitución de identidad en la Argentina. Años después, Guillermo Amarilla Molfino declararía en un juicio por delitos de lesa humanidad que durante mucho tiempo convivió con preguntas sin respuesta y que recuperar su verdadera historia le permitió "enamorarse de la vida, a pesar del dolor". Desde entonces participa activamente en la búsqueda de otros nietos y nietas apropiados durante la dictadura.
Memoria que permanece
La tragedia de los Molfino también dejó al descubierto las múltiples formas que adoptó el aparato represivo. Años después se conoció que Julio César Marturet, quien durante años fue amigo íntimo de la familia e incluso novio de Marcela, integró la red de espionaje civil vinculada al Batallón de Inteligencia 601. Para los Molfino, aquella revelación significó comprender que la infiltración había comenzado mucho antes de los secuestros y que la confianza depositada en un allegado pudo haber contribuido a la persecución que sufrió la familia.

Hoy, el nombre de Marcela Esther Molfino identifica un espacio público ubicado frente al colegio donde cursó sus estudios en Resistencia. El homenaje no sólo recuerda a una joven militante desaparecida, sino también a una familia que sufrió en carne propia el terrorismo de Estado. Su historia permanece como un testimonio de los crímenes cometidos durante la dictadura y como un compromiso permanente con la memoria, la verdad y la justicia.
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