Cómo la ciencia ayudó a recuperar la identidad de los nietos robados
Un vistazo a los fundamentos científicos y el contexto histórico-ético en la recuperación de la identidad de los nietos robados por la dictadura cívico-militar.

Durante décadas, la búsqueda de las Abuelas de Plaza de Mayo se convirtió en un símbolo de lucha contra el olvido. En medio del dolor provocado por la última dictadura cívico-militar argentina (1976–1983), estas mujeres impulsaron una de las experiencias más innovadoras del mundo: utilizar la ciencia genética para restituir la identidad de niños apropiados ilegalmente.
Lo que comenzó como una búsqueda desesperada de sus nietos terminó generando un avance científico con impacto global.
La ciencia frente al vacío
El principal obstáculo era brutal: los padres de esos niños estaban desaparecidos. Sin cuerpos, sin registros, sin certezas. Ante esa ausencia, la genética ofreció una respuesta inesperada.
Las investigaciones se apoyaron en un componente particular de nuestras células: el ADN mitocondrial. A diferencia del ADN nuclear —que heredamos de ambos progenitores—, este tipo de ADN se transmite exclusivamente por vía materna. Es decir, pasa de abuelas a madres y de madres a hijos prácticamente sin alteraciones.
Esta característica permitió establecer un puente directo entre generaciones: aun sin la presencia de los padres, era posible comprobar con altísima precisión si una persona era nieta biológica de una mujer determinada. La ciencia, así, logró reconstruir vínculos que el terrorismo de Estado había intentado borrar.

Un avance con nombre propio
Detrás de este desarrollo hubo figuras clave de la genética internacional. La estadounidense Mary-Claire King fue pionera en aplicar el análisis de ADN mitocondrial para resolver estos casos, abriendo una puerta inédita en la identificación humana.
Junto a ella, el genetista argentino Víctor Penchaszadeh contribuyó al desarrollo del llamado "índice de abuelidad", una herramienta estadística que permitió evaluar la probabilidad de parentesco entre abuelos y nietos.
Con el tiempo, estas técnicas evolucionaron y alcanzaron niveles de precisión prácticamente absolutos, convirtiéndose en referencia mundial en genética forense.
Instituciones que hicieron historia
El trabajo científico no se limitó a casos individuales. La Argentina desarrolló estructuras institucionales que hoy son modelo en el mundo.
El Banco Nacional de Datos Genéticos fue creado específicamente para almacenar información genética de familiares de desaparecidos. Su base de datos ha sido clave para identificar a cientos de nietos.
Por su parte, el Equipo Argentino de Antropología Forense amplió el alcance de la ciencia forense, aplicando sus conocimientos no solo en el país, sino también en investigaciones internacionales sobre desapariciones forzadas.
Gracias a estos organismos, la Argentina se posicionó como líder global en la intersección entre derechos humanos y ciencia.
Más que biología: una cuestión ética
El proceso de restitución de identidad también planteó debates profundos. Uno de los más importantes es la diferencia entre adopción y apropiación.
La adopción es un acto legal basado en el cuidado, el afecto y el reconocimiento de derechos. La apropiación, en cambio, fue parte de un sistema criminal: muchos niños fueron entregados a familias vinculadas con quienes habían participado en la desaparición de sus padres.
Por eso, la restitución de identidad no es solo un acto científico, sino también un imperativo ético. El derecho a la verdad —para las familias y para la sociedad— no puede quedar subordinado a relatos construidos sobre el ocultamiento.

Ciencia al servicio de la memoria
Cada restitución es más que un dato genético: es la recuperación de una historia, de un nombre y de un origen.
La experiencia de las Abuelas demuestra que la ciencia no es neutral: puede convertirse en una herramienta poderosa para la Justicia. En este caso, permitió responder una de las preguntas más profundas que puede hacerse una persona: ¿quién soy?
Y, al mismo tiempo, dejó una lección universal: incluso frente a los intentos más extremos de borrar la identidad, la verdad puede abrirse camino.
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