Dos argentinos rumbo a la Secretaría General de la ONU
Por primera vez en la historia, dos connacionales aparecen como posibles candidatos a conducir las Naciones Unidas. Se trata de Rafael Grossi y Virginia Gamba, dos figuras con extensas trayectorias dentro del sistema internacional, perfiles distintos y un mismo objetivo: liderar la ONU cuando finalice el mandato del portugués António Guterres.

Grossi es el candidato respaldado por el gobierno de Javier Milei. Diplomático de carrera, actualmente dirige el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y tuvo un rol central en las principales crisis nucleares de los últimos años. Negoció con Vladimir Putin y Volodymyr Zelensky para evitar riesgos en centrales ucranianas y fue amenazado por Irán por su labor de control. Licenciado en Ciencias Políticas por la UCA, formado en el ISEN y doctorado en Ginebra, tiene 64 años y una alta exposición pública.
Gamba, en cambio, mantiene un perfil bajo y cuenta con el respaldo de distintos países y organizaciones. Especialista en desarme, armas químicas y protección de niños en conflictos armados, trabajó durante décadas en misiones humanitarias complejas. Fue clave en negociaciones con potencias y grupos armados para frenar masacres. Tiene una maestría en Estudios Estratégicos y una licenciatura en estudios hispanoamericanos. Hoy tiene 71 años.
Ambos se conocen desde hace años, se respetan, pero no son cercanos. Grossi representa el perfil político-diplomático; Gamba, el técnico y humanitario. Los dos integraron organismos que recibieron el Premio Nobel de la Paz: el OIEA, en el caso de Grossi, y el movimiento Pugwash, en el de Gamba.
Más allá de sus trayectorias, comparten un diagnóstico crítico sobre el presente de la ONU. Consideran que la organización atraviesa una crisis de credibilidad y protagonismo en un mundo atravesado por más de 60 conflictos armados. Para Gamba, se perdió la confianza en el diálogo y se impuso una lógica militarizada, impulsada también por la industria armamentística. "Hay que volver a poner en valor las soluciones pacíficas", sostiene.
Grossi, por su parte, reclama un liderazgo activo. "Se necesita un secretario general que vaya al frente del problema, incluso en zonas de guerra", afirma. Defensor del multilateralismo, advierte que el planeta vive una etapa de extrema tensión. En 2025 alertó que el riesgo de una escalada global podía aumentar "de 1 a 10 en segundos", una advertencia que hoy suena aún más vigente.
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