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Micrografías

El alerta insomne

24 de diciembre: desnacimiento de Rodolfo Amado Sobko, médico, ex preso político, militante y humanista. Un patriota, a toda hora.

"Amar hasta que duela".

 Santa Teresa de Calcuta

Un hombre que llega al día siguiente con la barba crecida del día anterior es el hombre donado a los demás. Esta certeza aforística la concebí observando, durante experiencias compartidas, la prédica y práctica comunitaria de Rodolfo Amado Sobko, médico, sanitarista y militante por los derechos humanos. Pertenece a una generación de activistas políticos devenida en agonistas asumido, hacía en la connotación unamuniana de los que combaten desde la vida contra la muerte y todas las formas que la muerte asume en la violencia genocida; desde la prohibición y la proscripción hasta la omisión y la desaparición, que tributaron su salario en sangre a la vida.        

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Aquel pediatra del Hospital Julio Cecilio Perrando, diplomado muy joven, oriundo de Misiones, sufrió una prisión de seis años, durante el Proceso de Reorganización Nacional, cumplida en todas las cárceles del país, en carácter de detenido político, bajo la órbita del PEN –un simulacro de Poder Ejecutivo, ilegal e inconstitucional– que condenaba al reo, sin juicio previo, a la situación satelitaria de objeto suspendido en la constelación militar. 

El retorno de las instituciones democráticas encontró a Sobko, como a centenares de militantes comprometidos en un proyecto de liberación nacional, desplegando situaciones semejantes: una familia violada, un hermano desaparecido, una sociedad escindida, compañeros irrecuperables, pérdida de patrimonio, desconfianza de sus prójimos y carencia de trabajo. 

Le costaba aceptar un país claudicante y claudicado en aspectos vitales (en 1978, un censo otorgó ganador al dictador Videla, en virtuales elecciones presidenciales, mientras la Argentina concentraba prisioneros en edificios públicos y campos clandestinos, con el acuerdo de dirigentes civiles) y que se resistía a interpretar las claves de un Bestiario organizado y una "miseria planificada", según Rodolfo JorgeWalsh, que justificó una figura sin precedentes en la jurisprudencia internacional: el desaparecido por razones forzosas. 

La medicina privada lo incorpora por un período breve, que percibe distante y extraño: la impronta corporativa comienza a distanciarlo de una perspectiva humanista templada en el crisol de un dolor intransferible. 

Realiza el intento que augura un prestigio promisorio, pero su naturaleza de hombre de ciencia, conmovida por la obscenidad de una tragedia premeditada, demanda un futuro distinto, meditado en la insularidad de los calabozos. Su conciencia exige la coherencia de restaurar una herida ontológica en el ser absorto de un ciudadano y en la conciencia perpleja de una comunidad. 

El galeno inquietado auspicia al misionero incipiente. 

Aparece la sala de servicio barrial, púlpito laico de una verdad a descubrir o tribuna libre de una memoria a revelar. El que pone su mano en el arado, y mira hacia atrás, no es digno del Evangelio, advierte Jeshúa, el hijo del carpintero de Nazareth a los pobres, los Anawim de Israel; hoy, los "Calchaí" y los "Ñeri" del Chaco. El que anota medicamentos en un recetario hecho con retazos de papel viejo, debe mirar hacia dentro de la salud pública y roturar el páramo de la burocracia.

La paciencia madura la cosecha y devuelve sus primicias: Rody, nombre del afecto de la gente, siembra en "la "salita" de Villa San Martín el surco de cada amanecer. Su semilla germina respuestas. 

Hablar del hombre, equivale a hablar de uno mismo, señala Ortega y Gasset, pues se halla a mano de nuestro juicio. Hablo de Rodolfo Amado Sobko Kolenko, y rescato, relámpagos de reminiscencias, momentos vividos y que, por su genuino valor íntimo, congrego en limitada enumeración. Las tensas vigilias en comisarías por denuncias de apremios ilegales, el cuestionamiento a un régimen disciplinario que oculta pruebas, intimida testigos y desalienta investigaciones; los informes minuciosos sobre tormentos y torturas, de exuberante desarrollo expositivo; la asistencia a huelgas de hambres, motines y asonadas carcelarios, piquetes, escraches y movilizaciones; las polémicas con autoridades oficiales y sicarios oficiosos; las marchas con sectores populares y el correlato de las represiones feroces y perversas; las denuncias públicas, explicadas y firmadas (recuerdo su memoria dactilar que reconoció con las yemas de sus dedos los arreglos posteriores a la Sala Negra y otras dependencias de la Ex Brigada de Investigaciones, de Resistencia, convertida en torturario clandestino) de los crímenes de la Dictadura Militar; el Juicio por la Verdad a los genocidas de Margarita Belén, histórico e inédito, en el cuarto piso del Banco del Chaco y las caravanas de homenaje –asistencia escrupulosa– a la homónima localidad; las conquistas del complejo escultórico de Luis Díaz Córdoba y del exedificio de Investigaciones para el Museo de la Memoria; su consecuencia indeclinable con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, la épica anónima de la Resistencia Peronista y su trabajo con las comunidades originarios en el Impenetrable chaqueño. 

Memoro a Rody durmiendo en el suelo, apenas un par de horas, en lugares insólitos, y despertar (súbito reloj biológico) para tomar su bicicleta (único transporte que le conocí) y llegar, a horario, al trabajo: en la toma de los terrenos de La Rubita, rodeados por la policía, actuando como voluntario mediador y pernoctando junto con las familias desprotegidas y en los amotinamientos de la Alcaidía, requerido, como persona de garantía, por los internos, durante jornadas dramáticas.

Y, además, al hombre atacado y afrentado. Y también, al ciudadano respetado y reconocido. Abierto al oprobio o al elogio, tolerante y respetuoso. Nunca indiferente, nunca apóstata.

Hace poco tiempo, por consenso legítimo, lo propusimos para Defensor del Pueblo. Un asesor, anticipado y elocuente emitió una lacónica definición, retrato de identidad: "Duerme poco y pregunta mucho. Eso molesta al poder".        

Honra Sobko, heredero legítimo de Esteban Laureano Maradona, Natanael Bethune, Ramón José Carrillo, Floreal Ferrara y René Gerónimo Favaloro, a ese linaje de insomnes fiscales alertas, análogos al venerable anciano Sócrates que deseaba ser el tábano que picara el lomo del caballo ateniense y despertara a sus contemporáneos. 

Siglos después, el Chaco requiere de aguijones incómodos e imprescindibles. Rody Sobko sabe, como buen médico, que la verdad duele y molesta; pero cura.     

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