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Insaciable sed de dólares

El Gobierno acelera la privatización de Nucleoeléctrica 

Se entregará el 44% del paquete accionario de la empresa estatal que opera las centrales Atucha I y II en Buenos Aires y Embalse en Córdoba a capitales privados. La medida, oficializada mediante Resolución 1751/2025, prevé que el Estado mantenga el 51% y se otorgue a los trabajadores el 5% a través de un Programa de Propiedad Participada.

   La decisión es posible gracias a la Ley Bases (27.742), que habilita la enajenación de empresas estatales, y responde al compromiso del Gobierno con el Fondo Monetario Internacional (FMI) de reducir el déficit fiscal y obtener divisas. Según trascendió, el Ejecutivo espera recaudar unos mil millones de dólares con la operación.

Sector estratégico en venta

   Nucleoeléctrica provee el 7% de la energía eléctrica nacional, genera superávit y lidera proyectos tecnológicos como el reactor CAREM y el RA-10, destinados a la producción de radioisótopos y la investigación científica. Solo en el primer trimestre de 2025 obtuvo un resultado positivo de 17 mil millones de pesos.

   Pese a su rentabilidad, el Gobierno impulsa su venta como parte de un programa de "modernización del sistema energético". Sin embargo, especialistas advierten que la medida implica una pérdida de soberanía tecnológica y científica.

   El físico Diego Hurtado, exvicepresidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica, señaló: "El sector nuclear es una de las pocas escuelas tecnológicas creadas por Argentina. Su privatización nos lleva al subdesarrollo".

   La oposición busca frenar el proceso mediante la Ley de Emergencia y Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, que declara como bienes públicos estratégicos a las empresas del sector nuclear, aeroespacial, de telecomunicaciones y defensa. El proyecto obtuvo media sanción en Diputados, pero aún no fue tratado en el Senado.

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Motivos económicos y geopolíticos

   Según el ingeniero Nicolás Malinovsky, experto en energía, la venta responde más a una lógica ideológica y a la presión externa que a razones técnicas. "Lo privado no ha demostrado ser mejor que lo público. En los ‘90 las privatizaciones destruyeron capacidades y provocaron pérdida de soberanía", sostuvo.

   Malinovsky y otros analistas vinculan esta decisión a la influencia de Estados Unidos y el FMI, que desde agosto instan al país a acelerar la venta de activos estatales. En su último informe, el organismo pidió un "plan de privatizaciones" para noviembre, y Nucleoeléctrica figura entre las empresas mencionadas.

   Hurtado agregó que Washington impulsa un modelo de dependencia tecnológica. "EEUU presiona para que Argentina abandone el desarrollo autónomo de reactores y adopte su programa FIRST, lo que nos convierte en simples compradores de su tecnología", advirtió.

Embalse, símbolo del interior productivo

   La Central Nuclear de Embalse, en Córdoba, es una de las más emblemáticas del país. Inaugurada en 1984 y renovada en 2019, genera energía para más de tres millones de personas y produce Cobalto-60, un insumo clave para la medicina y la industria. Emplea a más de 1.000 trabajadores directos y representa un polo tecnológico para la región.

   La participación de capital privado genera incertidumbre sobre su futuro. Aunque el Estado mantendrá el control, los inversores podrán influir en decisiones estratégicas sobre mantenimiento, tarifas y expansión. "Si se debilita el rol estatal, se pierde la capacidad de planificar a largo plazo", advirtió Malinovsky.

A contramano del mundo

   Mientras países como China y Francia amplían su infraestructura nuclear —China tiene 29 reactores en construcción y 57 en operación—, la Argentina detiene proyectos clave y se desprende de un sector con más de 70 años de desarrollo.

   "En los 90, por presión estadounidense, la Argentina frenó su programa nuclear. Hoy se repite la historia", lamentó Hurtado. "En lugar de aprovechar la crisis global para reindustrializarse, el Gobierno entrega conocimiento y exportará solo uranio como materia prima."

   En síntesis, la venta parcial de Nucleoeléctrica refleja una estrategia de corto plazo para obtener dólares, pero también un retroceso estructural en soberanía energética y tecnológica. Lo que durante décadas fue símbolo de autonomía y ciencia aplicada podría terminar convertido, una vez más, en moneda de cambio.

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