El "Círculo Rojo" en el banquillo
El mayor juicio por corrupción en la historia argentina promete marcar durante años la agenda política y económica del país.

La Causa Cuadernos reúne a más de ochenta acusados y más de seiscientos testigos, incluyendo a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y a la élite del empresariado nacional, el llamado Círculo Rojo. Por primera vez, los grandes contratistas del Estado enfrentan a la Justicia como protagonistas de un presunto entramado de corrupción sistémica.

El proceso busca esclarecer cómo funcionó ese mecanismo, sus estrategias de defensa y la contradicción de que los mismos empresarios investigados sigan siendo actores centrales en la economía. En el fondo, el juicio expone una tensión persistente: ¿es posible una verdadera rendición de cuentas o solo un nuevo capítulo de impunidad?

De los cuadernos al escándalo
El origen del caso es tan insólito como decisivo. Todo comenzó con los apuntes de Oscar Centeno, chofer de Roberto Baratta, funcionario del Ministerio de Planificación. Durante años registró en cuadernos escolares supuestos traslados de bolsos con dinero proveniente de sobornos empresariales a cambio de contratos de obra pública. Aunque Centeno dijo haber quemado los originales, las fotocopias fueron validadas como prueba central.
La cadena de custodia de esa evidencia generó controversias. Los cuadernos llegaron al fiscal Carlos Stornelli y al juez Claudio Bonadio a través de un periodista, sin pasar por el sorteo reglamentario. Ambos magistrados, críticos del kirchnerismo, concentraron así una causa que puso en la mira al núcleo duro de la "patria contratista", el histórico grupo de empresarios beneficiado por la obra pública.

La "patria contratista" bajo juicio
La implicación de decenas de los empresarios más influyentes convierte a este proceso en un hecho sin precedentes. Más que un caso de corrupción política, revela una simbiosis estructural entre el poder económico y el Estado, donde la cartelización y el pago de sobornos eran, según la acusación, reglas del sistema.
Entre los principales implicados figuran Ángelo Calcaterra (primo de Mauricio Macri), Aldo Roggio, Enrique Pescarmona, Carlos Wagner, Eduardo Eurnekian, Luis Betnaza (Techint), Cristóbal López y Gerardo Ferreyra, entre otros. Wagner, como imputado colaborador, describió un esquema en el que los grandes contratistas pactaban de antemano quién ganaría cada licitación, garantizando sobreprecios y retornos para funcionarios.

Estrategias de defensa y "arrepentimientos"
Ante las acusaciones, los empresarios adoptaron distintas tácticas. Algunos, como Calcaterra, Roggio y Pescarmona, colaboraron con la Justicia y admitieron pagos ilegales para obtener beneficios procesales. Otros intentaron recalificar los sobornos como "aportes de campaña en negro", argumento rechazado por la Cámara Federal. En tanto, la defensa de Paolo Rocca (Techint) sostuvo que los pagos buscaban agilizar compensaciones por una expropiación en Venezuela, sin éxito para desligarlo del caso.
El juicio avanza, sin embargo, bajo un clima político cargado y con múltiples cuestionamientos al procedimiento.

Politización y controversias judiciales
Más que un proceso penal, la Causa Cuadernos se ha convertido en un campo de batalla político. Para sectores opositores, simboliza un "juicio permanente al kirchnerismo", mientras que el gobierno de Javier Milei la aprovecha para demonizar tanto al peronismo como a la obra pública. Cristina Kirchner ha denunciado el caso como un "show judicial" armado en Comodoro Py.
Las críticas al expediente son profundas. Las declaraciones de los arrepentidos —pilar de la acusación— no fueron filmadas, violando la Ley 27.304, que exige su registro audiovisual. Además, varios imputados denunciaron presiones del juez Bonadio para forzar confesiones. Incluso el actual ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, quien fue defensor en la causa, advirtió que el sistema "obligaba a mentir para recuperar la libertad". Tampoco existen pruebas materiales directas que vinculen a Cristina Kirchner con la recepción del dinero, más allá de testimonios que mencionan que los fondos "iban hacia arriba".

Los contratistas, entre el banquillo y las licitaciones
La paradoja central de la causa es que los mismos grupos empresarios juzgados por corrupción siguen participando en las principales licitaciones del Estado. Empresas imputadas por el esquema de sobornos hoy compiten —y ganan— en proyectos clave de infraestructura y privatización. En la licitación del corredor vial de las rutas 12 y 14, por ejemplo, cinco de los seis consorcios participantes están involucrados en la Causa Cuadernos.
Estos empresarios también figuran entre los interesados en comprar compañías públicas que el gobierno busca privatizar, como AySA, Enarsa, Nucleoeléctrica Argentina y Belgrano Cargas. El contraste entre el juicio y la continuidad de los negocios revela la escasa capacidad del sistema para sancionar prácticas corruptas de manera efectiva.

Entre la justicia y la impunidad
La Causa Cuadernos expone con crudeza la interdependencia entre política y negocios en la Argentina. Representa una oportunidad histórica para transparentar los vínculos entre el Estado y sus contratistas, pero también corre el riesgo de transformarse en un espectáculo judicial sin consecuencias reales. Con una duración estimada que podría extenderse por décadas, la posibilidad de que este proceso derive en condenas firmes parece lejana.

El desenlace de este megajuicio definirá si la Argentina puede romper con su ciclo de corrupción e impunidad o si, como en tantos casos anteriores, los poderes económico y político volverán a demostrar que siguen siendo intocables.
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