Gustavo Insaurralde: "Me gusta hacer que sucedan cosas"
Periodista y gestor cultural. En los últimos años se consolidó como curador, trabajo que desarrolla de manera independiente con importante proyección y en algunos casos como aporte institucional en el ámbito local. Casi cerrando el año, Gustavo Insaurralde repasa su trayectoria y comparte algunos logros recientes.
La escena cultural chaqueña tiene referentes. Gustavo Insaurralde trabaja en ese campo hace casi tres décadas y eso permitió consolidar una trayectoria que en últimos años lo convierte en uno de esos protagonistas. Está especialmente vinculado al arte, pero también a disciplinas como la comunicación, la literatura, el teatro y la música; y se vincula con esos lenguajes como periodista, como gestor y como público.

En los últimos años participa activamente de varios organismos: Instituto de Cultura, Fundación Urunday, El Fogón de los Arrieros, Fundación Fabriciano, Sociedad Argentina de Escritores Filial Chaco, Centro Cultural Nordeste y recientemente de la Fundación del Libro y la Cultura.
Cuando uno habla con él advierte que tiene la palabra a flor de piel -unas veces razonable, otras un poco impulsiva pero siempre apasionada-. Lo cierto es que Gustavo Insaurralde aparece de manera transversal en el campo cultural local y regional, tiene un evidente protagonismo con opinión propia y una convicción que lo sostiene: "Me gusta hacer que sucedan cosas", resume con entusiasmo. "Me guía la prepotencia del trabajo", agrega y además reconoce: "Tengo el privilegio de tener trabajo y hace muchos años, casi desde siempre, trabajar en lo que me gusta". A eso agrega: "Estoy convencido que uno debe ser protagonista de su propia historia, personal y colectiva. Estoy convencido que participar es la oportunidad de cambio", reflexiona ampliando su mirada, quizás rozando lo político.

A propósito de la multiplicidad de roles que desempeña se puede mencionar que es un tipo estricto con la palabra empeñada y más aún con la palabra escrita, riguroso con la imagen institucional de las entidades donde participa, colaborador por naturaleza y frente a cualquier propuesta se lo suele escuchar decir "tengo el sí fácil, después vemos los detalles". Así comparte teléfonos, gestiona fondos e insumos, acarrea obras, invita un café y ofrece su tiempo a quien tenga una idea en gestación y eso puede ser pensar una muestra, un libro a medio escribir o ganas de grabar un disco.
Un camino infinito
Por estos días prepara un viaje porque fue invitado especialmente para participar como curador del proyecto ãlumbra que presenta a dos artistas en la Sala Princesa Zaida de Cuenca (España) y también para dar una conferencia en Samarcanda (Uzbekistán) en el marco del Simposio Internacional de Escultura. Se sabe que viajar es una de sus pasiones por eso quizás no asombre a nadie que estas invitaciones aparezcan en su agenda.
Para ser sinceros, esta oportunidad que marca el camino profesional de Gustavo Insaurralde no resulta una sorpresa sólo hay recordar que acompañó al equipo argentino a los concursos de escultura en nieve de Sapporo (1999, Japón) y Quebec (2009, Canadá), también que se subió a un barco para remontar un tramo del río como parte de la expedición Paraná Ra´anga, un viaje científico y cultural que organizó la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (2010).

"Este viaje de trabajo viene a coronar un año de logros… y eso fue un desafío al mismo tiempo que un objetivo", piensa mientras apura el segundo café. "Me di el gusto de trabajar con Andrés Paredes y Desirée De Ridder, sólo por nombrar dos artistas que me confiaron su obra", comenta con inocultable admiración. Y agrega: "Ya tengo cerrado casi todo el 2026, inaugurando la temporada de los dos principales espacios de Resistencia y también algunos proyectos fuera del Chaco y con una destacada proyección, otros directamente pasan a la agenda 2027", adelanta Gustavo Insaurralde.
Un pasado escrito
Cuando repasa las cosas que hizo resalta la importancia del periodismo y reconoce que atraviesa todas las etapas de su carrera. "La comunicación es un desafío permanente... Me involucro en la gestión cultural con la mirada puesta en compartir con la comunidad eso que nos convoca porque en definitiva cada propuesta se completa con el otro".
Se inició en el periodismo muy joven, a los 19 años ya estaba trabajando en El Diario y reconoce: "Pasar por la redacción fue mi mejor formación y tuve el privilegio de trabajar con maestros del periodismo chaqueño como Godofredo Gerzel, Víctor del Val y Raúl Berneri que enseñaban sin saberlo; su ejemplo fue vital no sólo profesional sino personalmente. Ellos alimentaron mi espíritu curioso de tener una pregunta más o incluso refugiarme en el silencio reflexivo. "Adhiero a esa idea que el periodismo es el mejor oficio del mundo, a mí me abrió puertas, me puso en estado de vigilia permanente, estar en contacto con la realidad, escuchar a las personas -incluso como observador distante- e intentar comprender la naturaleza humana", repasa Gustavo Insaurralde sobre la profesión que eligió.

"También recuerdo algunas charlas con Miguel Ángel Fernández -histórico director de NORTE- cuando ocasionalmente lo visitaba", afirma. En el periodismo cultural y editorial también escribió y dirigió -junto a Miguel Bistoletti- en Revista de Cultura y Arte -Recya- (2003 y 2004), coordinó de la "Colección Rescate" (2008-2010) e integró la redacción de revista Chacú, ambas del Instituto de Cultura del Chaco (2009) y participa como corresponsal de la publicación especializada "Arte al día" (desde 1998).
Escuela Urunday
Está vinculado a la Fundación Urunday como curador general de la Bienal del Chaco, especialmente con todos los proyectos expositivos de esa institución y contribuye con otras gestiones del mayor proyecto cultural chaqueño.
"La Fundación Urunday fue mi escuela… Soy lo que soy por la inmensa generosidad de Fabriciano y la mirada siempre atenta de Mimo Eidman contribuyeron en mi formación empírica y que me guían…", asegura Gustavo Insaurralde que transita la historia institucional urunday desde 1993 primero como periodista y luego desde el corazón mismo de la entidad. Ahora, con la solvencia de años y un afecto entrañable que se advierte en su voz, afirma: "Bienal del Chaco se convirtió en mi norte y es un honor contribuir a un legado que nos trasciende. Josese Eidman es un líder por naturaleza y estar cerca suyo ilumina mis días, es una persona sensible y estratega, conjuga emoción y conocimiento para dirigir un modelo virtuoso".

Ahí lo vemos siendo anfitrión de los emplazamientos, escribiendo día a día las páginas de la historia escultórica, vinculando instituciones para potenciar el proyecto y siempre sumando ideas con las exigencias propias del caso.
Proyección nacional
Desde hace años participa de la escena artística nacional desde distintos planos como por ejemplo siendo jurado de salones. Recientemente fue convocado por el Palais de Glace para intervenir en el Premio a la Trayectoria junto a distinguidas personalidades del circuito encabezado por Andrés Duprat -director del Museo Nacional de Bellas Artes-.
Revisando su accionar se encuentra que fue curador invitado de muestras como El sortilegio del paisaje para el Programa Pertenencia de la Secretaría de Cultura de la Nación y Fondo Nacional de las Artes. Buenos Aires (2008); Lo próximo a aparecer junto a Cristian Segura para el Programa Interfaces de la Secretaría de Cultura de la Nación concretando tres muestras Museo Municipal de Bellas Artes de Tandil (Buenos Aires), Museo de Bellas Artes "René Brusau" (Resistencia) y Fondo Nacional de las Artes (2009); Mena, Juan de Dios… y del diablo en el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (2010); y más recientemente El territorio que habitamos, muestra colectiva de escultores del Norte Grande con artistas de Chaco, Corrientes, Misiones, Formosa, Salta, Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca y La Rioja en el marco de la Bienal del Chaco (2022).
Este año desarrolló tres proyectos como curador invitado en ArteCo: La inmortalidad de la memoria de Desirée de Ridder (Buenos Aires), Confesiones del tiempo de Alfredo Muñoz (Salta) e Inmanencia latente de Karina Amadori (Curitiba, Brasil) y se destacó en la vecina provincia.
En este momento y hasta fines de noviembre tiene expuestas dos muestras: Ensayos sobre el paisaje recientemente inaugurada en el Centro Cultural Nordeste de Resistencia y El latido de las fibras en el Palacio Libertad de Buenos Aires con una curaduría de arte indígena.
En los últimos tiempos tiene la mirada puesta en el efervescente panorama artístico de Paraguay donde participa desde hace varios años, también tiene en carpeta algunos proyectos con Brasil y ahora suma Chile por recientes vinculaciones diplomáticas que organizó desde su lugar de gestor inquieto.
Gestor nato
Durante la entrevista su teléfono suena sin parar. Alguien pide una fecha para El Fogón de los Arrieros donde se desempeña como asesor técnico por convenio con el Instituto de Cultura; una diputada nacional le consulta por el próximo emplazamiento de escultura; un número desconocido le pregunta dónde comprar un mate de palo santo; un artista de Brasil le manda un audio para adelantarle que lo invita a un proyecto... y así todo el rato.
Gustavo Insaurralde es esa persona que planifica, siempre tiene algo en mente, le gusta buscar financiamientos posibles, pero especialmente promueve proyectos culturales cargados de identidad. Su rol de gestor va más allá de la organización ya que también se lo puede ver como un intermediario fundamental entre los artistas y el público, cuidando cada detalle de ese encuentro vital.
Vida en modo arte
¿Cómo empezó la relación con el arte?
La primera relación fue periodística… Un día me encontré visitando talleres y haciendo preguntas a los artistas, sacando mis propias conclusiones. Para mí fue un ejercicio que parece ingenuo, pero fue un momento iniciático porque fue el comienzo donde se sustenta mi práctica curatorial de los últimos años. Recuerdo el despertar de un interés por las técnicas y los discursos visuales, inmediatamente aparece la escritura; primero, a modo de columna en el diario y con la firma tímida de iniciales y luego la propuesta de los artistas y las instituciones de escribir para salas y catálogos.
¿Cómo elige los artistas con los que trabaja?
Desde la admiración y el respeto, sólo puedo trabajar con artistas que me conmueven, necesito pararme frente a su obra y sentirme en un espacio de contemplación, pero también de reflexión. Sabemos que el artista es un testigo de su tiempo que trasciende lo estético porque a través de su obra se navega por las complejidades de la existencia moldeando la esencia misma de nuestra humanidad compartida. Por eso, en esta contemporaneidad de tiempos urgentes advierto cierta banalidad en el hecho artístico, muchas veces incluso definido por el mercado. Me gusta acompañar a los artistas en el proceso creativo y difundir su obra, detectar temas de interés y las inquietudes de la sociedad.
¿Qué representa el arte en tu vida?
El arte atraviesa todos mis momentos porque es el eje de mi trabajo y también marca mi vida personal, esos ámbitos no tienen un límite definido y me arriesgo a decir que casi no están separados. El arte es un instrumento que me permite explorar y reflejar emociones, conectar con las manifestaciones de la cultura y entender la realidad de una manera más profunda. Y cuando digo arte pienso en mi mundo cotidiano lleno de música y silencios, libros leídos y subrayados y agendas escritas sin orden, las películas que elijo ver y a veces compartir, pero también caminar por un bazar sin entender el idioma que se habla a mi alrededor, parar en la casa de un artesano en una ruta perdida de algún rincón del país.
Una obsesión: Viajar, siempre estoy en modo viaje, sosteniendo el deseo de irme y volver, de llevar y traer, de buscar y encontrar.
Un desafío: El orden y la puntualidad.
Un orgullo: Permanecer… sostener en el tiempo el compromiso de contribuir con la gestión cultural que posiciona al Chaco en la escena nacional e internacional
Un privilegio: que los artistas confíen en mi trabajo, que me abran las puertas de sus talleres y trabajar juntos en proyectos curatoriales que se proyectan y marcan un tiempo.
Un defecto: La impaciencia… No me gusta decir dos veces la misma cosa y no tengo tiempo para esperar, a veces pretendo que me lean el pensamiento.
Un recuerdo: Caminar del brazo junto a Ernesto Sábato antes de su conferencia en el Guido Miranda. Cruzar la plaza de Resistencia con Liliana Herrero y contarle una idea que se concretó por su generosidad. Tomar una copa de vino con Marisa Paredes en una taberna de Lisboa y no reconocerla. Encontrarme a Eduardo Galeano en un metro de Roma y sólo atinar a un cabeceo que respondió con una sonrisa entrecortada.
Un logro: Ser feliz, cada día con pequeños gestos personales y profesionales.












