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Opinión

El juicio de los iguales

La selección de jurados ( voir dire ) que rompió las barreras: la jurado número 8.

Hace unos días, el médico pediatra Enrique Díaz Pacce fue declarado culpable de manera unánime por un jurado popular, tras haber engañado, drogado y violado al albañil que trabajaba en su casa de fin de semana en Margarita Belén. Enfrenta una pena de quince años de cárcel. 

Integró el jurado una mujer trans, un hecho inédito en el país y en estas líneas contamos la historia de cómo quedó seleccionado el jurado. Fue un veredicto muy importante para el Chaco, ya que Díaz Pacce no era cualquier persona. Era un médico de reconocido prestigio y trayectoria, que había sido referente del Ministerio de Salud provincial. La víctima, en cambio, era un trabajador humilde que subsistía con base en changas y oficios de albañilería. Ese contraste social, lejos de ser un dato menor, condicionó desde el inicio la mirada sobre el caso.

Podría afirmarse que incluso respecto del propio Poder Judicial subsiste un alto grado de desconfianza social, lo cual se refleja con frecuencia en las conversaciones mantenidas con potenciales jurados, quienes reconocen esta percepción como una realidad vigente. Surge entonces el interrogante: ¿qué ocurriría frente a la intervención de un jurado popular? ¿Sería posible alcanzar la unanimidad requerida? ¿Estarían dispuestos a arribar a una condena respecto de un médico de reconocido prestigio?

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Los doce jurados, de muy variadas extracciones y procedencia social, no tuvieron dudas y lo declararon culpable de violación. La votación fue 12 a 0. Se demostró, una vez más, la sabiduría que los constituyentes de nuestra nación tuvieron al establecer la implementación del juicio por jurados.   

Como funcionarios, profesionales del derecho y operadores del sistema judicial, no es usual ver de manera tan explícita lo que vimos en este juicio. Que esta vez un personaje del poder estaba en el banquillo de los acusados y –por suerte– la responsabilidad de hacer justicia estaba en manos del pueblo argentino.

Quiénes fueron los jurados y cómo los elegimos

Los doce jurados salieron de una audiencia previa de selección, llamada voir dire, donde concurrieron cuarenta candidatos sorteados al azar del padrón electoral para que ambas partes los interrogáramos para medir su imparcialidad, no ya en la teoría, sino también en la práctica.

El voir dire es una etapa crucial del juicio por jurados y debe ser abordada con extremo profesionalismo. Es, en esencia, un ejercicio de descubrimiento: una exploración en las sombras de los prejuicios, ideas y experiencias de cada potencial jurado. Deben jurar decir la verdad y responder con franqueza las preguntas de la defensa y los acusadores. Allí exponen sus creencias y revelan aspectos de sí mismos que quizás nunca antes habían verbalizado. Al final del voir dire, cada parte puede recusar con y sin causa a los candidatos hasta llegar al número de doce.

El voir dire es un ejercicio de descubrimiento: una exploración en las sombras de los prejuicios, ideas y experiencias de cada potencial jurado. Deben jurar decir la verdad y responder con franqueza las preguntas de la defensa y los acusadores. 

Como parte acusadora, nos concentramos en identificar y explorar valores, estereotipos, sesgos y prejuicios que pudieran condicionar la imparcialidad indispensable para que el jurado comprendiera el caso que íbamos a presentar. Trabajamos, por ejemplo, sobre estereotipos de clase: la víctima era un trabajador precarizado, un changarín, frente a un profesional de renombre. Allí podría surgir el prejuicio de una persona de escasos recursos que denuncia a alguien de renombre para obtener un beneficio económico, como Díaz Pacce alegó sin éxito en el juicio. 

También abordamos el concepto de"víctima perfecta", que podría llevar a asumir que, si la víctima a lo largo de su vida no se comportó como una persona ejemplar, podría verse afectada su credibilidad ante el jurado. Pusimos bajo la lupa otros posibles sesgos, como el sesgo de autoridad, que lleva a pensar que "si es médico, es confiable"o"los médicos ayudan, no abusan"; o los prejuicios relacionados con hombres que denuncian abusos sexuales, como la idea de que"si es varón, siempre puede defenderse"o"si no se resistió fue porque quiso". 

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Crédito: Mariano Vior

Trabajamos con frases populares y refranes como"lobo con piel de cordero", haciendo referencia a que muchas personas pueden tener una doble vida o mostrarse en público de una manera y, puertas adentro, ser otro tipo de personas. También abordamos el prejuicio homofóbico, procurando evitar que el hecho sea visto como una"relación homosexual"en lugar de lo que verdaderamente fue: un abuso sexual con violencia y golpes, facilitado por un licor de quinotos con somníferos. Finalmente, abordamos el prejuicio ligado con la vergüenza o el silencio, que podría llevar a pensar que, cuando la víctima no denuncia inmediatamente luego de ser abusada, la denuncia deja de ser creíble.

Después de horas de audiencia, quedó conformado el jurado con los doce ciudadanos más competentes, independientes e imparciales, que tanto la defensa como los acusadores contribuyeron a seleccionar. El grupo quedó compuesto por comerciantes, artistas, estudiantes, jubilados, profesionales universitarios, personas que no habían terminado la secundaria y peones rurales: un mosaico de voces y vidas que encarna la diversidad y la riqueza humana chaqueña.

Pero, además, este caso marcó un hito histórico. Durante el voir dire, una de las personas convocadas compartió sus experiencias, sus vivencias y sus creencias con mucha sinceridad. De manera espontánea manifestó ser una mujer trans, integrante del colectivo Lgtbi+, que había vivido y trabajado durante largo tiempo en la calle para poder subsistir. Contó todo tipo de circunstancias adversas. 

Al escucharla, comprendimos que su franqueza, su experiencia de vida y su lucha eran fundamentales para la conformación del jurado. La teoría del caso de Díaz Pacce y su defensor fue que se trató de una relación sexual consentida entre adultos homosexuales, a la que la víctima prestó su consentimiento a cambio de droga y dinero. Y que la denuncia era totalmente falsa y una"salida elegante"o una"pantalla"que permitiría a la víctima extorsionar al reconocido médico. Nuestra teoría del caso, en cambio, fue que el albañil era un humilde trabajador (más no una persona ejemplar) que había sido engañado, drogado, golpeado y abusado sexualmente.

La jurado número 8, que siguió atentamente y con notable responsabilidad ciudadana todo el juicio, se convirtió, probablemente en el primer antecedente de una mujer trans que formó parte de un jurado popular. Su presencia no solo representa un triunfo para la inclusión, sino también un recordatorio poderoso: la justicia, conformada por el jurado del pueblo, es un espacio donde convergen todas las vidas, todas las experiencias y todas las voces, donde ninguna opinión vale más que otra, donde finalmente vemos consagrada de manera palpable la igualdad ante la ley. Porque la igualdad se construye desde la diversidad más profunda de nuestra sociedad.

Todos los estratos sociales, las culturas, las religiones y las distintas idiosincrasias se encontraban ubicados en el estrado, preparados para uno de los actos más impactantes que puede presenciarse en los edificios de los tribunales: la toma de juramento de los jurados. 

La sensación que invade la sala en ese instante escapa a cualquier palabra, se siente en la piel. Como solemos decir hablando en criollo, se nos pone la piel de gallina, como cuando escuchamos las estrofas del himno nacional. La misma sensación se generó cuando la jueza Virginia Ise dijo:"Nos ponemos de pie para recibir al jurado de la provincia del Chaco".

A partir de ese instante, se pone en marcha el juicio por jurados que nuestra Constitución Nacional prevé para juzgar los delitos criminales: un procedimiento que convoca a doce ciudadanos, quienes, apenas un día antes, podían estar al frente de sus empresas, enseñando en las aulas, operando en los quirófanos, trabajando en el campo o simplemente compartiendo un mate en la vereda de su barrio. 

Pero, a partir del juramento, la igualdad ante la ley se materializa: todas las voces se escuchan por igual, todas las miradas tienen el mismo peso. Los estratos sociales desaparecen. A partir de ese momento, comienza verdaderamente el juicio de los iguales. 

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