Mostrando el camino
Mientras en el mundo se debate –sin resultados– cómo alcanzar un sistema de vida que otorgue paz a los seres humanos, una herramienta que enseña cómo alcanzarlo todavía es soslayada por la mayoría de la población.
Nos referimos a la Biblia, un verdadero manual de sanas instrucciones, que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, y entre la tristeza y la esperanza.
La esperanza
La esperanza es un estado de ánimo optimista que nos permite tener la certeza de que algo deseado puede suceder, precisamente lo que el texto bíblico generosamente ofrece a sus lectores. Porque más allá de las circunstancias difíciles o negativas por la cual una persona puede transitar, su lectura es como un bálsamo ofreciendo alternativas para el inicio de un nuevo camino.

Todos sabemos que la familia es la base que sostiene a la sociedad, y que invariablemente es atormentada por conductas ajenas a lo ideal que promueven quebrantarla. En ese marco de constante martilleo perverso en contra de la familia, el texto bíblico provee una base espiritual compacta que brinda guía divina para el comportamiento individual y social, avivando valores como el amor y la asistencia al prójimo.
Como el tutor del pequeño árbol
Metafóricamente, es lo más parecido al tutor que se utiliza –clavado junto al pequeño árbol– para que crezca derecho; ya que hace las veces de un mapa que muestra la ruta correcta para la familia y su bienestar.
Desde nuestro lugar de atalaya hemos propuesto en los últimos 30 años –en reiteradas oportunidades– que el texto bíblico sea enseñado en las escuelas para que los presos no tengan que leerla en las cárceles. Es así de sencillo, sin embargo no parece ser el sentido de quienes tienen la responsabilidad de legislarlo, bajo el falso pretexto de la enseñanza laica, confundiendo a la Biblia, un libro de sabiduría, con un libro de religión.
Sin vendas en los ojos
Aun así, existen quienes llegan a la Legislatura sin vendas en sus ojos y logran pequeños pero importantes logros en tal sentido, como es el caso de la diputada Paola Andrea de las Mercedes Benítez, quien desde su banca ha impulsado con éxito la Ley 3734-E, que establece entre sus artículos que se instituya al mes de Septiembre de cada año, como el mes de la Biblia y dispone además la inclusión en el calendario oficial de efemérides a la fecha instituida, y la promoción durante dicho mes, de acciones afines a cargo de la autoridad de aplicación, para mayor visibilización de dicha temática.
Millones de ejemplares
Como hemos señalado en ocasiones anteriores, de acuerdo a estadísticas del rubro, se puede afirmar que de manera manual y luego con la ayuda de la imprenta, se han producido alrededor de cinco mil millones de ejemplares de la Biblia, y la mayoría de ellos fueron fabricados en los últimos setenta años. Estos números la convierten en el libro más distribuido y vendido de la historia.
Su influencia en la humanidad no tiene precedentes y la tendencia hacia el interés que despierta no disminuye, ya que se estima que cada año se venden aproximadamente cien millones de ejemplares. A tal punto es el interés que despierta, que su texto se ha traducido de manera total; es decir, Antiguo y Nuevo Testamento, a 438 idiomas y de manera parcial, a más de 2.400 idiomas.
Conseguir la paz individual –dentro de un mundo que solo ofrece hostilidad– no es poca cosa. Al referirse a ello; Jesús mismo dijo que, como señal de iniquidad, en los postreros tiempos el amor de muchos se enfriará y la maldad irá en aumento, de manera especial con la intención de destruir a la familia, fundamento ineludible para que una sociedad, que hoy no tiene rumbo, lo encuentre.
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