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Muerte de un paciente tras una cirugía bariátrica

"No es una operación estética"

Sucedió recientemente en una clínica española y volvió a encender el debate sobre los riesgos, indicaciones y controles asociados a este tipo de intervenciones.

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   El fallecimiento, en principio vinculado con complicaciones postoperatorias, puso en el centro de la escena la necesidad de comprender que se trata de una operación mayor, destinada a tratar la obesidad como enfermedad crónica y no a ofrecer resultados puramente estéticos.

   "Es fundamental insistir: no estamos ante una cirugía plástica ni estética. La cirugía bariátrica es un tratamiento para pacientes con obesidad grave, que presentan una enfermedad metabólica con consecuencias serias para la salud", subrayó la doctora Fátima Sabench Pereferrer, presidenta de la Sociedad Española de Cirugía de la Obesidad y Enfermedades Metabólicas (SECO).

Herramienta contra la obesidad, no atajo estético

   La obesidad está reconocida desde 1997 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una enfermedad crónica y compleja, con múltiples causas: genéticas, ambientales, metabólicas y conductuales. En España, más del 16% de los adultos presenta obesidad, y alrededor del 40% sobrepeso. "La cirugía bariátrica no es un capricho. Es una indicación médica para pacientes cuyo exceso de peso supone un riesgo vital y para quienes otros tratamientos han fracasado", explica Sabench.

   Según la SECO, los criterios de inclusión suelen ser:

• Un índice de masa corporal (IMC) superior a 40.

• Un IMC mayor a 35 acompañado de enfermedades asociadas (diabetes tipo 2, hipertensión, apnea del sueño, dislipemias, problemas articulares severos).

• Pacientes en los que han fracasado intentos previos de tratamiento médico, nutricional y de estilo de vida.

   El objetivo principal, apunta la especialista, es reducir las complicaciones derivadas de la obesidad y mejorar la calidad y expectativa de vida, no la apariencia física. "No se trata de perder unos kilos para lucir mejor en verano, sino de un procedimiento destinado a salvar vidas", enfatiza.

Tipos de cirugía bariátrica

   Existen varias técnicas quirúrgicas, elegidas en función del perfil del paciente, su estado de salud y las recomendaciones médicas. Entre las más frecuentes se encuentran:

• Bypass gástrico: reduce el tamaño del estómago y modifica el recorrido intestinal para disminuir la absorción de nutrientes.

• Gastrectomía tubular (sleeve gástrico): extirpa gran parte del estómago, dejando un tubo más pequeño que limita la ingesta.

• Derivación biliopancreática: menos común, implica una reducción drástica en la absorción de alimentos.

   Todas estas cirugías se realizan mayoritariamente por laparoscopia, lo que permite una recuperación más rápida y menos invasiva. Sin embargo, como recalcan los especialistas, "no son intervenciones inocuas ni libres de riesgos".

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Riesgos y complicaciones

   El fallecimiento del paciente en cuestión, cuya historia aún está en investigación, pone el acento en la seguridad. Según datos internacionales, la mortalidad asociada a la cirugía bariátrica ronda el 0,1% al 0,3%, una cifra baja comparada con otros procedimientos de alta complejidad, como un trasplante de corazón o una cirugía oncológica mayor.

   Las complicaciones más frecuentes son:

• Hemorragias. • Infecciones. • Fugas en las suturas. • Tromboembolismos. • Problemas nutricionales a largo plazo por malabsorción.

   "Es una cirugía mayor, con una mortalidad muy baja en manos expertas, pero con riesgos inherentes. Por eso solo debe hacerse en centros acreditados, con equipos multidisciplinares y un seguimiento riguroso", advierte Sabench.

La importancia del seguimiento

   Uno de los puntos centrales que destacan los cirujanos es que la operación no termina en el quirófano. La cirugía bariátrica exige un cambio radical de hábitos y un acompañamiento médico continuo.

   "El paciente necesita un equipo completo: cirujanos, endocrinólogos, nutricionistas, psicólogos. Debe aprender a alimentarse de otra manera, a incorporar actividad física y a cumplir controles de por vida", detalla la presidenta de SECO.

   De hecho, la literatura científica indica que el éxito de la cirugía se mide no solo en los kilos perdidos, sino en la remisión o mejora de enfermedades metabólicas. Entre el 60% y 80% de los pacientes con diabetes tipo 2 logran controlarla e incluso suspender medicación, mientras que se observan reducciones significativas en hipertensión y apnea del sueño.

Entre la esperanza y la desinformación

   El caso trágico también abrió un debate sobre la percepción social. Para muchas personas, la cirugía bariátrica aparece como una "solución rápida" al sobrepeso. Esa visión es peligrosa.

   "Cuando los medios la presentan como una operación estética, se transmite un mensaje erróneo que banaliza los riesgos y las exigencias del procedimiento", alerta Sabench. "Es cierto que la imagen corporal mejora, pero esa es una consecuencia secundaria".

   Los expertos insisten en que antes de recomendar una cirugía se debe agotar un recorrido médico que incluye dietas supervisadas, ejercicio, fármacos y terapias conductuales. "Solo cuando esas medidas fracasan y el paciente tiene un riesgo real para su vida, se plantea la cirugía", añade.

La voz de los pacientes

   Para comprender el impacto real, resulta clave escuchar a quienes pasaron por esta experiencia. Marta, de 42 años, fue operada hace cinco años con un bypass gástrico. "Tenía 130 kilos, hipertensión y prediabetes. La cirugía me cambió la vida: hoy peso 75, no tomo medicación y puedo jugar con mis hijos sin ahogarme", relata.

   Sin embargo, admite que no todo fue fácil. "Los primeros meses fueron muy duros: vómitos, mareos, miedo a comer. Y aún hoy tengo que tomar suplementos vitamínicos y hacer análisis cada seis meses. No es magia, es un esfuerzo diario".

   Carlos, de 50 años, cuenta una experiencia distinta: "Me operé en una clínica privada hace tres años. Al principio bajé 40 kilos, pero después recuperé 15 porque no cambié mis hábitos. Creí que la operación lo hacía todo sola. Ahora entiendo que si no acompañas con disciplina, no funciona".

Un problema de salud pública

   El trasfondo de estas historias es que la obesidad sigue siendo una de las principales amenazas para la salud pública. Está asociada a enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer y menor esperanza de vida.

   "Necesitamos políticas integrales de prevención: educación alimentaria en las escuelas, regulación de la publicidad de ultraprocesados, espacios para la actividad física. La cirugía es una herramienta valiosa, pero no puede ser la única respuesta a una epidemia tan extendida", afirma Sabench.

   La OMS estima que en 2035 más de la mitad de la población mundial tendrá sobrepeso u obesidad. En ese escenario, la cirugía bariátrica seguirá siendo necesaria, pero siempre dentro de un abordaje médico responsable.

El duelo y la reflexión

   La muerte del paciente que motivó esta polémica ha dejado dolor y preguntas abiertas. La investigación determinará si se trató de una complicación inevitable o de una falla en el proceso de selección, intervención o seguimiento.

   "Cada pérdida humana es un golpe para los profesionales que trabajamos en esta área", reconoce Sabench. "Nos recuerda que nunca debemos bajar la guardia en protocolos, controles y comunicación con los pacientes. La cirugía bariátrica salva vidas, pero no está exenta de riesgos, y banalizarlos es un error que puede costar muy caro".

   La tragedia reciente visibilizó una cuestión central: la cirugía bariátrica no es una operación estética, sino un tratamiento complejo para una enfermedad grave. Su éxito depende tanto de la pericia médica como del compromiso del paciente y del sistema de salud.

   En palabras de la presidenta de SECO: "Tenemos que desmitificar la idea de que es un atajo fácil. Es una decisión seria, que exige responsabilidad, apoyo multidisciplinar y seguimiento de por vida. Solo así lograremos lo más importante: devolver salud y esperanza a quienes sufren las consecuencias de la obesidad".

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