La crisis de la farmacéutica de Ozempic sacude a Dinamarca
Durante meses fue el nombre en boca de todos, con medicamentos que fueron fenómenos culturales, sinónimo de una revolución en la pérdida de peso que prometía resultados casi milagrosos.
Su fabricante, la centenaria empresa danesa Novo Nordisk, se catapultó a cotas estratosféricas: se convirtió en la compañía más valiosa de Europa, superó el PBI total de su país natal y vivió una expansión sin precedentes. Sin embargo, el sueño se derrumba.

La gigante farmacéutica, obligada a anunciar un drástico plan de 9.000 despidos, se enfrenta a una profunda crisis que la aleja rápidamente de la cima y que ya borró más del 60% de su valor bursátil. ¿Cómo una empresa que parecía tenerlo todo entró en esta espiral? La respuesta es un cóctel de competencia feroz, desafíos de producción y el inexorable countdown de las patentes.
El Olimpo fugaz
Para entender la caída, hay que recordar la magnitud del ascenso. Novo Nordisk, por décadas un gigante mundial de la insulina, dio con la gallina de los huevos de oro al desarrollar la semaglutida. Originalmente aprobada para diabetes tipo 2 bajo la marca Ozempic, el mundo pronto descubrió su potente efecto secundario: una pérdida de peso significativa. El "Ozempic" se convirtió en un verbo informal, un secreto a voces de Hollywood y una solución anhelada por millones.
La empresa respondió lanzando Wegovy, el mismo principio activo pero oficialmente aprobado para el tratamiento de la obesidad. El dominio fue absoluto. Entre 2020 y 2023, el personal de Novo Nordisk creció en 35.000 personas. Su valor en bolsa se quintuplicó en cuatro años, llegando a rondar los u$s 600.000 millones en junio de 2023, un momento de euforia ahora distante. La compañía no solo era el orgullo de Dinamarca; era un titán global que parecía intocable, beneficiado por una suerte de "monopolio temporal" en un mercado sediento de soluciones.
Por qué el reinado se resquebraja
La caída no es casual, sino estructural. Novo Nordisk se encuentra luchando en tres frentes simultáneos que minan su hegemonía.

• La competencia directa - El rival más formidable emerge desde EEUU: Eli Lilly. Si la semaglutida fue el rey, la tirzepatida de Lilly es el pretendiente al trono. Comercializada para la diabetes como Mounjaro y para la obesidad como Zepbound, este principio activo demostró en varios estudios ser más efectivo para la pérdida de peso que la semaglutida. Pero Lilly no solo compite con una molécula superior; lo hace con una estrategia comercial astuta.
Mientras Novo Nordisk dependía de sus dispositivos inyectables de un solo uso (más caros y complejos de fabricar), Lilly optó por viales con jeringas reutilizables, solución que abarata significativamente el costo para el sistema sanitario y el paciente. Además, habilitó antes la venta directa al consumidor en plataformas digitales, ganando agilidad en un mercado, el estadounidense, que es el mayor del mundo. Perder terreno aquí no es una opción; es una hemorragia masiva de ingresos. Zepbound llegó a superar a Wegovy en número de recetas semanales, señal alarmante para los inversores de Novo.
• La amenaza de los genéricos y las copias - El fervor por los medicamentos con semaglutida fue tan grande que en 2022 EEUU declaró oficialmente un estado de escasez. El anuncio, provocado por la incapacidad de producción de Novo Nordisk para satisfacer la demanda desbocada, tenía una consecuencia legal crucial: permitía a las autoridades regulatorias (la FDA) facilitar la aprobación de versiones genéricas o "similares" de medicamentos aún patentados, para paliar la falta de suministro.
Aprovechando el resquicio, numerosos laboratorios comenzaron a producir y vender sus propias versiones de semaglutida, a menudo a precios muy inferiores. Aunque Novo Nordisk respondió con una batería de demandas por infracción de patente, el daño estaba hecho. Los competidores ya están en el mercado y captaron gran parte de la clientela.
El horizonte es aún más sombrío. La patente principal de la semaglutida expirará en 2032 en mercados clave, pero mucho antes en otros. Analistas de Bank of America prevén que se volverá genérica en países como China, Canadá o India para 2026. Andrew Hill, de la Universidad de Liverpool, advierte a la AFP que mientras el tratamiento original puede costar u$s 1.000 al mes en EEUU, un genérico producido en India podría tener un coste de producción de apenas u$s 4 (cuatro). Esto amenaza con democratizar el acceso, pero destruir el modelo de negocio de altos precios de Novo.
• Los propios errores - Novo Nordisk creció a un ritmo descomunal y, como suele pasar, su estructura se infló. Ahora, con un mercado que se vuelve "más competitivo y más orientado al consumidor", como reconoció el nuevo CEO, Mike Doustdar, esa gran estructura se volvió una pesada carga que lastra la agilidad y la rentabilidad.
La compañía recortó su previsión de beneficio operativo en tres ocasiones en pocos meses, pasando de un crecimiento esperado del 16-24% en mayo al 4-10% actual. Además, parece estar perdiendo la próxima gran batalla: la de la píldora oral para la obesidad. De nuevo, Eli Lilly lleva ventaja en el desarrollo de sus comprimidos, dejando a Novo en una posición de seguidor, no de líder.
El costo humano: 9.000 despidos
El choque con la realidad se traduce en un plan de ajuste brutal. El despido del 11% de su plantel global (unos 9.000 empleados de los 78.400 actuales) es la medida más dramática. Busca ahorrar más de u$s 1.200 millones anuales hasta 2026 para reorientar la empresa hacia una "cultura basada en el desempeño", de mayor velocidad y agilidad.
Este movimiento es especialmente impactante en Dinamarca, donde se eliminarán unos 5.000 puestos. Esta decisión choca frontalmente con modelo laboral danés, reconocido mundialmente por su equilibrio entre vida personal y profesional, su fuerte protección del empleado y su cultura de la confianza. Medidas como la eliminación del teletrabajo generalizado envían un mensaje claro: la empresa prioriza la productividad y la reducción de costos sobre el bienestar que antes pregonaba. Esto no solo es una catástrofe para las familias afectadas, sino también un terremoto cultural y económico para Dinamarca, donde Novo Nordisk es una institución nacional.
Doloroso despertar
La crisis de Novo Nordisk es un caso de estudio sobre la volatilidad de los mercados, incluso en sectores tan aparentemente sólidos como el farmacéutico. Demuestra que llegar primero no garantiza un reinado eterno, especialmente cuando la competencia es feroz y llega con mejores armas. Es un recordatorio de que el ciclo de vida de un fármaco de superventas está inexorablemente ligado a su patente, y que cuando esta caduca, ni la innovación constante asegura la supervivencia.
Para Novo Nordisk, el camino a seguir es estrecho. Debe recortar para ser ágil, invertir masivamente en I+D para encontrar la próxima generación de tratamientos (como su prometedora cagrilintida) y librar una guerra comercial y legal en múltiples frentes. Su sueño de dominar el mercado de la obesidad se topó con una cruda realidad: en la carrera por adelgazar, ahora le toca soltar lastre (en forma de miles de empleados) para intentar cruzar la meta.
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