¿Solidaridad o trata?
Señor director de NORTE:
Cuando ciertos temas controversiales comienzan a tomar notoriedad, es decir, los periodistas de los medios con gran audiencia los acercan al público, se observa que son tratados con posiciones o perspectivas definidas, que demuestran ciertos propósitos u objetivos subyacentes. Uno de ellos es el alquiler de vientres, llamado de diversas maneras, como "vientres solidarios", o "gestación subrogada", o "maternidad subrogada".
Sabemos que las palabras están cargadas de significados, y no es lo mismo hablar de solidaridad, que considerarlo trata de personas. Mientras la solidaridad, que provienen del latín solidum hace referencia a la ayuda, contención, colaboración, generosidad con el otro necesitado, porque estamos unidos por relaciones de respeto y consideración, la trata se refiere a relaciones de cosificación, a usar al otro para mis fines, como medio útil para cumplir deseos, y es considerada un modo de esclavitud.
Todos los días aparecen noticias referidas al trabajo a destajo, en el cual las personas son sometidas a condiciones deplorables, abusando del vulnerable, de su extrema necesidad, o a la prostitución donde el sometimiento va unido con los secuestros, engaños, drogas, violencia, lo mismo que la pornografía y prostitución infantil u otras prácticas donde la desaparición de niños en particular nunca se resuelve. Loan y Liam visibilizan los dos millones de niños que desaparecen a nivel mundial a manos de las mafias internacionales.
Entender el alquiler de vientres como trata es muy diferente a verlo como una práctica de solidaridad con parejas que desean tener hijos y no pueden. Se dejan de lado consideraciones fundamentales: en primer lugar, no existe el derecho a tener un hijo "propio", es decir que tenga genes de uno o ambos progenitores. Hay que aclarar que los deseos no son derechos, pero también que la industria biotecnológica necesita convertirse en un comercio rentable, y de eso se trata, de ir fomentando expectativas de que "la ciencia puede hacerlo", es decir convertir tus deseos en realidades.
Olvidar los intereses mercantiles, es decir, de enriquecimiento a costa de otros y, a partir de nuevas técnicas, es mirar para otro lado y entrar en el campo de la posverdad, convertir una práctica de trata, de utilización de la mujer como medio, en una acción "solidaria". De ese modo se va cambiando la percepción social, generando empatía hacia esas "pobre y sufrientes" parejas que, por supuesto, rechazan adoptar y de esa manera discriminan, porque solo vale el niño con "mis genes", el trofeo, como señalaba una colega, porque se consigue lo que se deseaba. El precio no importa.
Por una parte, los contratos que se firman obligan a la mujer llamada gestante, sometiéndola a muchas exigencias, y de los 10.000 dólares prometidos, no ven nada si el bebé tuvo alguna dificultad intrauterina o nace con alguna deficiencia. Dejan librado un bebé y a la mujer a su suerte sin ninguna responsabilidad. Las agencias promotoras cobran 50 o 60.000, de modo que es un gran negocio a costa de la mujer necesitada.
Po otra parte, se olvidan de las consecuencias que hoy los avances en conocimientos psicobiológicos señalan, así como la psicogenética. Cuando la mujer se embaraza, sea propio o no, hay células de la madre que migran hacia el bebé y viceversa, células que quedan para siempre en ambos. Los cambios en el cerebro de la embarazada están comprobados y, además, la psicología intrauterina señala que las sensaciones y vivencias del desarrollo prenatal estarán grabadas para siempre en el inconsciente. Se establece durante nueve meses una relación con la gestante que va más allá de las palabras, porque negar la palabra madre para "no confundir" es solo eufemismo. A su vez, la separación brusca que se hace al nacer genera sentimientos de abandono, ya que las primeras relaciones son fundamentales. Sin entrar en lo que implica el conocimiento de haber sido "comprados" mediante el alquiler de vientres.
Un tema que demanda mayor atención, pero importante frente a la propaganda que aparece en las redes ofreciendo dinero a mujeres argentinas para que alquilen sus vientres, y frente a periodistas ¿desinformados?, pero denunciado claramente por el Comité contra la trata de Argentina y también desde la ética y la bioética. La dignidad humana no se negocia, y la legalización solo ahondará una práctica de uso y abuso de las mujeres vulnerables.
MARÍA ELENA RADICI
RESISTENCIA
Temas en esta nota

Internet no es el médico
Carta de lectores

El recreo de los sándwiches de mortadela
Carta de lectores

Chaco: la verdad que nos debemos
Carta de lectores

Héroes, mitos y derrotas
Carta de lectores

Salvemos la Orquesta Sinfónica del Chaco
Carta de lectores

Puerto Tirol, capital provincial del muralismo y el arte público
Carta de lectores

Carta abierta a los legisladores de la provincia del Chaco y a toda la sociedad
Carta de lectores










