Cómo los mapas moldean la imagen del mundo
La forma en que se confeccionan los mapas y cómo se representan los territorios influye en la percepción de la importancia, relevancia y centralidad de los países.
Por eso, no es casual que la proyección de Mercator –una de las más utilizadas en escuelas– haya sido cuestionada por distorsionar la realidad geográfica en favor de una visión eurocéntrica del mundo.
La proyección de Mercator fue desarrollada en 1569 por el cartógrafo flamenco Gerardus Mercator con el fin de facilitar la navegación marítima. Si bien cumplía su propósito técnico –permitía trazar rutas de rumbo constante–, introdujo distorsiones que beneficiaron a algunos países y perjudicaron a otros. Por ejemplo, en esa proyección, territorios como Europa, Canadá o Groenlandia se ven desproporcionadamente grandes, mientras que continentes como África o América del Sur quedan minimizados.
Durante siglos, la sobredimensión visual del hemisferio norte consolidó una visión del mundo centrada en Europa, asociando tamaño con poder e influencia. En contraposición, los países del Sur global aparecían reducidos, periféricos y supuestamente menos relevantes. Esta representación contribuyó a naturalizar jerarquías coloniales, reforzando la idea de que ciertos países son más "centrales" o "desarrollados" simplemente por su posición y tamaño en el mapa.
Recientemente, la campaña "Correct The Map", impulsada por la Unión Africana, puso en evidencia cómo la proyección de Mercator alimentó durante siglos una narrativa de marginalidad para el continente africano. A través de esta iniciativa, organizaciones como Africa No Filter y Speak Up Africa exigen reemplazar la proyección Mercator por otras más equitativas, como Equal Earth, que respeta las proporciones reales de los continentes.
"El mapa no es solo una herramienta técnica, sino un símbolo. Y los símbolos importan", señaló Fara Ndiaye, directora adjunta de Speak Up Africa, tras recordar que los mapas moldean la percepción del mundo, influyendo en la educación, la diplomacia y la toma de decisiones.
La República Argentina, en ese sentido, ha dado un paso trascendental al adoptar oficialmente el mapa bicontinental, que incluye sus espacios marítimos y reconoce su proyección hacia la Antártida. Esta nueva representación del país fue reconocida por un órgano de expertos de la ONU tras un extenso trabajo científico realizado por la Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental (Copla). Con este reconocimiento, la Argentina no solo reafirma su soberanía sobre más de 6,5 millones de kilómetros cuadrados de plataforma continental, sino que también modifica la forma en que su territorio es visualizado y entendido.
El nuevo mapa, incorporado a la cartografía oficial y a los materiales educativos, refleja la verdadera extensión del país desde La Quiaca hasta el Polo Sur, situando a Tierra del Fuego en el centro de esta proyección. Es que, muchas veces, la percepción del tamaño de un país se limita a su superficie terrestre visible en los mapas tradicionales, e ignora completamente los espacios marítimos que también forman parte de su soberanía. Es importante destacar que, en el caso de nuestro país, esta representación tiene consecuencias directas en la forma de concebir el desarrollo nacional. En la medida en que se pueda visualizar toda la dimensión marítima y antártica, se abren nuevas posibilidades de planificación estratégica, conservación, aprovechamiento de recursos naturales y construcción de una identidad nacional más integral y coherente con la geografía real de la Argentina.
Así como África reclama corregir una narrativa visual impuesta durante siglos, Argentina también apuesta a una mirada más amplia y geopolíticamente relevante sobre su territorio. En ambos casos, la modificación de los mapas no es un acto meramente técnico, sino una herramienta poderosa de reafirmación identitaria, educativa y política.
El mapa que se enseña en las aulas moldea la percepción que los ciudadanos tienen del mundo y de su lugar en él. Por eso, proponer representaciones más justas —como Equal Earth o el mapa bicontinental argentino— es también un acto de democratización del conocimiento y una apuesta por un mundo en el que todos los territorios, pueblos y culturas sean vistos con la dignidad que les corresponde.
Además de su impacto simbólico y educativo, la manera en que se representan los países en los mapas también tiene implicancias concretas en las relaciones internacionales y en el acceso a recursos estratégicos. En el caso de Argentina, el reconocimiento internacional de su plataforma continental amplía sus derechos de soberanía sobre vastas áreas marítimas y fortalece su posición en foros multilaterales y en disputas territoriales.
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