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Carta de lectores

Negar a Dios el juicio de la verdad y el bien es abuso de la libertad y rebelión en su contra 

Señor director de NORTE:

Todos somos miembros de un mismo Cuerpo Místico que es la Santa Iglesia, somos capaces de discernir sobre el bien o el mal, lo que es una buena razón para tender, todos, al bien común. Sin embargo, los que deciden seguir al mundo rompen esa armonía del Cuerpo Místico, dañándose a sí mismos y al resto de miembros, y si son sacerdotes, el daño es mayor para ellos y toda la comunidad cristiana.

El mundo ofrece sus delicias, efímeras, que de nada sirven para la salvación; en él, los espíritus frágiles sólo siguen el camino de la perdición, autoexcluyéndose de la relación con Dios. Es lo que siempre ha deseado el modernismo, quitar a Dios del centro, desconocer su naturaleza divina, valorarlo sólo como una buena persona, enfermando su Cuerpo Místico de presunción, de soberbia y de lujuria. De allí que muchos sacerdotes, de servidores de Dios se han transformado en obreros que de lo que menos están preocupados es de la salvación de las almas; el orgullo los hace caer en la trampa de la mentira, la perfidia de Satanás.

Lo ha dicho Nuestro Señor: "Vuestro lenguaje sea simple y sincero: si es sí, sí; si es no, no". La verdad es caridad. El sacerdote no está para llamar la atención, porque él debe enseñar la palabra de Dios, no la suya.

La infección del modernismo ha llegado hasta los seminarios, y muchos ministros consienten como si nada estuviera pasando; lamentablemente son esos malos sacerdotes, cobardes y ciegos que huyen de la responsabilidad y rectitud para revertir el mal en curso, por tanto, las almas quedan a la deriva. 

El sacerdote tiene, por mandato divino, la potestad de apacentar a los corderos y a las ovejas, ser Alter Christus para caminar la tierra enseñando la palabra de Dios, proteger al rebaño de los lobos rapaces y subir al Calvario cada día para ser sacerdote y víctima. Es tan grande la tarea a cumplir que el Sagrado Corazón y la Santísima Virgen se regocijan cuando el sacerdote sirve al Señor con el fervor que da el espíritu, con el ofrecimiento y el sufrimiento; es el sacerdote iluminado por la sabiduría, guiado por el Espíritu Santo y es uno con el Sagrado Corazón como Cristo es uno con el padre.

Pero el sacerdote que se dedica más a las cosas del mundo tiene tiempo para todo; deseoso de los bienes del mundo y apetencia desordenada de placeres dehonestos ha perdido el espíritu vigilante y ha caído en la emboscada del enemigo que lo ha vencido debilitando su amor por la cruz, ha perdido el arma de defensa para hacer frente a las fuerzas del mal y ha caído en grandes contradicciones doctrinales, todas ellas, negación de la Verdad. Corregir al que se equivoca y enseñar al que no sabe con esas argumentaciones es engañar a las almas, es mentirles; ha perdido el "lenguaje simple y sincero dicho por Nuestro Señor Jesucristo: si es sí, sí; si es no, no".

Entronizado el modernismo en el Cuerpo Místico de Cristo, nos muestra una Iglesia que ha entrado en la mundanización y crisis de fe, alimentada por conocidos ministros de dudosa moral y profanadores de liturgias que gustan identificarse con el nuevo caminar de la Iglesia posconciliar, ahora sinodal, con sus desfachateces, vulgaridades, errores teológicos, falsedades y por qué no herejías. Es camino para la destrucción de la Santa Iglesia, a la que se acomodan sus seguidores, para seguir respondiendo a los poderes de Satanás. 

Los tiempos se acortan y urge un cambio radical: volver a Dios, combatir por su reinado, repensar, convertirse y reparar. El juicio de la verdad y el bien no le pertenece a la razón humana; el hombre creado libre, sólo concibe su libertad si está sometida a Dios y a su voluntad.

Negar a Dios este dominio es abuso de la libertad y rebelión contra Dios. 

(Fuente: Tú sabes que yo te amo-Confidencias de Jesús a un sacerdote. Mons. Ottavio Michelini).

CLARA MARÍA GONZÁLEZ

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