Hogares endeudados
En los últimos años, pero con mayor intensidad en 2025, cada vez más familias comenzaron a enfrentar serias dificultades para pagar sus resúmenes de tarjeta de crédito, lo que revela una realidad financiera cada vez más compleja para los hogares y pone en evidencia un problema estructural vinculado al uso del crédito para cubrir gastos corrientes.
Según datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA) y de la empresa de asesoramiento financiero Quantum Finanzas, la morosidad en el pago de tarjetas de crédito entre los usuarios de todo el país se duplicó en un año. Entre noviembre de 2024 y julio de 2025, la cartera irregular de los hogares pasó del 2,5% al 3,7%, mientras que en las financiaciones con tarjeta de crédito la mora saltó de 1,6% a 2,9%. Este incremento confirma un deterioro significativo en la capacidad de pago de las familias y muestra un patrón de endeudamiento insostenible.
Uno de los elementos centrales del problema es el uso de la tarjeta de crédito para financiar consumos básicos. Muchas familias, al no contar con ingresos suficientes para cubrir los gastos mensuales, recurren al crédito como una vía rápida para mantener su nivel de consumo. Sin embargo, este financiamiento resulta extremadamente costoso ya que las tasas de interés aplicadas al saldo financiado superan el 90% anual. De esta manera, el mecanismo del pago mínimo funciona como una trampa. Si bien permite evitar la mora inmediata, en realidad solo cubre intereses y extiende indefinidamente la deuda. Es un sistema que beneficia principalmente a las emisoras de tarjetas, al tiempo que encierra a los usuarios en un ciclo de deuda creciente.
Según datos de Payway, empresa que opera con los principales medios de pagos en todo el país, en el segundo trimestre de 2025 las tarjetas de crédito representaron el 63,22% del volumen total operado con medios electrónicos, incrementando su participación respecto de trimestres anteriores. El uso de cuotas también aumentó, pasando del 32,22% al 34,84% entre trimestres, mientras que las operaciones en una sola cuota descendieron. Esta tendencia indica que los consumidores buscan extender los pagos en el tiempo para hacerlos más manejable mes a mes, aunque el costo financiero total sea mucho mayor.
Al mismo tiempo, los ingresos de los hogares no se están recuperando al mismo ritmo que los precios. La inflación continúa erosionando el poder adquisitivo, y los salarios reales permanecen rezagados. Esta dinámica provoca un desfasaje entre ingresos y gastos que lleva a muchas familias a cubrir la diferencia con endeudamiento. Pero cuando la deuda crece más rápido que la capacidad de pago, se genera una "bola de nieve" que se vuelve cada vez más difícil de detener.
Este deterioro no solo se observa en los datos de morosidad de las tarjetas de crédito, sino también en otros indicadores del sistema financiero. La morosidad en préstamos personales destinados al consumo subió del 4,1% al 5,6% en un año, mientras que los cheques rechazados aumentaron un 32% en cantidad y un 67% en monto real entre diciembre de 2024 y mayo de 2025. Estos números muestran que las dificultades no están limitadas a un solo segmento del crédito, sino que abarcan toda la estructura financiera que sostiene el consumo familiar.
Por otro lado, las herramientas macroeconómicas implementadas hasta ahora no han dado los resultados esperados. De hecho, la suba de tasas impacta más rápidamente en productos como los descubiertos en cuenta corriente y los saldos impagos de tarjeta, encareciendo aún más el costo del financiamiento.
La situación plantea un desafío tanto para las familias como para el sistema financiero y las autoridades económicas. Por un lado, es necesario promover una mayor educación financiera, para que los consumidores comprendan mejor los riesgos del endeudamiento con tarjeta y el costo real del crédito. Por otro, se requieren medidas que ofrezcan alternativas de financiamiento más accesibles, porque el uso de la tarjeta de crédito como mecanismo para sostener el consumo cotidiano se transformó en una trampa que atrapa a cada vez más familias. La deuda crece y se vuelve impagable en un escenario de tasas elevadas. Abordar este problema con responsabilidad es clave para evitar que la fragilidad financiera de los hogares se convierta en una crisis de mayores dimensiones.
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