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Se amplía la brecha entre inflación oficial y percepción social

Cada vez que el Indec publica su índice, una porción importante de la sociedad siente que ese número no refleja la realidad cotidiana.

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   Esta diferencia entre los datos oficiales y la percepción social se profundizó en mayo y junio, cuando la inflación fue incluso menor que la prevista por analistas.

   A diferencia de la manipulación estadística directa de épocas pasadas, la actual brecha obedece a causas más técnicas, aunque no menos significativas. La principal: el gobierno de Javier Milei decidió seguir utilizando la canasta de consumo basada en la Encuesta de Gasto de los Hogares (ENGHO) de 2004/05, pese a que existe una versión más actualizada de 2017/18, lista para ser implementada.

   Aunque en 2016 se ajustaron los precios relativos, la estructura de la canasta sigue desactualizada. Esto genera distorsiones notables. Por ejemplo, el rubro "Vivienda, agua, electricidad y gas" pesa actualmente un 9,4%, cuando debería estar en torno al 14,5% según la nueva encuesta. Algo similar ocurre con Transporte (de 11% a 14,3%), Comunicaciones (de 2,8% a 5,2%) y Educación (de 2,2% a 3,1%).

   Este desfase es clave, ya que desde fines de 2023 se registraron fuertes subas en servicios y alquileres, lo que afectó más a sectores que destinan una mayor parte de su ingreso a esos rubros. Para Federico Sánchez, director de la consultora Vectorial, "si se utilizara la canasta más reciente, la inflación sería más alta, lo que implicaría revisar también los datos del pasado".

   Esto implicaría reconocer que la inflación de 2023, por ejemplo, fue mayor a la oficial. Según el economista Martín González-Rozada, si se usara como base 2019, la inflación del año pasado habría sido del 123,5%, casi seis puntos más. Y si se tomara como base 2023, el índice ascendería al 133,6%, es decir, 16 puntos más. Recalcular la inflación impactaría en otros indicadores clave como pobreza, indigencia y evolución del salario real.

   Pero no es solo la canasta desactualizada lo que alimenta la desconfianza. El actual proceso inflacionario es altamente heterogéneo: algunos precios suben mucho y otros poco o nada. Según Sebastián Auguste, director del Centro de Investigación en Finanzas de la UTDT, esto afecta la percepción: "Cuando la inflación es pareja, todo sube más o menos igual; pero hoy, con fuertes aumentos en servicios públicos y alquileres, el impacto es más visible y genera malestar".

   Además, la canasta utilizada por el Indec no representa de manera equitativa a todos los sectores. Está pensada para un consumidor promedio de clase media baja, lo que no refleja con precisión la realidad de jubilados, personas de bajos recursos o habitantes de grandes ciudades con mayores costos fijos.

   Estos factores alimentan una creciente diferencia entre los datos oficiales y lo que la gente siente. Según la encuesta de expectativas de inflación a corto plazo realizada por la UTDT, en mayo se esperaba una inflación del 4,23%, frente al 1,5% informado por el Indec. "Cuando la inflación se acelera, la gente subestima; pero cuando baja, suele sobreestimar", explicó Auguste.

   Por ahora, el Gobierno no da señales de querer actualizar la canasta. Seguir usando la estructura de consumo de hace 20 años permite mostrar una desaceleración inflacionaria más moderada, lo que se ha convertido en uno de los principales logros de la administración Milei.

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