Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°

El derecho a la privacidad

Según una investigación realizada por un equipo liderado por el ingeniero español Narseo Vallina-Rodríguez y publicada por el Instituto Internacional de Informática (ICSI), con sede en California, Estados Unidos, más del 70% de las aplicaciones móviles comparten información personal con otras empresas. El trabajo académico reveló que cada movimiento que realizan los usuarios deja una huella digital.

Desde las ubicaciones habituales hasta las relaciones sociales y rutinas diarias, gran parte de la información es recolectada por las aplicaciones móviles que se usan a diario. Una vez que se otorgan los permisos a una app para acceder a los datos, estos pueden ser compartidos con terceros sin que el usuario sea consciente de ello, afectando el derecho a la privacidad.

Aunque las apps están obligadas a pedir permiso para acceder a ciertos tipos de información -como la ubicación, los contactos o el historial de llamadas-, lo que sucede con esos datos después de que el usuario aprueba el acceso es en gran medida opaco. En muchos casos, la información es enviada a empresas de seguimiento como Google Analytics, Facebook y otros actores del mercado publicitario, que la utilizan para crear perfiles de usuario y ofrecer publicidad personalizada.

El estudio del ICSI reveló que el teléfono móvil es una fuente constante de datos sensibles. Se trata de lo que el usuario voluntariamente introduce en una app, pero también de lo que se recolecta en segundo plano, como la localización precisa mediante wifi y Bluetooth, identificadores únicos del dispositivo, patrones de uso, contactos y el historial de navegación, entre otros. Incluso si el GPS está apagado, las aplicaciones pueden estimar con precisión dónde está el usuario gracias a otras señales disponibles en el teléfono.

Pero eso no es todo. Según el estudio, muchas aplicaciones integran herramientas desarrolladas por grandes tecnológicas -como Google o Meta- que, además de cumplir funciones básicas, recolectan y transmiten datos de los usuarios sin que estos ni siquiera lo sospechen. A veces, ni el propio desarrollador de la aplicación conoce a fondo la magnitud de la información recolectada y compartida por estos módulos.

Una de las principales razones por las cuales este fenómeno pasa desapercibido para la mayoría de los usuarios es la manera en que se presentan los permisos y las políticas de privacidad. Estas suelen ser extensas, redactadas en lenguaje técnico y difícil de entender, lo que lleva a que la mayoría de las personas acepte sin leer. De esta forma, se da un consentimiento superficial que poco tiene de "informado".

Esto permite que las empresas operen con una libertad considerable a la hora de recolectar y redistribuir información personal. Además, al no existir mecanismos efectivos de fiscalización, se ha creado un ecosistema en el que miles de aplicaciones actúan como puertas de entrada a un entramado de seguimiento y análisis de comportamiento del usuario.

La razón detrás de este intercambio masivo de información es, ante todo, económica. La publicidad dirigida, basada en el comportamiento real de los usuarios, es altamente rentable. Cuanto más precisa es la información, más efectiva es la publicidad, y mayor es el valor del espacio publicitario que se vende. A esto se suman usos como el entrenamiento de sistemas de inteligencia artificial o el desarrollo de nuevos productos y servicios basados en patrones de comportamiento. Sin embargo, el precio que paga el usuario es alto, ya que padece una pérdida casi total del control sobre sus propios datos. La creación de perfiles digitales hiperprecisos influye en el consumo y también en la forma en que el usuario interactúa con el entorno digital, en lo que ve y lo que no ve, en las decisiones que toma y en las que otros toman por la ciudadanía.

Frente a esta situación, la recomendación general es revisar cuidadosamente los permisos que se otorgan a las aplicaciones, utilizar herramientas que permitan monitorear el tráfico de datos desde el dispositivo, y optar por apps que demuestren un compromiso real con la privacidad. Pero estas medidas individuales tienen un alcance limitado.

Lo cierto es que se requiere una regulación más estricta y clara que obligue a las empresas a informar de forma comprensible qué datos recolectan y con quién los comparten. También es necesaria una mayor educación digital que permita a los usuarios entender los riesgos y ejercer un mayor control sobre los datos que contienen información sobre su privacidad.

Más de derecho a la privacidad+ Ver todas
Te puede interesar