Trump regula el criptomercado y usa las stablecoins para fondear la deuda pública de EEUU
En un giro significativo, el Senado de EEUU aprobó la Ley Genius, que busca regular las criptomonedas conocidas como "estables" (stablecoins), es decir, aquellas cuyo valor está respaldado por activos "reales", como el dólar o materias primas, a diferencia de criptoactivos más volátiles como el Bitcoin.

La ley Genius, impulsada por la administración de Donald Trump en su segundo mandato, establece que los emisores de stablecoins estarán obligados a respaldar cada unidad emitida con activos de alta seguridad, principalmente bonos del Tesoro de EEUU.
El gobierno norteamericano presenta esta regulación como una forma de estabilizar el mercado cripto y proteger a los inversores, pero el trasfondo es mucho más estratégico: se trata de una herramienta para sostener el endeudamiento del Estado en un contexto de creciente debilidad financiera. Con una emisión ya existente de stablecoins cercana a los u$s 250.000 millones, la administración Trump proyecta una expansión del mercado a u$s 2 billones en los próximos tres años. Según Scott Bessent, secretario del Tesoro, esto generaría una demanda equivalente al 5 o 6% del total de bonos del Tesoro emitidos, actuando como salvavidas para una deuda pública que supera ¡el 125% del PBI estadounidense!
En ese sentido, la regulación propuesta no sólo busca reforzar la legitimidad del dólar digitalmente, sino también convertir a las stablecoins en una suerte de "dólar 2.0", capaz de fortalecer el papel de la divisa estadounidense en el comercio y pagos internacionales.
Contradicción: criptos estatizadas
La medida representa un golpe simbólico y político para los defensores del "anarcocapitalismo" y las ideas libertarias que vieron en el bitcoin y otras criptomonedas la posibilidad de una "economía sin Estado ni regulación centralizada". En lugar de eso, el gobierno de EEUU interviene directamente para estatizar el criptomercado y usarlo como una herramienta más del aparato financiero estadounidense. Así, el mismo Donald Trump, que años atrás se mostraba escéptico con respecto a las criptos, este año ya lanzó su propia moneda digital (y su propia estafa piramidal, al estilo Milei con $Libra, aunque no tan escandalosa) y ahora regula el sector con mano firme, intentando capturar ese universo para reactivar la economía estadounidense desde las alturas de su deuda.

Este cambio de postura fue evidente con la destitución de Gary Gensler como titular de la Comisión de Valores (SEC), y su reemplazo por Paul Atkins, un abierto defensor del Bitcoin, quien proclamó que las criptomonedas "son el futuro del mercado financiero". La Ley Genius forma parte de una ofensiva más amplia del trumpismo para monetizar digitalmente el endeudamiento del Estado, buscando renovar la confianza en los bonos del Tesoro, hoy sometidos a un creciente escepticismo global.
La deuda pública de EEUU se ha multiplicado ¡por siete! desde la crisis de Lehman Brothers en 2008, y sus intereses por 3,5. La posibilidad de canalizar hacia esa deuda la gigantesca liquidez del ecosistema cripto —bajo control estatal— resulta irresistible para un aparato financiero ávido de recursos en medio de guerras internacionales, exenciones impositivas al capital y necesidades bélicas crecientes.
Batalla entre monopolios
La regulación aún no fue aprobada en la Cámara de Representantes, pero ya desató una feroz competencia entre gigantes tecnológicos y comerciales como Amazon, Apple, Google y Walmart, que analizan lanzar sus propias stablecoins. Cada una de estas empresas apunta a establecer su propio ecosistema de pagos, apalancado en sus plataformas digitales y enormes bases de datos de clientes.
Frente a esto, el Banco de Pagos Internacionales (BIS) lanzó una advertencia: la proliferación de monedas privadas digitales recuerda al caos monetario del siglo XIX en EEUU, cuando múltiples bancos emitían sus propios billetes, generando burbujas, estafas y crisis que finalmente obligaron a la centralización de la política monetaria. Además, el BIS advierte que las stablecoins pueden servir como canal privilegiado para el lavado de dinero, la evasión fiscal y operaciones por fuera del control de los bancos centrales, reforzando la llamada "banca en las sombras".
Este temor a la desintermediación bancaria también explica por qué el auge cripto va de la mano de recortes del gasto público, salvo en áreas como armamentismo o seguridad. Menos recaudación fiscal producto de estas operaciones opacas exige más ajuste, lo que intensifica el carácter regresivo del nuevo orden monetario impulsado desde Washington.

¿Estabilidad o burbuja?
Aunque la regulación promete estabilidad, ya hay voces que anticipan lo contrario. El analista Arthur Hayes, CEO de BitMEX, anticipó un estallido de la burbuja de las stablecoins, señalando la "valorización desmedida de las acciones de las empresas emisoras" como un signo de "especulación desenfrenada". Moody"s, por su parte, advirtió que una pérdida de confianza o un evento regulatorio "puede detonar liquidaciones masivas de stablecoins, depreciar bonos del Tesoro y sacudir los mercados financieros globales".
El mismo mecanismo que el Tesoro de EEUU quiere usar para captar capital podría convertirse en una fuente de inestabilidad sistémica. Cuanto más grande sea el mercado de stablecoins anclado a bonos públicos, más profunda será la eventual crisis si el dólar pierde legitimidad o si los mercados dudan de la capacidad de repago del Estado norteamericano.
Cripto y decadencia imperial
En el fondo, esta apuesta revela más sobre la fragilidad del sistema monetario global que sobre la solidez del universo cripto. Que el dólar tenga que reinventarse en forma de moneda virtual respaldada por deuda, y que ésta a su vez se ofrezca como refugio para inversores especulativos, es un síntoma de la decadencia estructural del sistema financiero imperial.
El bitcoin y otras criptos no lograron suplantar el papel del Estado en el control del dinero, pero sí han demostrado que el régimen monetario actual está lejos de ser estable. En lugar de una alternativa de libertad económica, las cripto reguladas se están convirtiendo en instrumentos de ajuste, especulación y disciplinamiento financiero. Trump las abraza no para liberar la economía, sino para financiar el déficit, mantener el gasto militar y contener el declive de la hegemonía estadounidense.
Lo que se presenta como "innovación monetaria" es, en realidad, una maniobra desesperada para sostener un régimen en crisis, atado a una deuda impagable, a guerras interminables y a una economía que ya no lidera el crecimiento global. Si las criptos nacieron como una promesa de emancipación frente al dinero estatal, su integración al Tesoro marca el fin de esa ilusión: el capital financiero las captura para seguir parasitando al mundo.
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