Un alivio engañoso en medio de la crisis
El gobierno celebra la caída del 0,3% en los precios mayoristas registrada en mayo, la primera desde 2020.
Lejos de ser una señal de recuperación, la baja refleja una economía en recesión profunda, sostenida por la caída del consumo, el atraso cambiario y un ajuste que no logra contener la inflación minorista.
Descenso con fundamentos frágiles
La baja se explica, en gran medida, por una caída del 4,1% en los productos importados. Esto se debe al tipo de cambio oficial planchado tras la suba de abril —cuando se liberó parcialmente el cepo—, al retroceso de algunas commodities y al "efecto FMI", que moderó la especulación sobre los precios. En el caso de los productos nacionales, el estancamiento responde a la combinación de apertura comercial y desplome del consumo interno.
Un alivio temporal provino de la baja en los productos refinados del petróleo, aunque este factor ya está amenazado por el conflicto en Medio Oriente, que encarece el crudo a nivel global.
Alimentos y servicios siguen presionando
Mientras el índice general mostró una baja, el rubro de alimentos y bebidas —clave para el bolsillo— aumentó un 0,2% en mayo. Esto se refleja en la inflación minorista, que fue del 1,5% ese mes, una de las más altas de la región.
Además, el índice mayorista no contempla servicios, cuyos precios siguen subiendo. Por ejemplo, el transporte público aumentó recientemente, y otros costos como alquileres y salarios continúan presionando al alza. Esto limita el valor predictivo del índice para anticipar una verdadera desaceleración inflacionaria.
Consumo en caída y familias endeudadas
La supuesta "normalización" convive con una fuerte contracción del consumo. Según la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confiterías y Cafés (AHRCC), la actividad cayó un 20% desde marzo. En el noreste argentino, los distribuidores mayoristas reportan bajas del 10% al 12% en ventas de alimentos básicos como pan, carne, pollo y aceite.
Ante esta realidad, muchas familias se ven obligadas a endeudarse y utilizar tarjetas de crédito para cubrir necesidades básicas, como la alimentación diaria.
Deflación sin alivio social
Esta deflación técnica no refleja una economía sana, sino una que se enfría a costa del ajuste y la pérdida de poder adquisitivo. Se sostiene sobre tres pilares frágiles: una demanda interna colapsada, un dólar artificialmente bajo y un modelo recesivo que no logra frenar del todo la inflación.
Mientras el gobierno celebra "logros", la población enfrenta la pérdida constante de su capacidad de compra. Más que una buena noticia, la baja de precios mayoristas confirma la profundidad de una crisis social que se sigue agravando.












