Advertencias desde los mercados y las calles
El viernes pasado, una suba aparentemente menor del dólar financiero —que volvió a rozar los 1.200 pesos— bastó para poner en evidencia la fragilidad del programa económico del Presidente y de su ministro de Economía, Luis Caputo.

Aunque porcentualmente leve, el movimiento "fue suficiente para alterar el delicado equilibrio de un esquema basado en la especulación y el ajuste". Así lo advirtió el economista y dirigente de Política Obrera, Marcelo Ramal, en una declaración que desnuda las tensiones que atraviesan la política económica oficial.
"La mini depreciación arruinó el ‘carry trade’", sintetizó Ramal, refiriéndose a la estrategia de inversión que consiste en sacar provecho de los altos rendimientos en pesos. El problema es que cuando el dólar sube más que esos rendimientos —como ocurrió en esta ocasión—, se desincentiva esa bicicleta financiera y se fortalece la tendencia a dolarizar carteras, presionando al alza la cotización de la divisa. En otras palabras: "los especuladores huelen el riesgo y huyen antes de perder".
La chispa que encendió esta nueva corrida, según Ramal, "fue la fallida colocación del bono BONTE 30, emitido en pesos pero vendido a fondos internacionales a cambio de dólares". La jugada formó parte del intento del gobierno por engrosar las reservas del Banco Central, en un contexto de drenaje constante. "A dos semanas del compromiso asumido con el FMI para reunir u$s 4.500 millones, la cuenta sigue en rojo: la cosecha gruesa no trajo los dólares esperados, las importaciones y el turismo siguen demandando divisas, y los vencimientos de deuda presionan cada día más".
El BONTE 30 fue presentado como un hito —"la primera colocación de deuda en mercados internacionales en años"—, pero fue percibido por los inversores como una muestra de debilidad. El gobierno se vio obligado a ofrecer una tasa anual cercana al 30%, que en moneda dura equivale a una rentabilidad del 15%. Una tasa "de default", según Ramal, que "dejó en evidencia la inviabilidad de seguir atrayendo dólares a través del endeudamiento externo. La percepción de los especuladores fue clara: el modelo no cierra. Y por eso salieron a comprar dólares", afirmó el economista.

Frente a esta reacción, el gobierno apeló a una medida que podría tener consecuencias explosivas: la intervención creciente en el mercado de futuros. A través de contratos que prometen dólares en el futuro a un precio determinado, el Ejecutivo intenta contener la escalada cambiaria. "Pero si el dólar sigue subiendo y esos contratos vencen, deberá emitir una cantidad enorme de pesos para cumplirlos, lo que podría desatar una nueva devaluación a término", en palabras de Ramal, "con características de colapso económico".
En paralelo, el Ejecutivo negocia una postergación del compromiso con el FMI para evitar el incumplimiento formal, al tiempo que algunos economistas afines intentan relativizar la importancia de las reservas. Pero si el dólar avanza hacia el techo informal de 1.400 pesos, "el plan deflacionario se desmorona y los reclamos salariales se multiplican", dijo Ramal.
"Aquí aparece otra gran contradicción del modelo libertario: mientras se ofrecen rendimientos del 2% mensual en moneda dura para tentar a los inversores, se exige a los trabajadores que acepten paritarias de apenas el 1%.Todo esto después de una pérdida salarial que oscila entre el 20 y el 50% en el último año y medio", sostuvo el economista y catedrático de las universidades de Buenos Aires y de Quilmes.
"Para sostener la confianza de los mercados, el gobierno redobla la motosierra con recortes brutales en salud, educación y jubilaciones. Pero las voces de alerta ya no vienen sólo del mundo financiero. Se escuchan también en las calles: médicos del Garrahan, profesionales en discapacidad, choferes de colectivos y docentes autoconvocados están levantando la voz", advirtió.
"El edificio liberticida, que se viste de equilibrio monetario y fiscal, es un muñeco con pies de barro", sentenció Ramal. "Los trabajadores que comienzan a movilizarse deben tenerlo claro: no hay estabilidad posible si se construye sobre la miseria de las mayorías".
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