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Milei y Caputo apuestan a una "dolarización endógena" 

El Gobierno impulsa medidas para incentivar que quienes tengan ahorros los gasten, con el objetivo de remonetizar la economía y acumular reservas.

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   En medio de un contexto económico marcado por la crisis de confianza en el peso argentino, el presidente Javier Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo, anunciaron un paquete de medidas orientadas a promover la dolarización informal (también llamada *endógena*) mediante el uso de dólares guardados fuera del sistema financiero. La iniciativa busca, según fuentes oficiales, remonetizar la economía y cumplir con las metas de acumulación de reservas pactadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el marco del nuevo acuerdo financiero.  

El desafío de las reservas y el dólar barato  

   A pesar del compromiso asumido con el FMI, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) no ha logrado incrementar significativamente sus reservas netas. Para sostener la política de un dólar "competitivo" que favorezca las exportaciones y la reactivación productiva, el Gobierno mantiene el tipo de cambio oficial artificialmente bajo, lo que ha generado críticas por su impacto en la inflación y la dolarización encubierta.  

   "La aceleración de liquidaciones del sector agroexportador no es suficiente para revertir el déficit de reservas", explicó recientemente el diario *Hoy*. Esta realidad obliga al Ejecutivo a explorar nuevas vías para atraer los más de 250.000 millones de dólares estimados que circulan fuera del sistema formal, ya sea atesorados en efectivo o invertidos en activos informales.  

Cómo funcionará el plan: incentivos y tecnología  

   El núcleo del plan se basa en tres ejes: incentivos impositivos, desregulación financiera y tecnología aplicada al consumo cotidiano. Según anticipó Caputo en un foro con inversores en Washington el 24 de abril, el Gobierno presentará medidas "sorprendentes" para facilitar el uso del dólar en operaciones diarias, como pagos con QR en comercios, restaurantes o servicios.  

    "Estamos en una competencia de monedas y queremos remonetizar la economía también en dólares", enfatizó el ministro, alineado con la visión libertaria de una dolarización no oficial pero funcional.  

   Entre las propuestas analizadas se encuentran:  

• Reducción del impuesto al cheque para transacciones en dólares.  

• Desregulación del mercado cambiario, permitiendo liquidaciones directas entre privados sin pasar por el sistema bancario oficial.  

• Integración tecnológica a través de ARCA (Administradora de Riesgos de Compensación) para habilitar pagos en divisas extranjeras sin barreras técnicas o burocráticas.  

El reto: cultura de desconfianza y estabilidad macroeconómica  

   La principal barrera para el éxito de esta política es la desconfianza histórica hacia el peso, arraigada en décadas de crisis cambiarias. "Argentina no solo es un país ‘dolarizado de hecho’, sino que el ahorro en dólares es una práctica cultural que ninguna gestión logró revertir", señala el economista Martín Vauthrin.  

   Para revertirlo, el Gobierno apuesta a que, si la economía se estabiliza y crece, los agentes económicos optarán espontáneamente por operar en dólares, profundizando la "competencia de monedas" sin necesidad de una ley formal. Sin embargo, críticos advierten que esta estrategia podría reducir aún más la base monetaria en pesos, agravando la contracción del crédito doméstico y la dependencia de divisas externas.  

Implicancias políticas y económicas  

   La medida, aunque celebrada por sectores empresariales y tecnológicos, enfrenta resistencias en el mundo financiero y político. Mientras el oficialismo la enmarca como un paso hacia la "libertad de elección monetaria", la oposición la critica como una profundización de la dolarización que podría erosionar la soberanía cambiaria y aumentar la vulnerabilidad ante shocks externos.  

   Con este plan, Milei y Caputo buscan consolidar un modelo económico basado en la reducción del intervencionismo estatal y la apertura a flujos privados de capital. No obstante, su éxito dependerá no solo de la aceptación ciudadana, sino también de la capacidad del Gobierno para contener la inflación y generar condiciones de estabilidad que justifiquen el riesgo de una economía cada vez más dolarizada.  

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