La venganza de los señores de las bolsas
Señor director de NORTE:
Quiero compartir con vuestros lectores algunas apreciaciones relacionadas con el "Mundo de las Bolsas". Las hay de distintos tipos y acepciones. Los afectados por la inflación de la edad, recordamos al "hombre de la bolsa" con el cual nuestros viejos nos asustaban para que desistiéramos de andar rompiendo las siestas u en otras horas "inapropiadas" del resto del día. Incluso, sirviéndose de ese pobre hombre, nos hacían ver la conveniencia de tomar la sopa. El éxito de ese lobby estaba, como segunda opción de convencimiento y sin traumas psicológicos, garantizado con la presencia "persuasiva" de don Segismundo Freud –así lo llamaban– ostentando sus largas trenzas de tiento en un gancho clavado en la puerta del principal acceso al hogar, dulce hogar.
Más acá en el tiempo, la muchachada de la Uocra suele referir a las "bolsas de cal" las que, al ser abiertas y sacudidas para vaciarlas en el tambor de las hormigoneras, esparcen polvillos en los alrededores. Con el ingenio que los caracteriza, metáforas mediante, asocian ese fenómeno del mundo de la construcción con lo que –según ellos– ocurre con aquellas fogosas de precipitados y reiterados finales.
Algunos nostálgicos del pasado, con la invocación a "Los Señores de la Bolsas", ahora asustan a grandes y chicos por andar rompiendo la paciencia con eso de querer tomar sopas, comer polentas y la herética pretensión de manducarse un pucherito de osobucos y, ni hablar, de los intentos sediciosos y golpistas de aquellos que anhelan manyar un asadito.
Entre esos "Señores de las Bolsas" que meten miedo por doquier, están "Las Bolsas de Valores", "Las Bolsas de Comercio" y los dueños de los "Silo Bolsa" y otros que, cuando andan en yunta, el miedo pasa de castaño a oscuro hasta convertirse en terror. Es que el terror de las gentes a ser tributarias pasivas e involuntarias de mayores y variados "bolsazos" no es, en consideración del poderío de aquellos "señores", para nada infundado. Tanto la autoría del guion como los personajes protagónicos y hasta los extras de esa película de terror, se presentan ante el masivo público con el seudónimo de "los mercados".
En fin, los "Señores de las Bolsas", para garantizarse la acción de seguir repartiendo bolsazos a mansalva a los bolseados de siempre, persiguen con singular obsesión la meta de desplazar, cuando no la de extinguir lisa y llanamente al propio Estado; quien, con sus más y sus menos, solía hacer algunas cositas, sino para evitar esa acción, al menos para mitigar los efectos de los permanentes bolsazos. Una sopa aguachenta, yerbas de ayer secándose al sol y las polentas, era asegurada por él.
El Estado, para los bolseados, ya fue. No está sordo, ciego ni mudo. Sencillamente no está, ya no existe. ¡Caput! He aquí la terrible venganza de los Señores de las Bolsas. ¡A bolsear se ha dicho! ¡Ya no hay nada ni nadie que lo impida!
Esos "señores" para su película de terror no gastaron un mango para contratar a un Al Pacino, a un Brad Pitt, a un Dustin Hoffman, etc. Les alcanzó con reclutar, no a un homo sapiens sino a un "homo tilingus" de dudosa capacidad siquiera para asumir los devaluados papeles de los "extras".
Sirviéndose de ese "homo tilingus" quien se presenta a sí mismo como el líder de "las fuerzas del cielo". Los "Señores…" le asignan a él la representación del Chuki, y entra en la escena del terror trepándose a las alturas de ese mundo celestial y desde allí, con una sonrisa angelical típica de él, derrama de manera indiscriminada y "democrática" el contenido de "Las Bolsas de las Colostomías" sobre los bolseados de siempre, casi inertes, en la superficie terrenal. Tan indiscriminado como democrático es ese derrame que las heces las reciben no solo los del 44, sino también los del 56. ¡Sí, sobre estos también! Los del 44 la vieron, la oyeron y creyeron en las percepciones de sus sentidos y se alarmaron por las que se les venía con el "homo tilingus". Los del 56 también la vieron y la oyeron, pero no creyeron lo que vieron y oyeron ("¡Naaa! ¡Dice nomás! ¡¿Mira si va a hacer lo que dice que va a hacer?! ¡Vos nomás sabes! ¡Naaa!") Ya está. Así nomás es la democracia.
El rotundo éxito de la peli amerita todo género de celebraciones. Allá por Olivos se abren Las Bolsas de Carbón. Hay brasas y costillares en las estacas. En la cabecera de la mesa, el "homo tilingus"; en sus laterales, los demás "homo" aspirantes a "tilingus". Desde la Rosada se activa el protoloco –hijo dilecto de Patricia–, para desactivar cualquier intento vengativo de los jubilados, líderes indiscutidos del colectivo de los bolseados, impidiéndoles que boicoteen el banquete con las picardías del viejo vizcacha con aquello de que: "El asado es de todos o no es de naides, puaj- puaj"
Que no cunda la depre. Los masculinos pueden procesar los efectos de los bolsazos oponiéndose a ellos a dos manos con sus respectivas bolsitas comprimidas con el grado de intensidad y emoción que a cada uno les fluya. Las féminas, con sus intuiciones, habrán de saber cómo procesar las cosas.
Amén de ello, ya está en marcha la contraofensiva de "Los Bolseados". En efecto, cual outsiders al acecho, nadie los ve, ni los quieren ver. Pero están ahí, en todos lados y a toda hora, blandiendo en sus manos trinchetas de variados colores y tamaños. A Patricia y a Matcovich, celosos custodios de los intereses de "Los Señores de las Bolsas" en nación y en provincia, se les ha escapado la tortuga.
El nuevo fenómeno, que amenaza revolucionar la morfología social de los pueblos, se presenta en sociedad como "Los Rompe Bolsas". No hace mucho el "homo tilingus", en respuesta a una pregunta-reproche en el sentido de que sus políticas económicas llevaría a la muerte por hambre de un montón de gentes, contestó algo así como: "¿Vos te creés que las personas son tan idiotas que se van a quedar quietitas para morirse de hambre? ¡Vaaamooosss! ¡Daaleee! ¡Cuando el Estado ya no los atienda, algo van a hacer para no morirse de hambre! ¡No son idiotas!
Efectivamente, en eso andan "Los Rompe Bolsas". Por ahora y sólo por ahora, están rompiendo las bolsas de los residuos en busca de algo para mandar al buche. Se dice sotto voce entre sus líderes, que están a punto de firmar un convenio de asociación y participación en las ganancias con las empresas que cotizan en bolsas sus acciones, agrupadas ellas en lo que se conoce como el Polo Petroquímico de Bahía Blanca, de fuerte crecimiento merced del notable incremento de la demanda de bolsitas de polietileno.
La cosa no para ahí. Una de las cláusulas reservadas de ese convenio compromete, a ambas partes, generar las acciones necesarias para incrementar la demanda de las materias primas destinadas a confeccionar los silo bolsas. En sus celus "Los Rompe Bolsas" ya tienen geolocalizada la zona núcleo de la pampa húmeda. Luego de la arenga de rigor y al tiempo que agitan al viento sus trinchetas sedientas de venganzas, se los escucha decir: "¡Hacia allá vaaaamoooosss"!
OSCAR ARMANDO VERA
DNI 12.104.439
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