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El adiós a Francisco

El Papa que conocí y la deuda de los argentinos

Se fue Francisco y nos queda una autocrítica para cambiar una historia de desencuentros.

El llamado de un colega me dio la triste noticia, se había ido el peregrino de los pobres y de una iglesia con rostro humano. Bergoglio, el hombre que les dio a los argentinos y al mundo la cuota de esperanza y un volver a las raíces del evangelio. Se fue Francisco y nos queda una autocrítica a los argentinos para cambiar una historia de desencuentros, pasiones políticas y renovar ese legado de fe que nos dejaron nuestros ancestros. 

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El Papa de la mano cálida

Ante la pregunta de ese colega acerca de qué es lo que recuerdo de él durante el mes que trabajé en Roma con el Sínodo sobre el amor y la familia: me quedó esa mano cálida que me dio y el compromiso de paz en una Argentina turbulenta y con un "cepo" de odio encriptado que impedía caminar juntos como a él le hubiese gustado. Claro que hubiese querido venir a su patria, sin embargo era consciente de que su rol de vicario de Cristo era atender las almas de la inmigración forzada, un medio ambiente destruido, la angustia de una Iglesia con curas pederastas —un dolor muy fuerte para él— y a pesar de todo rezaba por su amada Argentina ante injustos ataques de sus hermanos. Un país devastado que no era una tierra fértil como lo fue aquella vez que vino Juan Pablo II. Nos queda esa duda, ¿no podríamos haber hecho un esfuercito para lograr su presencia?

 

Tiempos nuevos

Como dice el Evangelio, tratemos de "interpretar los signos de los tiempos ante una humanidad frágil por el pecado". Comienza para el mundo y para cada uno de nosotros una nueva etapa de la vida después de esa bendición ut et orbi que nos dio ayer. Una bendición enmarcada en el saludo pascual, la paz vence a la guerra, el amor sobre todo y la esperanza que nos deja un Año Santo.

Su legado

Si revisamos sus cartas Encíclicas y documentos papales veremos que nada le fue indiferente, su amor por la juventud a la que animaba a través de los Encuentros, sus más de cuarenta viajes por el mundo mostraban su afecto por todos, incluso a lugares donde había pocos cristianos, no importaba el número, importaba fortalecer la fe de almas débiles, Amoris Laetita mostró el camino de la unidad familiar, Fratelli Tutti sobre la fraternidad y la amistad social dio la pauta de componer las relaciones rotas en el ámbito de un mundo cerrado, Laudato sí fue la joyita preferida para advertirnos del cuidado de "La Casa Común", y nosotros los chaqueños sabemos muy bien por la deforestación y expoliación de nuestros montes, amparados por el poder de turno, lo habla a nivel mundial en "Querida Amazonia. La Carta para el año de la Eucaristía" en 2004, el llamado a la Santidad en el mundo actual con Gaudete et Exultate, Cristus Vivit para los jóvenes y todo el pueblo de Dios. Su carta Encíclica sobre la Esperanza cristiana y Lumen Fidei a los obispos y presbíteros, personas consagradas y a todos los fieles laicos sobre la fe. 

Hasta siempre, Francisco.

No me quedan más palabras para despedirlo, pero siento que nos queda a todos el deseo de trabajar por el futuro de la patria; somos un pueblo cristiano y su partida duele, pero a la vez nos infunde más esperanza porque tuvimos en el Vaticano la bandera argentina y ese símbolo será una cadena que nos una mas fuerte olvidando, perdonando, amando y despojándonos de ese "hombre viejo" que nos encerraba. 

Hasta siempre, Papa de los "descartados", heraldo de Cristo y ferviente devoto de la Virgen María. Ahora ya estás en brazos del que te envió a cuidar su rebaño. Recemos por el nuevo vicario que vendrá. 

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