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Renovación vs. pasado

La batalla silenciosa detrás de la elección chaqueña

La elección de mayo será una especie de termómetro político, más que una simple contienda legislativa.

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El 11 de mayo los chaqueños irán a las urnas para renovar parte de la Legislatura provincial. Y si algo se puede afirmar con certeza es que el oficialismo liderado por Leandro Zdero va ganar en toda la provincia. 

Así lo muestran las encuestas y la calle: hay una ratificación del rumbo iniciado por el actual gobernador.

¿Eso significa que no hay malestar, ni deudas, ni problemas pendientes? Para nada. 

Los números también marcan lo contrario: la inseguridad, la falta de trabajo, la pobreza estructural, el deterioro en salud y educación siguen siendo las principales preocupaciones de los chaqueños. 

Pero también es cierto que Zdero asumió hace poco más de un año, en un contexto extremadamente complejo, tanto en lo financiero como en lo institucional.

Lo que está haciendo la diferencia —y en eso coinciden muchos analistas, incluso los que miran con desconfianza al gobierno provincial— es que Zdero aparece con una legitimidad construida desde la cercanía.

 Tiene un estilo que no es habitual en los gobernadores en ejercicio: hace campaña caminando, tocando puertas, dando la cara, escuchando, algo que hoy pocos dirigentes pueden sostener con naturalidad.

Desde nuestra experiencia como encuestadores, sabemos que esa exposición, lejos de ser un riesgo, funciona como una vacuna política: le permite corregir, entender, adaptarse. 

La mayoría de los ciudadanos valora más a los dirigentes que se muestran, aunque no tengan todas las respuestas, que a los que se esconden...

La campaña del oficialismo también tiene una narrativa clara: renovación, recambio generacional y transición hacia nuevas formas de liderazgo. 

No hay grandes promesas ni frases vacías. Hablan de orden, y en parte lo están logrando. En contraposición, la oposición parece estancada en un discurso del pasado, centrado en la crítica al gobierno actual, con los mismos nombres de siempre, algunos con una pesada mochila de cuestionamientos.

No hay propuestas disruptivas, no hay renovación visible. Y algo más grave aún, no hay autocrítica.

La mayoría de los ciudadanos valora más a los dirigentes que se muestran que a los que se esconden.

Esto no significa que Zdero esté exento de desafíos. Su imagen positiva sigue siendo alta, pero esto es natural cuando hay hartazgos en viejos dirigentes (esto vale para oficialistas y opositores). 

Hay una expectativa sostenida, no un cheque en blanco. La gente espera resultados. Y si bien hay comprensión del contexto, la paciencia social no es infinita.

La elección del 11 de mayo será entonces una especie de termómetro político, más que una simple contienda legislativa. Un mensaje que validará o corregirá el rumbo.

Y todo indica que el resultado va a ser favorable al oficialismo. No porque la gente esté conforme con todo, sino porque ve en Zdero un estilo diferente de gobernar. Más horizontal, más transparente, más presente. Y también porque del otro lado no aparece, al menos por ahora, una alternativa que entusiasme.

Eso es lo que dicen los datos. Lo demás, será análisis para el día después.

(El autor es consultor político y encuestador)

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