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Carta de lectores

Testimonio

Señor director de NORTE:

Cuando pienso que estoy sin antidepresivos me asombro y me enorgullezco. Reconozco que son un salvataje químico indiscutible; con tanto recorrido, conozco el límite; cuando la cuesta arriba se percibe imposible, aviso y los vuelvo a tomar. Tengo recetado Diazepam para las crisis.

Compruebo todos los días que el arte me salva, más los 29 años de psicoanálisis que llevo, como analizante. Cuando entro a caer, me aferro a la vida, aumentando de manera casi frenética la actividad creativa: dibujo, pinto y modelo en arcilla; lo que siento, lo que está en mi mente y en mi alma (se podría decir). No dudo, lo hago. No especulo si gustará, si se venderán mis obras... Escucho, a veces, que me dicen "pero que se vendan tus trabajos te permite vivir" y pienso: pues claro: vivir, ¡sí!, pagar los servicios básicos, ok... Pero yo estoy intentando sobrevivir al horror que es "a priori" de conseguir un mejor pasar económico. El horror de haber sido abusada sexualmente desde mis tres años hasta los cinco, por parte de un tío político, Luis Oviedo, casado con la hermana de mi madre, Eli Aquino. Y al calvario de la familia que me tocó, que me silenció cuando a los tres y cinco años lo conté; sí, lo hablé, ¡con palabras!; solo el 1% de niñxs abusadxs pueden poner palabras a algo que es de un orden desconocido, como es la sexualidad adulta y no solo desconocido, sino que es desintegrador para el sujeto que se está constituyendo como tal. 

La psiquiatra, psicoanalista Irene Intebi, lo expresa de forma clara y contundente: el abuso sexual a un niño "es como un disparo en su aparato psíquico". 

Seguí contando, lo hice a los 13 y a los 16, por mencionar las edades que comprenden la minoría de edad. Mi familia me silenció y el silencio favoreció al abusador en su impunidad y en la libertad de llegar a seguir abusando de otrxs niñxs. Eso provoca que el daño sea mayor, por eso es tan importante estar atentos a los cambios en lxs niñxs que siempre lo manifiestan; aunque no sea con palabras. Atender, proteger y denunciar para que el abuso no se repita.

Seguí sola, como sola busqué a los 16 años que me atiendan profesionales del servicio de salud mental, sala 13, Hospital Perrando, en forma gratuita y ambulatoria durante 4 años. Ahora, de adulta, en 2021, busqué personas que estaban atravesando este calvario con experiencias ya en "hacer la denuncia": la Fundación Al Fin Justicia. Me decidí y lo saqué del ámbito de las cuatro paredes de esa familia que considera, como la mayoría, que esto pertenece a la esfera de lo íntimo o privado; ¡y no! El abuso sexual en las infancias es cultural, nuestra cultura patriarcal lo genera y avala. Es político, es responsabilidad del Estado atender este flagelo social e implementar políticas de prevención y atención a las víctimas; porque es un delito con secuelas graves. 

Busqué justicia denunciando en el fuero penal en 2021. A 2025 aún no se realiza el juicio que llevaría conseguir la anhelada justicia. Carlos Rozanski nos dice que el abuso sexual en las infancias "es el delito más impune de la historia de la humanidad". No hubo justicia en mi ámbito familiar, ya que todos los integrantes se siguieron relacionando con esa pareja perversa como si nada le hubieran hecho a su "cachorra de 3 años, perteneciente a su manada". Tampoco está habiendo justicia aun desde el Poder Judicial. De lo que sí estoy segura es que gran parte de la sociedad no tolera este delito aberrante. Y sé que está habiendo "escrache", condena social. Seguiré insistiendo en la llegada de condena al abusador, por parte de uno de los poderes más cuestionado, burocrático y perverso de los tres que conforman el Estado democrático –aunque el Ejecutivo y el Legislativo no se quedan atrás en esta decadencia institucional que estamos viviendo–. No bajaré los brazos por más difícil que sea en estas épocas tan oscuras. Somos muchxs luchando contra el abuso sexual en las infancias, nos alentamos y seguimos…

La sociedad entera debe tomar consciencia de que no podemos retroceder en los derechos ya adquiridos, que no podemos permitir que no se aplique la Ley de Educación Sexual Integral en las escuelas, que comprobado está ha habilitado a niñas y niños hablar de este horror padecido. Que debe generar repudio que el jefe de Estado se refiera al Estado como un pedófilo. "El Estado es un pedófilo en un jardín de infantes con niños encadenados y envaselinados", lo dijo el presidente antes de asumir la Presidencia, lo que resulta más preocupante, en cuanto degradación del tejido social que se ve reflejado en el voto.

Hemos retrocedido al siglo XIX, época en la que clasificaban de "idiotas, imbéciles y débiles mentales a las personas que poseen discapacidad", así lo vimos espantados en el Boletín Oficial de Nación, semanas atrás refiriéndose a esta población que es la más vulnerables para caer víctimas de este delito.

Luchemos para que podamos decir "Al fin Justicia" en todas las causas que están padeciendo las mismas demoras e injusticias.     

JARUMI NISHISHINYA

DNI 27.410.056

RESISTENCIA 

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