Gestión de riesgos, política de desarrollo local

Cada vez que ocurre una catástrofe de origen hídrico en una ciudad, generalmente se menciona que es consecuencia de algún factor relacionado con el clima y, por qué no, con la falta de obras para contener o conducir semejante masa de agua. La búsqueda por hallar soluciones definitivas a la problemática por lo general se traduce en diversos estudios y obras, especialmente destinados a la protección física de la ciudad frente a posibles inundaciones, que con sus aciertos y errores se realizan en el tiempo de manera fragmentada, sin solución de continuidad, hasta el próximo evento donde nuevamente se vuelve a girar en el mismo círculo.
Uno de los grandes problemas de las ciudades en general es que han crecido enfrentándose con las características del territorio en lugar de crecer respetando sus condiciones. El territorio siempre tuvo un orden propio dado por el mismo funcionamiento de los diferentes ecosistemas que lo componen. Entonces lo que se debe lograr es el equilibrio entre lo construido y lo natural, adecuando los usos que se establezca a los sistemas naturales, dejando atrás al paradigma de conquistar y dominar a la naturaleza y la quimera de que las obras son la única solución a los conflictos que se han construido.

Los ciclos naturales demuestran que las lluvias extraordinarias siempre existieron y seguirán existiendo, además, según estimaciones de organismos internacionales, los centros urbanos seguirán creciendo, estimándose que para el año 2050, 7 de cada 10 personas vivirán en ciudades, aumentando su exposición a riesgos climáticos y de desastres. En consecuencia, para evitar que este tipo de eventos provoquen aún más daño a futuro, los gobiernos locales deberían repensar sus políticas de desarrollo y revertir las tendencias de las últimas décadas que han llevada a la situación que se enfrenta en la actualidad.
El esfuerzo que se realice debe centrarse en mitigar la vulnerabilidad, entendiendo que el problema no son los eventos extraordinarios en sí mismos, como hechos o sucesos ocurridos, el problema es el conjunto de factores que posibilita que la manifestación del fenómeno natural se convierta en un desastre por lo que es necesario conocer y los procesos que han conformado las condiciones de riesgo y vulnerabilidad de las ciudades afectadas para comprender el contexto del desastre.
Para mitigar el riesgo de desastre es indispensable que las ciudades pongan en marcha un proceso de gestión de riesgos, entendiendo a la gestión de riesgos como un proceso social complejo que conduce al planeamiento para la aplicación de políticas, estrategias y medidas para la reducción de las vulnerabilidades, es decir un proceso continuo que abarca todos los momentos: prevención y preparación; respuesta y asistencia; rehabilitación y reconstrucción.
A modo de ejemplo se citarán algunas medidas a desarrollar y ejecutar en cada momento:
* Prevención y preparación: plan urbano que zonifique el territorio de acuerdo a la vulnerabilidad hídrica, que establezca el crecimiento de la ciudad hacia lugares de menor riesgo prohibiendo la construcción de viviendas en sectores bajos o de alto riesgo, también es necesario el dictado de normas que protejan en forma efectiva los humedales, considerar la reubicación de las personas que habitan en sectores muy vulnerable y elaborar los sistemas de alertas tempranas así como también una efectiva comunicación de los mismos.
En esta etapa se contempla la planificación de las obras necesarias que deberán realizarse de acuerdo al desarrollo previsto para la ciudad y el necesario mantenimiento o readecuación de las obras de protección existentes.
También deben elaborarse los planes de emergencias y contingencias de acuerdo a los eventos probables; los mismos deben ser consensuados y conocidos por los actores intervinientes y tienen que ser ejecutados de acuerdo a protocolos, debiendo contemplar la logística necesaria para el cumplimiento de los mismos.
* Respuesta y asistencia: en el momento que se produce la contingencia se realizan tareas de evacuación y asistencia con la logística determinada en los planes de contingencia para hacerlas efectivas; personal, medios de transporte, refugios, alimentos, sanidad, etc. debieran estar previsto con anterioridad y su ejecución protocolizada.
* Rehabilitación y reconstrucción: instancia en la que se trabaja para que la ciudad se normalice. De acuerdo a la evaluación de daños serán diagramadas las tareas a realizarse en el restablecimiento de los servicios básicos, redes de los servicios urbanos, infraestructura vial y viviendas particulares. También debe hacerse el saneamiento y verificación de los lugares afectados para que la vuelta a casa de la población evacuada sea segura. Para que sea efectiva la reconstrucción, debe reconstruirse mejor y para hacerlo es necesario transformar el modelo de desarrollo.

La gestión del riesgo no puede ser función de una sola área del gobierno local, sino que debe ser transversal a todas las áreas porque implica trabajar en una diversidad de aspectos vinculados, por ejemplo, con obras públicas, desarrollo social, ambiente, comunicación, educación, cultura y planeamiento urbano.
Por otro lado, no se limita a un solo tipo de contingencias, como son las inundaciones urbanas, aunque sean las que más preocupan actualmente a la comunidad. Se trata de un proceso complejo de desarrollo de la ciudad que requiere diversos aspectos como el análisis de las vulnerabilidades, el fortalecimiento institucional, la planificación intersectorial y la ejecución de acciones de diferente índole, en las que participa de algún modo toda la población, instituciones y organizaciones, que tienen como fin la reducción de las condiciones de vulnerabilidad.
El desarrollo de este proceso debe ser en consonancia e integrada a las pautas de desarrollo humano, económico, ambiental y territorial que sean sostenibles en el tiempo; admitiendo, en principio, distintos niveles de coordinación e intervención. Es entonces que la gestión de riesgos implica un cambio profundo en el modo de comprender la realidad y obrar sobre ella.
(*) El autor es agrimensor, magister en gestión de ambiente, el paisaje y el patrimonio. E xdirector de Gestión de Riesgo del Gobierno de la Ciudad de Santa Fe.










