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Carta de lectores

La supuesta imprevisibilidad de los eventos climáticos severos

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Foto: Juan Sebastian Lobos - AP

Señor director de NORTE:

El estrago del 7 de marzo en Bahía Blanca revela dos debates imprescindibles de abordar: por una parte, la supuesta imprevisibilidad de eventos climáticos severos, en particular las lluvias sobre ciudades o áreas rurales productivas o sobre las cuencas de los ríos que las atraviesan, provocando inundaciones. Y por otra parte, ¿quién paga los estudios para conocer los servicios de prevención y anticipación, las obras para escurrimiento y las eventuales mitigaciones y atenciones una vez ocurrido el evento?

Sobre Bahía Blanca y la cuenca superior del Rio Napostá, que la atraviesa, se precipitaron más de 300 mm en 600 minutos, esta intensidad sería lo imprevisible según medios de comunicación, algunos sectores políticos y hasta algunos técnicos especialistas. Lo ocurrido es lo más alejado a la imprevisión que podría existir. En una simple búsqueda en internet se encuentran una decena de trabajos académicos que desde hace más de diez años estudian, anticipan y advierten la ocurrencia de eventos pluviales e hidrológicos sobre las ciudades de Bahía Blanca, Ingeniero White y General Daniel Cerri. Pero si estos estudios no bastan, está la evidencia empírica del cambio climático abrupto que estamos presenciando. 

El 24 de abril de 2003 precipitaron en la cuenca alta del Rio Salado mas de 300 mm en 600 minutos que llegaron a la Ciudad de Santa Fe el 29 de abril de 2003 provocando una inundación que dejó 23 muertos directos y más de un centenar indirectos; el 2 de abril de 2013 cayeron sobre la Ciudad de La Plata y la cuenca baja del Arroyo El Gato, más de 400 mm en 300 minutos, dejando un saldo de 89 muertos; el 30 de marzo de 2017 llovieron sobre la ciudad de Comodoro Rivadavia más de 230 mm en 600 minutos, dejando una víctima fatal y más de 8.000 evacuados; el 3 de marzo de 2024 llovieron sobre la Ciudad de Corrientes mas de 300 mm en 300 minutos, sin víctimas fatales, pero se lamentaron enormes pérdidas económicas y materiales en lo que fue la mayor lluvia registrada en la ciudad; el 16 de diciembre de 2023 un temporal de lluvia y viento en Bahía Blanca, dejó un saldo de 13 muertos y cuantiosos daños materiales. 

Es decir que tuvimos 20 años de advertencias empíricas con saldos luctuosos de cientos de vidas sobre el cambio climático que significa pasar de precipitaciones del orden de los 100 mm en 600 minutos a 300 mm en 600 minutos, volviendo regular lo que era extraordinario. Esto es lo que muestran los estudios académicos producidos en la última década y las evidencias empíricas. No es una frecuencia de un siglo, ni siquiera de 50 años, es un cambio abrupto que en apenas 20 años cambió el registro histórico. Las precipitaciones aumentaron súbitamente hasta cuatro veces su intensidad, considerando el volumen caído en el tiempo transcurrido. No se puede seguir diseñando escurrimientos con las intensidades y frecuencias registradas antes del cambio climático.

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Se ha vuelto imprescindible, imperioso y acuciante cambiar los parámetros de diseño de obras hidráulicas para escurrimiento, modificando la intensidad de las precipitaciones a los valores empíricos observados. Todas las obras hidráulicas nuevas que deban ser hechas en las cuencas de los ríos del país deben ser calculadas, no ya con la probabilidad del registro pluviométrico, sino con la posibilidad del evento observado. Esto es lo que fue desconsiderado por mas de 20 años, ignorando el abrupto cambio climático que se cobró cientos de vidas y cuantiosas pérdidas económicas.

Pero además de las obras nuevas, deben ser adecuadas las obras hidráulicas existentes para absorber o mitigar los eventos observados con aumento de precipitaciones en cortos periodos de tiempo. A menos que se conserve la absurda suposición de que no es probable que vuelva a ocurrir un evento tal, porque ya ocurrió. Los dos eventos de Bahía Blanca muestran el error de esta mirada.

Esta quizá sea la tarea mas acuciante para abordar en este momento para la gestión de todas las ciudades y áreas rurales productivas del país. Es necesario establecer una legislación nacional, similar al CIRSOC, para regular los cálculos de las crecidas de diseño que supere la carga máxima probable, se ajuste a los eventos observados y considere la disminución de la evaporación y el aumento de la impermeabilización. Ya que en simultaneo a las precipitaciones sobre el área de Bahía Blanca, se produjeron lluvias intensas en las ciudades de Salta y Tucumán, y algunos días después en la ciudad de Córdoba, aunque menores, pero por encima de lo habitual según el registro histórico. Mostrando que no es una mera variabilidad climática sino un abrupto cambio climático.

Es necesario desplegar planes urgentes de construcción de obras hidráulicas que contengan los efectos de precipitaciones del orden de 300 mm en 600 minutos. ¿Cómo están las ciudades y áreas rurales de la provincia para afrontar precipitaciones de este orden? ¿Qué planes tienen las municipalidades y la provincia, por ejemplo, para su principal aglomeración urbana que alberga a más de 400 mil habitantes? ¿Las obras hidráulicas, que, con mucho esfuerzo del pueblo chaqueño, fueron construidas, son suficientes? ¿Los canales de la avenida Soberanía Nacional, el de la avenida 16, sus lagos compensadores, el sistema de bombeo de la cuenca norte hacia el río Negro, la presa derivadora de Laguna Blanca, el dique y el sistema de bombeo de Barranqueras, son suficientes? ¿Están mantenidos? ¿La enorme presión inmobiliaria especulativa sobre las lagunas y el reservorio de diseño del área norte del Rio Negro, impermeabilizándolo y disminuyendo hasta la práctica eliminación de su carga programada, será controlada para evitar anegamientos en el área norte de la ciudad?    

Si los cálculos de diseño de estas infraestructuras fueron hechos con precipitaciones de menor orden que las observadas recientemente, es seguro que no serán suficientes. No estaremos en condiciones de drenar y escurrir precipitaciones que caigan sobre la ciudad o áreas rurales o las cuencas de los ríos que las atraviesan. Para este supuesto, ¿tenemos planes actualizados de contingencia, mitigación y atención de la catástrofe para estas dimensiones? Dónde podrán albergarse miles de habitantes, qué comerán, quién cuidará sus bienes abandonados en el agua, dónde se atenderán los enfermos, parturientas o ancianos cuando se inunden los hospitales. ¿Se está preparando a la comunidad para afrontar estos eventos? 

Porque justamente la excusa de la imprevisibilidad protege a los decisores políticos para evitar destinar recursos, para afrontar los efectos del cambio climático, que según ellos son insuficientes mientras desfinancian obras y servicios para pagar una deuda externa ilegítima y fraudulenta.

Este es el otro debate, quién paga estas intervenciones. Esta es la discusión de fondo que subyace a toda la situación. Ya con las precipitaciones de menor orden, antes del cambio climático, el financiamiento para obras hidráulicas era insuficiente y objeto de ingentes y desgastantes gestiones para lograrlo. Los estados locales, provinciales y el nacional destinaban fondos solo luego del evento. Es decir que era necesaria alguna catástrofe para que entre en el sistema decisorio la obra hidráulica. 

El caso de las inundaciones de la ciudad de Resistencia de los años 1966 y 1983 lo demuestran, solo después se proyectaron y mucho después se construyeron las obras, como el sistema de defensa, que las afronten. Pero las catástrofes no sirvieron para cambiar dos paradigmas dominantes: los cambios de parámetros de diseño para adecuarlos a los eventos observados del cambio climático, ni para evitar la urbanización en las zonas naturales de crecimiento de cursos o espejos de agua. Es esencial cambiar estos dos paradigmas rápidamente si queremos evitar nuevas pérdidas de vidas y bienes. Hay que diseñar obras previendo precipitaciones por encima incluso de las observadas luego del cambio climático y evitar urbanizar sobre las áreas naturales de escurrimiento del agua.

Para afrontar estas obras son necesarios los impuestos que los financien. Premisa que está en discusión, a partir de que el gobierno nacional actual sostiene que los impuestos son un robo y deben ser eliminados. Según ellos, las obras deberían ser financiadas por los privados; es decir la gente debiera pagar un sistema de defensas contra inundaciones o una empresa privada construirla y cobrarle un canon a la gente. Como si ahora no fuera así, la gente ya paga impuestos para financiar justamente estas obras. Lo que muestra que son falsas propuestas y se usan para ocultar que lo que pretenden es que los ricos no paguen impuestos, de aquí que quieran destruir al estado que, democráticamente, los obliga a pagarlos, tergiversando la decisión mayoritaria de imponerles impuestos con el mote de un robo. Mostrando que en realidad desprecian la democracia. Los impuestos modestos e insuficientes que pagan los ricos luego de manipular al congreso para que sean lo menos posible y luego de eludir y evadir su pago, deben aumentar.

Porque vivimos en una sociedad desigual que no distribuye los ingresos equitativamente, sino que producidos colectiva y socialmente son apropiados por una pequeña minoría. Esto es lo que está en nuestra base constitucional luego de dos siglos de luchas populares en que logramos una tenue mejora en la distribución de la riqueza y que los libertarios pretenden eliminar. Las pocas obras y servicios que existían fueron eliminadas drásticamente. La provincia de Buenos Aires publicó, antes de la catástrofe de Bahía Blanca, una lista con mas de mil obras paradas por abandono del estado nacional que había contratado su financiamiento, en esa lista se mencionan 4 en Bahía Blanca. Redujeron casi hasta la eliminación al Servicio Meteorológico Nacional, que a pesar de esto pudo anticipar y alertar el evento de Bahía Blanca; desfinanciaron al Instituto Nacional del Agua que gestiona y regula la hidrología y los recursos hídricos de todo el país, a la Comisión Nacional de Actividades Espaciales que provee las imágenes satelitarias necesarias para estudiar y anticipar estos eventos y a las universidades y al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas que estudian la hidrología urbana y rural en todo el país. 

Será una gran lucha la necesaria para que los que más tienen, junto al resto del pueblo, financien con sus impuestos las obras necesarias para evitar los estragos que se seguirán produciendo si no logramos unirnos para seguir estudiando, previendo y anticipándonos a los eventos, para detener las causas del cambio climático, para diseñar nuevas obras hidráulicas y adecuar las existentes según las posibles precipitaciones conforme los eventos observados y para atender y mitigar las eventuales catástrofes que se produzcan hasta tanto dispongamos de obras para afrontarlas y planes para evitarlas.

GUSTAVO COLMAN

(ARQUITECTO)

DNI 20183616

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