Estela Binaghi, de las indispensables
Señor director de NORTE:
El martes 11 de marzo falleció en Resistencia la abogada Estela Mónica Binaghi, dirigente y apoderada del Partido Comunista, esposa de Edwin Peco Tissembaun.

A pocos días del Golpe de Estado de 1976 me detuvieron y llevaron a la Brigada de Investigaciones de la Policía del Chaco. A disposición del área militar 233, sin acusación de delito concreto, sin posibilidad de defensa jurídica.
Solo los familiares directos podían concurrir a preguntar por la situación de los detenidos. Un centenar de presos, allí amontonados en el patio de ese lugar siniestro. A media tarde me llama un cabo de la Policía, y me entrega un paquete de cigarrillos. "Esto te trajo tu novia", me dice. Lo tomé y me dirigí al fondo mientras no salía de mi asombro, mi novia vivía lejos, en Quitilipi, era muy probable que no se animara a visitarme en la cárcel, y además ella había luchado bastante para que dejara de fumar; lo que había ocurrido desde hacía dos meses.
Al otro día, misma hora, se repite la escena: "Billa, acá están los cigarrillos que te trajo tu novia". Era evidente que la intención era traer todos los días un solo paquete de cigarrillos, para de tal manera intentar algún contacto, aunque sea visual.
Al tercer día le dije al policía que me entregó el paquete que le dijera por favor que en lugar de traerme Jockey me trajera de la misma marca que fumaba ella.
Y así ocurrió, ahora traía de la marca Benson. Era la forma para que quien me visitaba todos los días supiera que yo recibía su envío.
El séptimo día me llevan a una oficina de la Brigada: "Tenés cinco minutos para hablar con tu novia". Y allí estaba ella, soportando las miradas acosadoras de los siniestros que habitaban el lugar, y al verme me abraza con entereza e hidalguía.
Ella era Estela, "mi novia". Ella iba solita todos los días a intentar verme siquiera. Arriesgando su propia libertad y hasta su vida, en aquellos días cuando el futuro de todos los que habíamos apostado por una vida y un país diferente, corría serio peligro.
Querida Estela, brindaste toda tu vida a la profesión que elegiste. Habilitaste tu estudio y junto con Maia desempeñaste tu profesión a lo largo de cincuenta años, con la dedicación, esmero y honestidad que te acompañó en toda tu trayectoria, ganando el respeto y simpatía de los colegas y reconocimiento de jueces y funcionarios.
Querida Estela, brindaste tu vida también, contribuyendo con tu militancia a sostener los ideales marxistas; y en la práctica como guardiana de la legalidad del Partido Comunista y de su personería política.
No fue nada fácil sostener esos ideales en épocas de represión política y de prejuicios de la sociedad y el entorno que nos rodeaba.
Integraste la conducción partidaria, brindando tu candidatura a diputada en varias ocasiones.
Integraste el Movimiento de Solidaridad con Cuba desde la Coordinadora NEA, de la que fuiste fundadora junto con tu amado Peco Tissembaun y a Lucrecia Zorrilla. Organización de muchas tareas en apoyo de Cuba, su pueblo y su revolución.
Participamos juntos en los Congresos XVI y siguientes y junto con Cheche, Toto y Jorge acompañamos a Patricio en el viraje político de nuestro partido.
Ahora nos toca despedirte, con gran dolor y a sabiendas de que eres de las indispensables. Y para nuestro consuelo, sabemos que ya estarás junto a tu Peco. Que te habrás encontrado con Rubén, Salo, y el enorme Carlos Moglia.
Solidaria, militante tenaz y disciplinada. Con la lucidez que le otorgaba su inteligencia y experiencia acumulada durante toda una vida arropada por la misma bandera: la que cobija a los trabajadores y desamparados; la que mejor representa al conjunto de la humanidad y a la patria.
No era mi novia la que me llevaba cigarrillos, era la hermana solidaria y camarada de hierro que nunca dudó en arriesgar su propio pellejo, cuando tuvo que cumplir una tarea que por pequeña que pareciera, era una tarea revolucionaria.
Hasta la victoria siempre.
RUBÉN EDUARDO BILLA
QUITILIPI
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