Un enfoque integrador de la salud
En 2002, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) se unieron para propulsar el concepto de "Una sola salud", un enfoque integrador que reconoce la interdependencia entre la salud humana, la de los animales y la de los ecosistemas. Esta visión tiene como objetivo prevenir y mitigar las amenazas comunes que afectan tanto a personas como a animales y al ambiente. En un mundo cada vez más interconectado, el concepto adquiere mayor relevancia.
La pandemia del Covid-19 demostró cómo los virus que se originan en los animales pueden cruzar fronteras, impulsados por la rapidez del transporte global. Dicho de otro modo, enfermedades que en tiempos pasados requerían años para propagarse hoy logran llegar a todos los rincones del planeta en cuestión de meses. El Sars-Cov-2 es el ejemplo más reciente de cómo un patógeno de origen zoonótico puede desencadenar una crisis sanitaria mundial, pero no es el único. La historia nos recuerda que muchas de las pandemias más devastadoras han tenido sus raíces en el contacto entre humanos, animales y el medio ambiente.
Desde la peste negra -una de las pandemias más devastadoras de la historia- hasta el siglo XXI, los viajes han sido tanto una vía de intercambio cultural y comercial como un medio para la propagación de enfermedades infectocontagiosas. En el siglo XIV, la peste bubónica, causada por la bacteria Yersinia pestis, se dispersó rápidamente a través de las rutas comerciales entre Europa y Oriente, un fenómeno que ejemplifica cómo el transporte de personas y mercancías puede servir como vector para la transmisión de patógenos.
La aviación comercial redujo drásticamente los tiempos de traslado, conectando regiones del mundo como nunca antes. Pero el alcance y la rapidez que caracteriza a la aviación moderna también plantea riesgos en términos de propagación de enfermedades. Según la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), cada año más de 1600 millones de personas vuelan en todo el mundo.
Volviendo al enfoque integral propuesto por la OMS y la OIE, se puede decir que la degradación de los ecosistemas, la pérdida de biodiversidad y la destrucción de hábitats naturales no solo afectan a las especies animales, sino que también perjudican directamente a la población humana, tanto en términos de salud pública como de seguridad alimentaria. La desaparición de insectos, como las abejas, cuya población ha disminuido 75% en los últimos 50 años, es un ejemplo claro de esta interconexión. Más de 75% de los cultivos alimentarios dependen de la polinización, un servicio vital que está en peligro por el uso intensivo de pesticidas y la pérdida de hábitats adecuados. Si las abejas desaparecen, el impacto en la seguridad alimentaria será devastador.
La pérdida de biodiversidad no solo es un problema ambiental. Según la ONU, es una cuestión que afecta a la economía, la justicia social y los derechos humanos. Un millón de especies están en peligro de extinción, un signo inequívoco de una "relación disfuncional" entre los seres humanos y la naturaleza. El consumo desmedido de recursos, la expansión de la agricultura intensiva y la contaminación del aire, agua y suelo son algunas de las causas fundamentales que aceleran este proceso.
En este sentido, el enfoque "Una sola salud" debe ser visto como una prioridad. La salud humana no puede estar separada de la salud animal ni de la salud ambiental. Cada uno de estos componentes es un eslabón en una cadena que, si se debilita, afecta a todas las partes. Los esfuerzos para conservar y restaurar la biodiversidad, preservar los hábitats naturales y minimizar el impacto de las actividades humanas sobre la naturaleza deben ser parte de una estrategia integral de salud pública.
Es imperativo que gobiernos, organismos internacionales y la sociedad civil trabajen juntos para promover este enfoque. El equilibrio entre la salud humana, animal y ambiental no es solo un objetivo, es una condición esencial para la supervivencia en este planeta compartido.
No se trata de un problema aislado de una disciplina o de una región, sino de un desafío que requiere una respuesta coordinada de los distintos actores. Las lecciones de la pandemia deben servir para repensar la relación de las comunidades humanas con la naturaleza, para evitar futuros desastres y asegurar un planeta más saludable para las generaciones futuras.
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