Los tiempos se aceleran
La decisión de Leandro Zdero de ubicar la próxima elección legislativa provincial en el domingo 11 de mayo de 2025 disparó un cronograma que comprime mucho los tiempos que de aquí en más tendrán las fuerzas políticas para tomar las principales decisiones: si participarán de los comicios en soledad o integrando alianzas y cuáles serán sus candidatos para las 16 diputaciones en juego.
Lo temprano de la fecha dio lugar a interpretaciones diversas. Un sector del peronismo lo ve como una maniobra dirigida a acentuar los movimientos tectónicos internos del PJ, donde el liderazgo de Jorge Capitanich no se cuestiona, pero hay dirigentes interesados en ponerle límites. Una movida que el coquismo presenta como una puja entre leales y traidores. No es una lectura única: otros consideran el acortamiento del calendario electoral le ahorra al peronismo el desgaste de una pulseada prolongada puertas adentro del partido.
En el caso del oficialismo, la definición del gobernador parece tener efectos neutros por el hecho de que nadie planea cuestionar su condición de conductor cuando apenas lleva un año en el poder. Pero pone al radicalismo en el brete de tener que decidir pronto si en el Chaco cerrará un acuerdo con La Libertad Avanza o ambos irán por caminos separados.

DÍA D
Hay que tener en cuenta que con el día D puesto el 11 de mayo, la inscripción de alianzas se cerrará ya el 11 de marzo, y la de listas de candidatos el 22 del mismo mes. Es decir, todo está a la vuelta de la esquina.
En el caso del justicialismo, una convocatoria a elecciones internas debería realizarse a más tardar el 6 de enero. La UCR no afronta el mismo problema porque los radicales dejarán las definiciones en manos de Zdero, que, a su vez, seguramente, escuchará a una mesa chica que represente al mapa radical.
En el PJ, de todos modos, se consideraba poco razonable ir a una elección partidaria en las circunstancias actuales, fuera del poder nacional y del provincial. "Nadie tiene 200 o 300 millones para gastar en una interna", decía ayer uno de los participantes de los contactos que se dan en el marco de la agitación del PJ.
Por eso, las diferencias que se gestaron en los últimos años y que ganaron volumen tras la derrota de 2023 están planteadas como un asunto que debería saldarse mediante negociaciones y un acuerdo. ¿Entre quiénes? Entre un grupo de dirigentes que pide que Capitanich abra el juego y preste la bicicleta de vez en cuando y otro que rodea al exgobernador y considera que no hay motivos para mellar su condición de jefe. Entre ambos, una zona de grises en la que no se dice por completo ni que sí ni que no.
EN TENSIÓN
La figura que encabeza el movimiento "Capitanich sí, pero sin lapicera" (por utilizar la eficaz definición de un gremialista) es Magda Ayala, la intendente de Barranqueras. Es la que más descalificaciones junta en las conversaciones en off con los muchachos de JMC. La acompañan otros jefes comunales, entre los que se contabiliza a Juan Pablo "Juanchi" García, de Machagai, y Germán Honcheruk, de Villa Berthet, como integrantes de una lista que no es corta.
No plantean ninguna revolución, pero son dirigentes que consideran que las decisiones personales que tomó Capitanich en su último mandato, principalmente el entorno que usó como cantera para cargos en el gabinete y espacios en las listas de candidatos, cimentaron la salida del poder el año pasado. Entonces, dicen, hay que darle la primera candidatura a senador nacional del PJ en 2025, pero poner el resto de las cosas bajo una discusión menos encapsulada.
Capitanich, hasta ahora, optó por ningunearlos y tratar de cerrar filas en su círculo de leales, entre los que están el diputado nacional Aldo Leiva, legisladores provinciales y un grupo mayoritario de intendentes, como Leiva hijo (General San Martín); Javier Martínez (Margarita Belén) y Carlos Ibáñez (Taco Pozo). "Hay que hablar, nadie quiere romper nada, pero ninguno quiere llamar primero para que no parezca que es debilidad", contaba ayer un exfuncionario pejotista.
Por otro lado, en estos momentos el diálogo es simplemente irrealizable, al menos en términos presenciales. Capitanich no está disponible (estaría en viaje de destino desconocido) y los interlocutores que habría dejado a cargo de monitorear el asunto (Raúl Bittel y Sebastián Benítez Molas) no son admitidos como tales por el bando de enfrente. "Es bajarnos el nivel", se quejan.
¿VOLVIERON?
Las versiones, obviamente, rebotan por todas las paredes del partido. La más resonante es que Capitanich habría recuperado proximidad con Gustavo Martínez, su villano favorito. Si ocurre, sería para sumar fuerzas frente a los díscolos y con la aparente intención de presentar un "acuerdo de unidad" del que serían parte ellos dos más Juan Carlos y/o Darío Bacileff Ivanoff.
Ayala y compañía, a su vez, no descartan ir a las elecciones con un frente propio. Sería el riesgo de otra división que perjudique la cosecha electoral, como sucedió en 2023 con la participación con boletas propias de Gustavo Martínez, por fuera del Frente Chaqueño.
Todo es movedizo, claro. Cuando Capitanich regrese, podría darse la cumbre que espera el grupo disidente y calmarse las aguas. Si bien hay una dificultad de base: es una elección escuálida, donde solo hay candidaturas parlamentarias para repartir. De nuevo vale aquella máxima de Deolindo Bittel: "Son muchos los diablos y poca el agua bendita".
La buena noticia para Capitanich es que su candidatura senatorial, ya en plena primavera, no está bajo discusión. Le permitirá volver al escenario nacional (excepto que ocurra una catástrofe electoral para el peronismo provincial) y desde el Congreso apuntalar la atormentada guerra de Axel Kicillof contra Cristina Kirchner. Pero, sobre todo, será un aliciente anímico. "Perder con Zdero, al que él mismo descalificaba como candidato, lo dejó muy mal", dice alguien que lleva muchos años tratándolo.
¿AVANZA?
En la UCR, el clima es diferente. Zdero ejerce una jefatura que es casi cero kilómetro, como la de cualquier nuevo gobernador que llega al poder dando un batacazo. Pasó con Capitanich en 2007 y el efecto le duró dieciséis años. De modo que el ex Zorro no tendrá grandes obstáculos para obtener boletas resueltas sin ruido y cargadas con nombres de su agrado.
La gran disyuntiva radical, sin embargo, a la que la elección de mayo también le resta tiempo de análisis, es decidir si habrá o no una alianza local con La Libertad Avanza. Si ocurre, es posible que sea a cambio de que Juntos por el Cambio le ceda espacios a LLA en las boletas para cargos nacionales, que se dirimirán en la segunda mitad del año. Pero si el acuerdo va atado a cuestiones provinciales, debería anudarse antes del cierre de alianzas de marzo. Incluso, algunos libertarios chaqueños se preguntan si la fecha elegida no tiene que ver con quitarles tiempo para la organización electoral y ubicarlos en una posición menos sólida para negociar.
La cuenta regresiva se echó a andar y, como suele suceder en estos temas, vale mucho más que el resto de las veces aquello de que cada quien atiende a su juego.
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