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Carta de lectores

Las omisiones cuasi delictuales en las obras públicas

Señor director de NORTE:

La alarmante y reiterada preocupación del amigo Ramón Vargas, los profesionales especialistas en las cuestiones territoriales, urbanas, ambientales y las organizaciones que representan, por las evidentes y crecientes muestras de deterioro de las obras de Control del Río Negro y la exasperante indiferencia de respuesta oportuna y adecuada de las áreas administrativas correspondientes me llevan, como ciudadano viejo y cansado de la improvisación, a querer "patear el hormiguero", llamando humildemente a que aprendamos de nuestros errores, ¡por favor! 

El silencio puede ser vergüenza por la imprevisión, pero la inacción puede llegar a ser catastrófica. ¿Qué pasa? ¿No hay profesionales capaces para encarar seriamente este desafío? ¿No hay en la plantilla actual de la APA? ¿No hay en la zona? ¿La Universidad del Nordeste no forma en esa especialidad? ¿Qué aporte puede hacer el Departamento de Hidráulica de la Facultad de Ingeniería? Si todas estas respuestas fueran negativas, hay que buscar urgente en la región o el país, porque lo que no podemos hacer es quedarnos quietos.

Hagamos un poco de historia: cuando crecía el Paraná, Vialidad Provincial corría a tapar el río Negro con grandes terraplenes de tierra, luego por las lluvias en la cuenca, se llenaba el río Negro, entonces corrían a sacar el terraplén, y el perezoso y lento río de llanura se convertía en torrente de descarga que erosionaba las costa altas y desmoronaba riberas a lo largo de su paso por el área metropolitana, depositándolas en su cauce…Evidentemente este circuito no tenía nada de virtuoso, y el río se hizo playo y cenagoso. Después de la permanente reincidencia en esa práctica se decidió construir un dique sobre el río Negro, a la vera de la avenida Don Orione en Barranqueras. ¿Se acuerdan del dique anterior? Se consiguieron los fondos, se preparó un proyecto para evitar el acceso del agua por la creciente del Paraná (no recuerdo que se haya indicado si hubo allí un ingeniero hidráulico responsable del proyecto y legajo ejecutivo) la empresa adjudicataria, con larga experiencia en obras civiles operó la construcción de la presa tal vez, como un edificio, movió inclusive su emplazamiento buscando zona del cauce más firme y la fundó sin considerar que estaba en un estuario de río de llanura con paleocauces superficiales. La obra, a la primera "presión de Trabajo" por crecidas, ¡colapsó! Urgentemente se agregaron bombas "que agrietaron" la presa y provocaron su rotura. El agua nos cubrió sin atenuantes…. No se conocieron que hubiera habido ingenieros hidráulicos, con suficiente experiencia en la dirección técnica de los trabajos, ni un representante técnico (responsable por la empresa) en la conducción. Faltó el indispensable "saber" de los profesionales indicados. Se rodeó el Gran Resistencia con los terraplenes de defensa, pero éramos una ciudad presa de él a merced de las inundaciones por lluvias interiores. Se decidió hacer una obra reguladora en Laguna Blanca, se hace la derivación del Negro hacia el río Salado, inversiones públicas para el canal de desvío, adecuaciones, "yapar" el puente de componentes Eiffel para poder operar "en seco" en el nuevo dique. 

Con una ráfaga de racionalidad, se contrató a un ingeniero hidráulico con experiencia para el desarrollo del proyecto y legajo ejecutivo, con una nueva administración, se llama a licitación para la construcción de la presa, el ingeniero proyectista pedía y pedía y hasta rogaba que lo contraten para vigilar los ajustes en obra al legajo preparado y controlar la rigurosidad de la ejecución en función de las probables condiciones emergentes del subsuelo "vivo" de los paleocauces, pero "para qué vamos a pagar honorarios si acá hay ingenieros"(¡!). El resultado, la UTE adjudicataria solo había construido edificios y viviendas, sus plantillas técnicas no tenían experiencia en obras hidráulicas, su representante técnico y responsable de los trabajos de construcción era solo ingeniero en construcciones y el inspector que puso la administración para que operara de director era un ingeniero vial. Antes de completar la obra ya se vieron los resultados de esta suma de impericias, imprudencias e irresponsabilidades acumuladas: ¡la obra colapsó! No teníamos dique regulador, teníamos un flan en equilibrio inestable. Había que hacer todo de nuevo. La responsabilidad empresaria en juego. La solución de la emergencia fue contratar una consultora para que estudie y recomiende una solución, ésta recomendó "anclar" la obra mediante una gran cantidad de refuerzos (+ de 700) con "jet grouting", un sistema bastante sofisticado que requiere maquinarias especiales de gran porte y personal altamente especializado, que por alta presión inyectan compuesto autoendurecedor, desplazando limo y por centrifugado construyen pilotes o columnas de alrededor de 1,60 m de diámetro, para tratar de fijar el dique al subsuelo, colocados uno al lado del otro en todo el edificio cuasi flotante… Invocando a las "fuerzas del cielo" para que el resultado soporte el paso del tiempo cumpliendo satisfactoriamente su destino. 

Paralelamente, hubo otra muestra palmaria de la acción de profesionales "no debidamente calificados por su especialidad" en la caída del puente sobre el río Salado en el cruce con la Ruta 11. Resulta que la nueva velocidad y caudal del río por las lluvias del interior que eran desviados del Negro, comenzaron a socavar levemente una base lateral del puente; se decidió descargar varias toneladas de piedra frente a las bases para evitar la erosión del torrente, pero no estudiaron el comportamiento del torrente y la debida ubicación del "montículo protector", en consecuencia el "rulo" resultante aceleró el desastre y el puente se cayó y hubo que reconstruirlo. 

Por no gastar en un director técnico con experticia suficiente, que seguramente hubiera insumido solo el 3 o 3,5 % del presupuesto de obra inicial, se tuvo que hacer nuevas erogaciones: honorarios de consultoría, contratar la empresa y personal especializado para el operativo Jet Grouting, con su enorme equipamiento, reconstruir la presa con los mayores costos emergentes, gastos de la fallida mitigación del deterioro de las bases del puente sobre El Salado, su reconstrucción, todo ello con los mayores costos provocados por los interminables alargamientos de plazos de obra y todos los inconvenientes conexos; resumiendo por ahorra un 3,5 % se gastó casi un 500 % más del presupuesto original. ¡Qué negocio nos mandamos, nosotros los "vivos"!

El resumen grotesco: toda esta triste historia, sumariamente mal contada y con deliberadamente reducida información (soy solo arquitecto) es para mostrar cómo hay omisiones que pueden ser catatróficas y hasta delictuales… desde hace más de cuarenta años se fue "borrando" de los organismos del Estado, la adecuada valoración y ponderación de la capacidad y experticia de los profesionales de las ciencias de la ingeniería (ingenieros, técnicos, agrimensores y arquitectos) en las inversiones de obras públicas.  Hoy ninguno de los tres poderes del Estado ni los Municipios tienen el indispensable escalafón técnico, que le permitiría ordenadamente administrar su plantilla y meritar las diferencias de experticia y experiencia de sus técnicos. Pese a la exigencia de la Leyes de Orden Público, tienen empleados y/o contratados a profesionales a quienes no se les ha exigido su matriculación y habilitación correspondiente, permitiendo y favoreciendo el ejercicio ilegal de las mismas, eludiendo temerariamente la consiguiente responsabilidad penal que acarrea el ejercicio profesional que además agrega un enorme plus, el riguroso Código de Ética jurado en sus Colegios.

Se hizo hace un tiempo una peligrosa costumbre, el "copie y pegue" en el Ipduv y la sustracción de hasta el proyectista en obras públicas, anulando la enorme responsabilidad profesional en un proyecto ejecutivo y reemplazando temerariamente el director de obra (que debiera ser el autor del proyecto o miembros del equipo) por un inspector. Nadie será el mayor custodio de la calidad y excelencia de la ejecución de la obra que su D.T., el inspector revisará las inversiones realizadas, su correspondencia con el plan de avance y el de certificaciones, sobre "el arte de buen construir" y la rigurosidad de cumplimiento del proyecto ejecutivo solo el director de obra. En las obras colapsadas o mal construidas –como innumerables viviendas o escuelas– no hubo participación conocida de profesionales matriculados y habilitados con las especialidades necesarias y suficientes para hacerlas correctamente, luego vimos los resultados.

Además del derecho de autor es indelegable del proyectista y director de obra, esta tarea integra su acervo y determina su valía y responsabilidad profesional, integrando su currículo acreditando experiencia y solvencia en su actividad.

¿Será necesaria una denuncia penal de incumplimiento de las leyes de orden público por los funcionarios obligados, los profesionales y los propios colegios para salvaguardar los bienes, la salubridad y la vida de nuestros conciudadanos?

LUIS GALLI

(ARQUITECTO)

RESISTENCIA 

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